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El Conserje 9

Pedro no es solo el conserje que arregla las llaves; es el ojo que todo lo ve desde las sombras del aire acondicionado. Cuando el calor se vuelve insoportable, no es por la tormenta, sino por lo que él ha encendido entre sábanas y secretos. Esta noche, el edificio entero se desnudará, y Pedro será el único que controle el juego.

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Capítulo 8

El día había amanecido lluvioso, caía una tormenta de dos pares de cojones. La gente se refugiaba en la entrada el edificio, desde allí pedían un taxi o alguna solución al chaparrón que caía. Había una señora que se refugió entre la multitud, esperando que amainara un poco.

Me fije bien en ella, más o menos tenías mi edad, era guapa de cojones, ojos grandes y tenía buen tipo. Con su culo respingón se la veía impaciente, nerviosa, como si fuera alguien que tenía prisa, pero la lluvia la retenía. Me dirigí hacia ella, la llamé y la aparte de la multitud.

- Buenas, para decir buenas, ja, ja, ja... porque con la que está cayendo.

- No me hable ¡uf! Encima voy con prisa y me ha pillado de sopetón.

- Sí quiere le presto un paraguas.

- Se lo agradecería, le prometo devolverlo.

Fui a buscar el paraguas.

- Tenga, es grande, aunque dudo que le sirva de mucho.

- Mientras no me caigan los goterones en la cabeza, ja, ja, ja…

- No se preocupe lléveselo. Me llamó Pedro.

- Yo Rocío, a ver si llego a la hora, hasta luego Pedro.

- Hasta Luego.

Esta mujer no era de aquí, seguro que había venido hacer algún encargo. Me sorprendió su belleza.

Bajó Carmen, al ver la que estaba cayendo, se desesperó un poco.

- Buenos días Pedro, estoy esperando unos paquetes, dudo que me los dejen con este tiempo.

- Tampoco durara mucho, estas tormentas de verano son así, aparecen y desaparecen.

- ¿Tú crees? En la tele decían ha entrado una gota fría

Se paró una furgoneta, en el mismo portal, llevaba los muebles de Carmen. Desde que su marido la dejo en un apartamento chico, ya que habían comprado una casa en el campo, ella aún estaba de trasiego. El conductor nos avisó que estaba solo, el compañero que le ayudaba se había dado un traspié repartiendo. Nos dijo si alguien le podía ayudar. Me ofrecí a ello.

Aparte de mojarme, le ayudé en el traslado. Subimos los paquetes.

- ¡Ostia! Los llevan desmontados, mire que les dije que los quería ya para colocarlos.

- Es normal, esos muebles de Ikea vienen así.

- ¡Joder! ¿No sabrás a nadie para que me ayude? de tornillos no entiendo nada.

- Bueno, yo la puedo ayudar y si no, está Jeremías.

- Te daré una buena propina Pedro, ayúdame tú.

- Vale, pero quedamos a la una, así no dejo la conserjería sin nadie.

- Vale, te espero a la una.

Nos despedimos. Por la radio decían que era una gota fría, que caería agua a punta pala. Bajó Lupe, quería ir de compras aunque viendo el tiempo no se atrevía.

- Vaya Pedro, yo que te quería preparar un buen pescado para la comida, para ir al mercado ahora.

- Tranquila Lupe. Por cierto vendré tarde o quizás no venga, he de montar unos muebles para una inquilina.

- ¡Oh Pedro! No me digas que no vendrás, te esperaremos.

- Bueno, pero si veis que no vengo empezad vosotras.

- ¡Oh Pedro! Tú sabes que yo te quiero, te amo, quiero cuidar de ti, si no me muero.

- Bien, es bueno ser querido. Por cierto; Luna, me ha invitado a unos cursos que hace de meditación. Me gustaría que tú y María Jesús vinierais conmigo. Es aquí en el mismo edificio.

- ¿Meditación, eso que es?

- Uno medita sobre sí mismo, creo, no lo sé, pero resulta que nos desnudamos nos pone una túnica y pensamos en nuestros problemas, algo así, no sé muy bien de lo que va, pero a Luna, la he visto crecer. Va, veníos con María Jesús, os invito yo.

