Una noche para cazar a mi infiel esposa. Final
Descubrió que su esposa lo engañaba, pero lo que encontró en esa nave industrial no era solo infidelidad, sino una trampa mortal. Ahora, con el tiempo agotándose y el oxígeno escaseando, deberá usar su único talento para salvarla antes de que sea demasiado tarde.
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Capítulo X
Realmente no sé si hice bien. Aún me pregunto qué hubiera pasado si hubiese entrado en esa habitación, antes de que todos hubiesen descargado su simiente en el interior de mi esposa.
Si hubiese parado todo aquello, cuando decidí que no podía seguir viéndolo.
O cuando vi aquel muchacho acercarse a mi Gina para penetrarla.
El caso es que aguanté, que lo soporté todo, que aguanté lo inaguantable.
Que todo se había resumido a una noche.
Una noche en la que, tras varias y reiteradas pruebas de infidelidad, me decidí a acabar con ella.
Sin saber cuál era el verdadero motivo por el que mi mujer me había estado traicionando todo este tiempo.
Las largas ausencias, las continuas y peregrinas excusas…
Las marcas en su piel.
Los cambios de hábitos…
Por no hablar de sus cambios psíquicos y de costumbres.
Todo ello me había llevado a la conclusión de que mi mujer me era infiel.
Y lo único que se me había ocurrido, era acabar con su vida y con la mía.
Lo único, a lo que pude llegar a la conclusión, mientras recorría aquella carretera casi al amanecer, era lo mal que lo había gestionando todo. Durante todo este tiempo. Durante todos estos meses.
Desde que mi mujer entró a trabajar en
“Clean-Life”.
Mi vehículo devoraba los kilómetros, intentando no perder el rastro de aquel otro vehículo oscuro, tipo monovolumen grande para ocho personas, que se dirigía hacia un destino que yo no recordaba en aquel momento y que, sin embargo, me era bastante familiar.
Aquella noche había sido demasiado intensa para ponerme a relacionar lugares.
-¡No hagas nada!…-
Me decía al otro lado del móvil Henry Jones. Mientras monitoreaba mi posición, la posición de Gina, y la posición de Omar.
-Mira… Lo único que puedo necesitar de ti es que cuando acabe todo esto, utilices todas las pruebas que has podido reunir para acabar con esa gente.
Está claro que, al estar en la distancia, no has podido gestionar esta situación de la misma manera que si hubieses estado aquí.
No me cabe la menor duda de tu buen hacer, de tu capacidad, y tu efectividad.
Pero tienes que reconocer que el hecho de que estés allí, ha sido un hándicap para poder ayudarme completamente-
-No te lo voy a negar. Pero si es verdad que tengo un plan B.
Te lo dije en su momento, ese plan B, está ahí, expectante. Preparado.-
En ese instante, vi que una luz atravesaba y adelantaba ni vehículo.
Como si una especie de avión o algo luminoso, me adelantase. Era un Drone.
Cuando pensaba que me seguía, descubrí que realmente seguía al otro coche, y eso me dio lugar a pensar que ese aparato, tendría que tener su centro de origen relativamente cerca.
Y entonces, en una pequeña recta, adiviné como otro vehículo, con las luces apagadas, me seguía sin ser detectado.
-¿Quién es Henry?-
-Se llama a Katia-
-¿Envías a una mujer?-
-Sí… Envío a una mujer-
-¿Se te ha olvidado lo que son las mujeres para esta gente?-
-No se me olvida lo que son las mujeres para esta gente… Pero si te diré lo que es esta gente para esa mujer…
Víctimas-
En ese momento, y gracias a ese tono de voz, a esa tranquilidad, a esa celeridad, comprendí que quizás, ese era el mejor as que tenía Henry bajo la manga.
De repente, comprendí hacia donde íbamos.
Al polígono industrial, al lugar donde aquel mierda me llevó en aquella ocasión, para abrir la puta caja fuerte.
-Henry, vamos al polígono Industrial, donde la primera vez les abrí la caja fuerte. Donde comenzó toda la extorsión.
Donde comenzó el origen de mis problemas.-
-¿Por abrir una caja fuerte?-
-Sí, era una antigua caja fuerte, tipo de las de banco, grande, de principios de siglo. Fabricada en España.-
-¿Acaso eres experto en cajas fuertes?-
-Si-
-Siempre es bueno saber este tipo de cosas… Ya hablaremos al respecto, porque tengo algo que me gustaría consultarte al respecto si todo sale bien-
Finalmente, llegamos al polígono, y vi como aquella furgoneta oscura, se paraba justo en la puerta de la nave industrial de Omar.
El coche de Katia, me rebasó a mí, rebasó a la furgoneta oscura, y dobló la esquina de la siguiente nave industrial.
Esa acción, generó tranquilidad, porque dio la sensación de que era un coche aleatorio que había ido al polígono a trabajar.
Yo intuí que esa mujer, que había sido enviada por Henry, sabía bien lo que se hacía.
Rápidamente los vi introducir el cuerpo maniatado de Gina.
Apenas pude fijarme, pero su cuerpo estaba desnudo, tenía moretones en su piel, y lógicamente, había una parte de la historia que no había podido ver.
Henry.
Todo el plan había salido la perfección. Desgraciadamente, Gina era un daño colateral.
Una ficha en aquel juego de ajedrez, que había tenido que ser sacrificada.
Tanto ella, como su marido, habían sido peones en la consecución de las pruebas que había podido reunir finalmente contra “Blue Venezuela”.
Y aunque nadie había oído hablar de ese nombre. Tanto Lenka, como yo, llevábamos ya meses detrás de su rastro.
Y el punto más cercano, había resultado por azar del destino, Omar.
Aquel pseudo mafioso que tenía negocios con aquel individuo, y que este caso concreto, nos había brindado la oportunidad de acercarnos a él.
A su entorno, y como no, entrar en su teléfono móvil para poder reunir todas las pruebas y datos que necesitábamos para localizarlo.
Pero claro, el daño colateral, estaba sufriendo más de lo esperado, y no me apetecía tener una muerte a mis espaldas.
Lenka era el Plan B, mi socia había decidido quedarse en España para localizar conexiones con “Blue Venezuela”.
Y aquella noche, que desembocó en aquél abrupto final.
El momento en el que Gina consiguió meter aquella APK, aquel virus que daba paso a todo el contenido del teléfono de Omar, todo se aceleró.
Y, cuando Omar descubrió que esa mujer que había sufrido durante aquella noche un tormento inimaginable, se había llevado su teléfono al aseo, lo llevó a desconfiar.
Irrumpió en el cuarto de baño, descubriendo en ese instante, como Gina, manipulaba su móvil.
-¿Qué coño haces zorra?-
Gracias al teléfono de Gina, y al teléfono de Omar, que ya había sido clonado y manipulado, pude escuchar toda la conversación, y aunque activé las cámaras, ninguna podía mostrarme lo que estaba ocurriendo allí, aunque si se escuchaba.
-N… Nada…-
-¿Cómo que nada puta pendeja?-
De repente, sonó un fuerte golpe, imaginé que le había soltado un puñetazo y la había tirado el suelo. Omar agarró su teléfono, y comenzó a rastrear la interfaz, aunque eliminé el icono de la APK de rastreo, a ese individuo le dio tiempo para ver que al principio estaba y luego desapareció.
-¿Qué cojones me has metido en el teléfono maldita zorra?-
-N…Nada… Estaba curioseando en tu móvil por si tenías el vídeo de la caja fuerte, y debe haberse instalado alguna aplicación de estas de publicidad o algo-
-Si hay algo que más me toca los cojones es que la gente me tome por idiota-
En ese instante, Omar soltó el teléfono, y desde la cámara se veía en un plano contrapicado, como éste, se dirigía hacia un rincón del aseo, y luego escuchaba como golpeaba a Gina.
Un golpe, luego otro, luego otro, luego un par de patadas en su cuerpo desnudo. Hasta que, finalmente, le dio un puñetazo que la tuvo que dejar sin conocimiento, porque él volvió a acercarse a su teléfono móvil, y salió fuera de la habitación.
Imagino que esa parte del aseo, no la pudo ver su marido.
Lo que sí pudo ver, es lo mismo que he visto a partir de la grabación del bolso.
En la que Omar salía del aseo a solas, y decía a sus dos amigotes, que había que largarse de allí.
Inmediatamente, esos dos individuos entraron en el aseo, y se vio el cuerpo inconsciente y desnudo de Gina.
Que había sido maniatado y la portaban, como si fuese un saco al hombro de uno de ellos.
-Ahora, no quiero que entres. Tienes que quedarte ahí y dejar a Katia hacer…-
-¿Qué coño dices?…
Como te dije, en su momento, ya se ha ido esto demasiado. Esta vez no pienso dejar esto ni un solo instante. Está amaneciendo. Dentro de un rato, va a empezar el trasiego de vehículos, y al menos tendremos una mínima oportunidad si hay mucha gente alrededor-
-Escúchame… Esto va a acabar antes de que amanezca. Katia tiene instrucciones…
Nadie va a sobrevivir.-
Volví a activar la aplicación, ni la cámara del bolso, ni la de los móviles funcionaba. Estarían metidas en algún lugar oscuro, porque no emitía señal de vídeo, aunque sí de audio.