- Vale, va, ahora se lo digo a María Jesús. Haré pollo y macarrones, va te esperamos, sea la hora que sea.

- Vale, vendré, sea la hora que sea.

- ¡Bien! Me voy pues.

- Adiós Lupe.

Llamé a luna para hacerle el encargo. Se puso su madre, me pasó al teléfono para que se pusiera.

- Dime Pedro.

- Mira que seremos dos más para el curso de meditación, ya he recogido los cien euros de cada una.

- ¡Joder qué bien! ¿Seguro que vienen?

- Sí además viven en el edificio.

- Perfecto, menos mal, yo creía que no habría nadie, todo el mundo ha cancelado, con el tiempo así. Bueno ¿Cómo se llaman? Me tendrás que decir tú los nombres, ja, ja, ja, casi todos son reservas tuyas ¡Te quiero Pedro!

- Bueno, por mi parte tienes: Ingrid, Macarena, María Jesús, Lupe y Yo.

- Luego esta mi madre, mi novio aún no está aquí, Clarisa y Bea, bueno al menos seremos un grupo ¡Gracias a ti, eh! Ja, ja, ja…

Su ritmo era endiablado, me gustaba esta muchacha, para ella todo era positivo.

La verdad es que llovía como pocas veces había visto. Hi parecía que no paraba. A la una me fui al piso de Carmen ayudarle a montar los muebles.

Cuando llegue ella estaba preciosa. Llevaba puesto unas mallas muy ajustadas, y una camiseta con tirantes que dejaban entrever por las aberturas laterales sus pechos. Me recibió muy cariñosamente y me ofreció una cerveza, la cual acepté.

- Comparas muebles y lo que te traen, vienen desmontados ¡Uf!

- Tranquila Carmen, ahora los muebles vienen así, de todas formas es poco el tiempo que me ocupan, en media hora los tendremos listos.

- ¡Que calor hace! Tengo instalado el aire acondicionado, pero no funciona, y con esta humedad que cae es más insoportable el calor.

- ¿No funciona el aire? – Ella no sabía que lo había manipulado yo.

- No, no funciona nada, he llamado a la agencia que me solucionen esto, pero hoy lloviendo no creo que vengan.

- Ahora lo miraremos. Me permites que me saque la bata de trabajo, así estaré más cómodo, este calor que hace aquí me agobia.

- Claro Pedro, este calor es insoportable, esto ni se pregunta.

Me saque la bata de trabajo y lucí mi camiseta de tiras y un bóxer debajo, ajustado. Me puse a desenvolver los muebles. Eran simples, una cajonera de habitación y una estantería para el salón. Carmen vino con la cerveza. Cuando me vio con la camiseta a tiras y el bóxer casi le da un susto.

- ¡Vaya Pedro! ¡Quien lo tendría que decir!

- ¿El qué? Carmen.

- Lo cachas que estás.

- Si lo desea me vuelvo a tapar.

- Que va Pedro, no me molesta nada, lo único como siempre te veo en bata de trabajo me sorprende lo cachas que estas.

Estuve montando la estantería; cuando terminé, se la coloqué donde ella quería.

- Aquí, ves mi biblioteca, así queda perfecta.

- Ahora vamos a por la cajonera, es un poco más complicada, pero en quince minutos la tendremos montada ¿Dónde la quiere?

- Aquí, en la habitación, ya sé que están los armarios empotrados pero esto me ira bien para ropa.

Le monte la cajonera. Mientras no sacaba ojo de mi pene, que encima se me puso morcillón y el paquete me llegaba a media pierna. Me la recoloqué ante su mirada. Estaba hipnotizada, no le sacaba mirada a mi paquete.

- Disculpa Carmen, es que si no me la recoloco parece un escándalo ¡Maldito pene!

- Tranquilo Pedro, pero hay que ver que polla tienes, ja, ja, ja...

- Es más complicado de lo que parece, mejor me rio…

- No deben faltarte amantes, ja, ja, ja…

- Pues no, las mujeres se asustan de mí por el tamaño.