-No quiero dejar ningún cabo suelto. Si “Blue Venezuela” descubre el más mínimo indicio de que alguien pueda tener una sola prueba contra él, estaré perdido, al igual que toda mi familia, y mis descendientes… Todos pagaremos con la vida.-
-Ya… Con “Blue Venezuela” no se juega.-
-En absoluto-
Katia.
-Henry, estoy dentro, en la nave habían dos tipos más además de los tres que han entrado con la chica-
-Lenka, ten cuidado porque creo que este tipo ha descubierto algo.-
Lenka Kurlenko era el verdadero nombre de Katia.
-La chica ha recobrado el conocimiento, ahora han vuelto a golpearla un par de veces y ha vuelto a desvanecerse. Esos dos tipos que estaban en el interior de la nave, la han levantado de nuevo y la han introducido dentro de una caja fuerte.-
-¿Han cerrado la puerta?-
-Afirmativo, además han girado una rueda grande, imagino que será para reactivar el número de vueltas-
-¡Joder!… Si ya teníamos problemas, ahora a ver cómo coño sacamos a esta chica de ahí.
Por lo visto, su marido, abre cajas fuertes, y esa también la había abierto anteriormente.
Esperemos que pueda abrirla una segunda vez...
Tengo entendido que esas cajas fuertes son estancas. Lo que significa que tiene un tiempo determinado de oxígeno.-
-¡Joder!-
-Lenka, esto se tiene que acabar en minutos…
Esa chica no tiene oxígeno-
-Entendido Henry, pero con algo de tacto, deberías ir preparando a su marido para cuando tenga que abrir la caja-
-De acuerdo-
-Katia está dentro. Puedes estar tranquilo. Por cierto, ¿Recuerdas cuál era la clave de la caja?-
-La caja no iba por clave, iba por pasos-
-¿A Qué te refieres?-
-A que funciona girando en ambas direcciones X pasos por ejemplo tres a la derecha dos a la izquierda, uno a la derecha…
Este tipo de seguridad es más laborioso, pero más efectivo. Y más complicado de descifrar-
-Eso, imagino que se traduce en tiempo…
¿Cuánto tiempo tardaste la última vez?-
-Fue relativamente breve, pero se daban las circunstancias, había silencio, tranquilidad, podía escuchar perfectamente cada paso con el fonendoscopio.-
-¿Y en un hipotético caso de que no se diesen las condiciones adecuadas?-
-¡No me jodas!…
¿Han encerrado a Gina en la caja?-
-Bueno… Si-
-Tío, tengo que entrar ya. Esa caja da como mucho 10 minutos… Pero si tal como la veo a ella está asustada, respirará rápido y de manera agitada. Lo que reduce sus posibilidades en siete u ocho minutos…
Si hay ruido, golpes y cosas así, no podré escuchar los pasos de la rueda. Y menos sin tener el fonendo…-
-Espera… Dame diez segundos-
-Lenka… Operación elefante en cacharrería-
-Ya hay uno fuera de combate.-
Henry me contó esa última parte, al parecer, Katia había entrado y había eliminado a uno de los secuaces de Omar. Pero aún quedaban cuatro individuos. Al parecer, habían dejado a Gina abajo, en la caja fuerte, y ellos estaban arriba pensando en qué hacer.
Yo no podía esperar, de manera que, salí del coche y comencé a buscar por dónde había podido entrar aquella mujer. Hasta que vi una de las ventanas de la nave abierta.
Una vez dentro, me deslicé hasta llegar a aquella antigua e imponente caja fuerte.
Arriba escuchaba golpes, gritos, imaginaba que, en aquellas oficinas, se estaba librando una auténtica batalla. Aunque la verdad es que no lo comprendía, porque aquella guerra estaba muy desequilibrada, era una mujer contra al menos cinco tipos. Pero yo no podía pensar en nada, tenía que dejar mi mente completamente abstraída de todo, y aunque no tuviese las condiciones adecuadas, necesitaba concentrarme en el sonido de aquellos pasos.
Acerqué mi oído cerca de la rueda, comencé a girarla a izquierda, di una vuelta entera y no hacía absolutamente nada, de manera que la giré a la derecha, y allí al quinto paso, escuché un clic. Era muy leve, casi imperceptible. Sabía que me iba a costar muchísimo trabajo.