- Va, no me lo creo, se te ve grande, peor no es monstruosa, además con lo cachas que estas, seguro que amantes no te faltan.

- Pues no, la verdad que no entiendo en cosas del amor, no ve que estoy solo, además ya me he acostumbrado a ello, así vivo bien. Vamos a ver si arreglamos lo del aire acondicionado.

- A ver si consigues arreglarlo, le doy al mando y parece que me da solo calor.

- ¡Joder! Lo que está expulsando es calor, por eso hace tanto calor.

Hice un paripé para comprobar el aire. Vi que tenía la micro-cámara de video bien puesta. Me expuse bien ante ella, subido a una escalera ella me la sujetaba, y yo le paseaba mi rabo cerca de su cara. Saque la tapa del aire y le dije que la guardara.

- Carmen, voy a ir a la conserjería a buscar un manguito.

- ¡Ah! Vale.

Cuando llegue me fui directamente a las cámaras del piso de Carmen. Estaba nerviosa, se movía de un lado para otro, además se tocaba el coño y los pechos. La había puesto caliente. Subí con el manguito, he hice ver que lo colocaba en algún lugar. Su mirada no se apartaba de mi paquete.

- Carmen, pásame la tapa del aire.

- Sí, sí, aquí…

- Lo cogí, la puse, y le dije que conectara el aire.

Al ver que salía frio, se alegró.

- Vaya, lo has arreglado.

- Así es, era un manguito que estaba averiado.

- Menos mal, Pedro, no sé cómo agradecérselo.

Me baje de la escalera, ella sujetándome y al igual que con María Jesús, hice un traspié para caerme sobre ella, pero esta vez arrimado a su coño.

No mediamos palabra, y nuestras bocas se encontraron. Mi polla apretaba fuerte su entrepierna, fui desnudándola. Aparecieron sus pechos suculentos, vaya pezones se marca la tía, pensé. Jamás había visto unos pezones con una areola tan grande, eran duros, firmes y largos, mirando al cielo.

El mismo cielo al ver su figura, estrecha de cintura y un culo, que para que decir, era la gloria bendita. Ya desnuda, me sorprendió:

- Te puedo pedir un favor Pedro.

- Dime

- Déjame ver tu polla, tocarla, es la primera vez que veo una de este tamaño.

- Por supuesto.- Me quité rápido el bóxer

- ¡Dios! Qué bonita es, que tacto; y estos huevos son grandes.

Tumbado en el suelo, ella se miraba mi pene, lo observaba, a la vez que me lo tocaba y lo palpaba, con suavidad, mucha suavidad.

- ¿Sabes Pedro?

- No, dime.

- Nunca había visto antes una polla así de grande ¡Es enorme!

- Lo principal, es que ya puestos, te guste…

- ¿Cómo no me va a gustar?.- Sus caricias se hacían más prolongadas

- Me alegro que te guste.

- Mira, la agarro con las dos manos y aún me sobra ¿Sabes?... Me tienes caliente, empiezo a mojarme.

Rápido me di la vuelta en un sesentainueve, dispuesto a comerme todas las humedades que de su coño salían. Ella suspiró, a la vez que se iba introduciendo mi rabo en su boca. Empezamos a comernos mutuamente y empezaron los primeros gemidos y jadeos.

Fui recorriendo, haciendo un camino de besos hasta sus pechos, luego a su boca, y después la olía, era un perfume agradable, de hembra en celo, me puse a decirle cosas al oído, en voz baja, tenue:

- Eres la mujer que más buena y mejor está en el edificio, es para mí un honor follarte.

- ¡Oh, sí, sí! Fóllame Pedro.

- Tienes el coño muy estrecho, pero con dedicación y paciencia la vamos a meter toda.

- Sí, sí, despacio, la quiero toda dentro, estoy completamente mojada y lubricada.

Le tenía media polla metida, era estrecha, más de lo que me hubiera imaginado; de golpe me abrace a ella y le di la vuelta. Ahora estaba entada sobre mí. Hice que se deslizara poco a poco mi rabo dentro, hasta que chocaron los huevos en el culo. Ella se quedó quieta, se la veía feliz, como el que consigue algo con deseo.

Poco a poco empecé hacerla botar. Mis huevos chapoteaban las humedades que salían de su entrepierna, aplastados por el ojete de su culo, ella empezó a gemir, llorar, me agarraba fuerte, casi con dolor. ¡Qué tetas tenia! ¡Madre mía! Espectaculares. Me recree con ellas. Se corrió. Su orgasmo lo acompañó con un chillido y se puso a llorar. No sé si por haberse corrido, muchas mujeres lo hacen, o por el arrepentimiento de haberle puesto los cuernos a su marido.

Sin darle más tiempo al remordimiento, por si acaso, la puse en cuatro, abrazándola fuerte, desde atrás; aún no había sacado mi pito de dentro de su coño, empecé a darle fuerte, a follar a toda pastilla, eléctricamente. Le sobaba los pechos ¡Que delicia! Se corrió de nuevo, ahora con espasmos fuertes, y su coño no dejaba de emanar humedades. El capoteo de mis huevos era tremendo. Parecía una fuente en primavera.

Sin sacarle el rabo de dentro la giré, ahora yo estaba sentado en el suelo y ella sentada sobre mi polla, abrazados los dos, no parábamos ahora de darnos móreos. Mi follada era arrítmica, mi pito daba vueltas circunferenciales dentro de su coño, me miró:

- Pedro ¡Que placer me das! ¿Sabes?

- Dime

- Con Manolo nunca me he corrido, nunca ¡Ah, ah, ah! es la primera vez que tengo un orgasmo.

- No tienes un vibrador, un satisfayer de esos…

- No, no me masturbo, desconocía lo que es un orgasmo, sí, sí, sí, ah, ah...

- Caray

- ¿Puedo pedirte una cosa? Huao, huao, ah, ah, sí, sí…

- Dime

- Puedes correrte dentro de mí, quiero notar la leche en mis entrañas, ah, ha, ah…Huao…

Sí antes le metí un polvo eléctrico, este de ahora era atómico. Le di fuerte hasta que me vacíe dentro de ella. Sus chillidos llegaron a estar a la altura de sus llantos, lloraba, me abrazaba y sonreía a la vez. Despacio fui sacándole el rabo de dentro. Se quedó tendida en el suelo, espatarrada, unos regalones de mi corrida, salan de sus adentros.

- Mira, Manolo tiene un micro pene, su semen es apto, pero no hay maneras que me quede preñada. Yo lo amo, por ser como es, me adora, es complaciente conmigo en todo y aunque buscamos tener un hijo, no hay manera.

- ¿Quieres que yo te preñe?

- Sería estupendo. Mira nosotros probamos con su mini polla, hacerlo como nos dijo el médico, si no tendremos que hacerlo in vitro. No sé qué me ha pasado contigo, pero te agradecería que me embaraces. No sé porque te cuento esto, se me hace embarazoso…

- No te preocupes, lo intentaré, y seguro no te faltan polvos, perdona que te lo diga, pero estas buenísima.

- Que galante eres Pedro. De todas maneras no le diga nada a Manolo, haremos ver que me preño el, en una de esas posturas que le medico nos aconsejó.

- Por curiosidad ¿Qué postura son?

- Mira, es a lo perrito, mis pechos tocando la cama, abierta de piernas, muy abiertas y poniendo el culo alzado.

- A, ver, vamos a probarlo…

- Sí, sí, Pedro, me has dado mucho placer, como te he dicho antes, no sabía lo que era un orgasmo, vamos a probarlo. Préñame.

Dicho y hecho. Lo que no sabía ella, era que en aquella posición tenía el culo a mi entera disposición. No sé qué me dio, pero la nalguee, además fuerte, le di dos machas en el culo que enseguida sonrojaron. Ella se quedó inmóvil, pero no terció palabra. Le abrí con ambas manos la almeja donde antes me había corrido y la bese. Lametones en el culo y en la vagina, iba intercambiando, hasta que le pillé el clítoris y lo hice silbar. Se corrió.