El quinto paso a la derecha. Ahora comencé a girar hacia la izquierda muy lentamente, llevaba seis clips y no escuchaba absolutamente nada. De repente, el sonido de una cristalera reventando y un tipo cayendo desde una planta hasta el
suelo.
El golpe fue mortal, porque cayó con la cabeza contra el suelo destrozándola. Yo quedé completamente en shock, escuchaba voces masculinas, escuchaba golpes, gritos...
De repente, también alguna voz femenina, imaginaba que ella también estaba recibiendo.
Pero necesitaba concentrarme, sabía que habían pasado tres minutos desde que empecé a escuchar el clip, mi esposa no tenía mucho más tiempo.
Necesitaba mi cerebro completamente activo. Iba por el sexto clic a la izquierda, de nuevo un clic, el séptimo, y no sonó, un nuevo clic el octavo y ese tuvo un sonido más duro, como si el engranaje fuese más grande.
Ya tenía dos pasos, cinco a la derecha ocho a la izquierda…
Esperé el momento en el que se escuchasen menos gritos y comencé nuevamente a la derecha. Los clics iban pasando.
Tercer clic, cuarto clic…
Estos iban pasando y se iba cerrando el círculo. Temía que, con el sonido de los golpes, llegase al décimo y no hubiese encontrado el paso correcto.
Entonces tendría que volver a reiniciar. Y mi mujer no tendría posibilidades. De repente, en el noveno clic sonó de manera distinta.
Ese genuino y característico sonido que diferenciaba un paso de otro fue el que me llevó a comprender que el tercer paso se activaba en el noveno clic. Solo pedía que, en el último clic, no me equivocase. De manera que respiré hondo, intenté relajarme. Pero de repente escuché como Omar bajaba de manera abrupta las escaleras, no sabía si era huyendo, o con la intención de atacarme. Cuando este me vio en la puerta de la caja fuerte, completamente enfurecido, se lanzó hacia mí.
Verdaderamente se veía bastante magullado. Imaginaba que arriba debía haberse librado una auténtica batalla campal. Y eso, quizás a mí me daba alguna ventaja.
El cuarto paso, tendría que esperar unos instantes.
Y como si descargara en aquella acción, toda la rabia, toda la ira, todo el desprecio, al que había sido sometido, toda la frustración que me había generado toda aquella situación. Me lancé hacia aquel individuo, pensando que quizás Katia estaba fuera de combate.
Y aunque aquel individuo no lo esperaba, me lancé con toda la furia, comenzando por un duro y contundente cabezazo en su cara.
De repente, perdió el equilibrio y cayó al suelo, y yo comencé a dar golpes y golpes en su cara. Y sin parar de golpearlo, continuaba desatando toda mi ira, y toda mi rabia sobre aquel hombre, sobre aquel maldito hijo de perra que había convertido mi vida en un auténtico infierno.
No había pasado ni un minuto y tenía las manos absolutamente destrozadas de golpearlo. Y aquel hombre tenía la cara completamente desfigurada. Un charco de sangre, borbotones de esta, impedían a ese hombre respirar, al estar boca arriba, pero a mí me consolaba aquél hecho...
Sabía que se estaba ahogando, y lo agradecía.
De repente, Katia se asomó por las escaleras y me dijo.
-Vamos hombre… Sigue con la caja joder-
Mi ira, me había hecho olvidar por completo a Gina.
Katia bajaba por las escaleras de cuatro en cuatro.
De repente, descubrí una mujer alta, rubia, de pelo corto y muy, pero que muy guapa. Iba de negro militar y siendo tan bella, tenía claros síntomas de haber mantenido una pelea.
Ella, pasó cerca de Omar y viendo como se ahogaba entre su propia sangre, pasó de largo, como si no le importase absolutamente nada.
-Vamos... ¿A que esperas?-
De repente, me quedé paralizado. Katia me miraba sin comprender que ocurría.
-No sé Henry... De repente se ha quedado paralizado...
Se está mirando las manos...
¡Joder... No!-
Miraba mis manos...
Estaban completamente destrozadas... Insensibilizadas. Inservibles.
-No sé Henry... No se me ocurre que podemos hacer...
¡Eso!... ¡Si!... ¡Eso podría servir!-
No podía pensar, no sabía lo que hablaban entre ellos...
Katia se acercó a la rueda para girarla.
Y lo comprendí. Me serené y le hablé.
-Katia... Este oficio se compone de oído y suavidad en los movimientos. Yo acercaré el oído a la puerta y tú, giras de paso en paso. Cuando te diga que pares, lo haces inmediatamente, sin dar ni un giro mas.-
Katia me miraba. Era extraño, no dudó ni un instante... Quizás, de alguna manera, me estaba dando una lección, un ejemplo de como alguien, ante la adversidad, se podía crecer y dar lo mejor de sí.