Su culo era una tentación grande, que invitaba a darle caña fuerte en aquel orificio. Apunte mi capullo en él, con sumo cuidado se metió dentro, ella gimió.

- ¡Por dios, por aquí no! nunca me han petado el culo, la tienes muy grane para que quepa todo este cacho verga que tienes, además por ahí no va a preñarme.

- Tranquila Carmen, verás cómo te gusta, despacio…, ya después te follare la vagina para dejar ahí mi simiente.

- ¡Por dios, me lo vas a romper!

- Hoy te vas a ir bien follada por todos tus agujeros déjame a mí.

Se hizo eterno fui metiéndosela tan despacio a la vez que escuchaba sus quejas, suplicas al principio, para reconvertirlas en jadeos de placer. Se corrió y se meo. Fui cauteloso en sacársela, despacio, todo lo hice con la máxima suavidad. Quería moverse, pero no la deje. Agarré un trapo que había tirado y me sequé los restos de mierda que salieron de allí, también la limpie a ella. Inmóvil, fui acercando mi pene a su vagina, jugué un rato con el clítoris y con las humedades que salían del coño. Se la metí entera, hasta os huevos y me quedé quieto.

- ¡Por dios Pedro! Ni en sueños me había imaginado lo que me haces, ah, ah…

- Ahora, quiero que te muevas tú. Lleva e ritmo de la follada, fóllame.

- Sí, sí, sí, ah, ah, huao, huao, ah, ah, ah…

- Así, princesa, vas a ser una putilla buena, muévete así.

- ¡Huao, ah, ah, ah! Me gusta que me llames putilla, sí, sí, fóllate a esta puta, préñame, ah, ah, huao, ah…

- Vas a ser mi putilla ¿Eh, cacho zorra?

- Sí, sí, sí, sí…

- Pues toma mi leche

- ¡Ahhhhhh, sí, sí, sí!

Me corrí en el coño de Carmen.

La incorpore, si sacarle el rabo, aunque ya más flácido, me agarre a sus tetas y busque su boca. Fui tierno, le susurre palabras de pasión y ternura a sus oídos. Ella desfallecida; en aquel momento supe que podía hacer lo que quisiera con ella. Fui tierno. Me levanté y empecé a vestirme.

- Por favor Pedro, no le digas nada a Manolo.

- Ni a Manolo, ni a nadie, ante todo soy discreto.

- ¡Dios mío! que placer me has dado Pedro.

- Tendremos que recuperar todos los polvos que no has echado en la vida ¡el placer que te has perdido! pero lo entiendo, el amor que tienes a Manolo es grande, y yo lo respeto, me gustara darle un hijo, no lo dudes.

- Gracias Pedro, gracias, gracias, te compensare por ello, te lo juro.

- No hace falta que me recompenses y a partir de ahora, sabiendo el placer que te causa un orgasmo, me tendrás siempre que lo desees. Por cierto, esta noche una inquilina, Luna, hace un curso de “meditación” yo y varios vecinos asistiremos, habrá ambiente ¿Quieres apuntarte?

- ¿Meditación? ¿Eso qué es?

- Ja, ja, ja… no lo sé, pero Luna la vi crecer en el edifico, seguro que nos lo pasamos bien, va apúntate, solo vale cien euros el curso y es vecina tuya.

- Bueno, ahora no sabría decirte que no a nada, ja, ja, ja…

- Pues apuntada, a las nueve empezamos.

- Vale ¿Es la vecina de al lado?

- Sí, la misma.

- A las nueve estaré allí, me cae bien esta muchacha y entre vecinos pues hay que ayudarse, ja, ja, ja…

Abandone el piso de Carmen. Eran ya las tres pasadas, quizás no me esperan para comer Lupe y María Jesús, me fui a su piso directamente.

Me abrió María Jesús.

- Hoy nos harás comer tarde, ja, ja, ja…

- Muchos muebles, he montado.

- Ya, anda que tú no la sabes larga, ja,ja, ja…

- Voy a darme una ducha ¿Puedo?