Y quizás, eso me dio la suficiente confianza para afrontar el último paso de manera positiva.
-¿Lista?-
-Siempre-
-Comienza.-
Katia, giraba muy despacio, un clic, dos, tres...
-¡Para!-
Katia se detuvo.
-Sigue asi.-
Al cuarto clic, volví a detenerla.
-¡Este es!-
Ella se detuvo y me miró.
-Gira la palanca.-
Al hacerlo, Se escuchó un sonido hueco y roto, como un “crock” que me resultaba tan familiar, como liberador.
Al tirar de la palanca hacia afuera, la puerta se abrió, y Gina, aún continuaba inconsciente.
Había sido una auténtica suerte para nosotros, porque al haber estado inconsciente tantos minutos, había gestionado el oxígeno involuntariamente, de forma que no había consumido demasiado.
Rápidamente me dirigí hacia ella, y agarré su precioso cuerpo magullado, y la saqué de aquella caja. Comencé a hablarle, acariciando sus mejillas.
-Gina… Gina… Amor mío…
Ya estás a salvo…
Despierta por favor…-
Katia permanecía observando la escena, aun sujetando la palanca de aquella puerta.
De alguna manera, era como si no quisiese soltar aquella palanca, como si fuese una especie de amuleto.
Consiguió abrir la palanca…
Ahora podría conseguir que despertase.
Entonces, mi esposa, abrió lentamente los ojos, y me miró. Me miró con temor, con dolor, pero sobre todo, con miedo, mucho miedo.
La cogí en brazos, y los dos miramos aquel individuo, que yacía en el suelo, sin vida, ahogado en sus propios fluidos.
-Escuchadme. Quiero que salgáis de aquí. Aún es temprano y no creo que haya movimiento en el polígono-
-Pero… ¿Y esta gente?-
-Créeme… Nadie los va a echar de menos.
Nadie va a preguntar dónde están…
La única persona que puede saber dónde está o qué les ha sucedido, no va a llamar a la policía ni va a hacer nada que pueda perjudicarle.-
-¿Y… Harun?-
-No te preocupes por él. Para ese individuo ya tenemos un final aún más poético.
Pero si os puedo garantizar, que nadie más os va a molestar.
Por cierto…
Si te fijas bien, dentro de esta caja había un pequeño maletín que vaciaron y ahora han llenado con otra cosa. Quiero que te lleves el maletín, y considera que el interior, ahora es de tu propiedad. Y puedes hacer con él lo que te dé la gana.-
Agarré aquel pequeño Maletin y lo abrí. Estaba repleto de fajos de billetes de 50 €.
-Pero… Aquí hay muchísimo dinero…-
-Sí, pueden haber 2 millones de euros…
Esos euros, los han ganado de manera sucia y turbia.
De alguna manera, utilizando a tu mujer para sus fines. Por lo que ya no habrá nadie que pueda reclamarlo, y al ser ella la que con tanto esfuerzo, trabajo para conseguirlo, considero que ella es la principal beneficiaria.-
Ni siquiera lo pensé, ni siquiera lo dudé, agarré el maletín, y salí junto con Gina que, liberada de sus ataduras, y recuperada, ya podía moverse.
La luz del amanecer, iluminaba todo aquel polígono, todas aquellas naves con aquel gris triste de cemento, quedaban atrás, mientras mi mujer y yo, nos alejábamos de aquel lugar.
Dos días después, habíamos empacado todo, habíamos anulado el contrato de alquiler, y viajábamos en avión con destino a las Baleares. Allí emprenderíamos una nueva vida. Allí nos daríamos una nueva oportunidad.
Gina montó una asesoría de empresas.
Era un pequeño local, un lugar donde prestaba asesoramiento técnico y marketing empresarial.
Habían pasado cuatro meses, y mi mujer, que en aquel transcurso tuvo que volver a adaptarse a su nueva vida, volvía a sonreír.
Y yo, la recogía a diario a su oficina.
Un día, de repente me habló mi teléfono.
Cuando miré la pantalla, no pude evitar sonreír. Porque, para empezar, ellos me dijeron que no contactase mediante ningún número. Que simplemente hablase al teléfono. Y si ellos veían que era lo suficientemente importante, contactarían conmigo.
-¡Hey!
¿Qué tal Henry?-
-Hola… Aquí estamos intentando acabar un episodio que tenemos bastante encallado.
Recuerdo que me dijiste que sabías abrir cajas fuertes…
¿Me equivoco?-
De repente, un tono de preocupación inundó mis semblante.
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