- Claro que puedes, como si estuvieras en tu casa, ja, ja, ja… pero te enjabono yo.

- Y yo también.- Dijo Lupe

Los tres nos metimos en la ducha, me enjabonaron bien, haciendo hincapié en mi polla. Yo la verdad es que no tenía ahora ganas de sexo, venia de meterme un revolcón con Carmen y necesitaba recuperar. Ellas lo entendieron y nos dispusimos a comer. Comí ligero y les recordé que hoy las quería ver a las nueve menos cuarto para asistir al curso de “Meditación”

- Pero eso ¿Qué es Pedro?- Me dijo María Jesús.

- Pus como te ha contado Lupe. Vamos a ir, nos despelotamos, nos pone una túnica y meditamos sobre los problemas que tiene uno en la vida, algo así. Yo tampoco sé muy bien de lo que va, pero se trata de Luna, una chica que vi crecer en el edificio y ahora ha montado esto.

- Ja, ja, ja, me suena a bacanal, ja, ja, ja…

- ¿No será que te quieres tirar a esa Luna?- Dijo Lupe

- Es muy joven, pero ¿Quién sabe?

- Ja, ja, ja… Pillín, no la sabes tú larga.

- Por cierto mañana a las nueve también tenéis masaje, visita con la fisioterapeuta y masaje.

- ¡Qué bien! Pero los masajes que añoramos son los de tu polla.

Entre risas y buen rollo, me fui a la conserjería. Continuaba lloviendo a mares, no eran gotas, eran goterones. No había ya nadie en la entrada. Llame a Luna.

- Hola Luna.

- Hola Pedro ¿No me digas que no va a venir nadie?

- Al revés, una más, tu vecina Carmen, se lo he comentado y se ha apuntado.

- ¡Bien! Haremos u grupo súper guay ¡Que ilusión! Gracias a ti, je, je, je… Como no está mi novio, tú vas a ser el coordinador, verás cómo te gusta, vas a ser mi pareja. Porque; hay un ejercicio donde nos debemos compenetrar, son energías, muy bien ¡Que ilusión!

- Bueno, lo que tú digas se hará. No que no veo claro es que tengamos que desnudarnos.

- No me seas carca Pedro, pues claro que nos debemos desnudar, aunque después nos ponemos una túnica blanca, es para que las energías, deben ser positivas todas, la música emerge como una fuente de inspiración, verás cómo te gusta.

- Vale, vale, yo no digo nada, tú eres la guía, si nos tenemos que desnudar, pues eso, nos desnudamos.

- Va, Pedro, os espero a las nueve, ya estoy preparando la escena, je, je, je…

Hasta me habían entrado ganas de saber esto de que va veremos a ver. Puse la radio para ver que decían del tiempo. Llego Fina del hospital. Iba chorreando.

- No veas, no veas, la que está cayendo, solo de bajar del taxi, mira cómo voy.

- Si y no para la lluvia, se ve que es una gota fría, por la radio dicen que hay carreteras cortadas y todo.

- Pues vaya panorama tenemos.

- Bueno por hoy ya has terminado de trabajar, ahora en casa podrás reconfortarte.

- Sí eso espero, cogeré un libro y la lectura hasta la cena y cama ¿Qué se puede hacer?

- Oye, hoy a las nueve voy a un curso de “Meditación” vamos con Lupe, María Jesús… quieres venir, es aquí mismo en el edificio.

- Un curso de “Meditación” ¿Eso qué es?

- La verdad que no sé muy bien de lo que se trata, solo sé que nos desnudamos, nos ponen una túnica blanca, música y a meditar, lo hace Luna, la he visto crecer en el edificio. Va anímate y ven, empezamos a las nueve.

- ¿Es gratis?

- Vale cien euros el curso.

- ¿Dices que viene Lupe y María Jesús?

- Sí, también estará Ingrid, vamos todos.

- Pues me has convencido, no tengo ganas de estar sola en casa ¿Qué tengo que hacer?

- Nada, yo me ocupo de llamar a Luna, ligera de ropa y ya está.

- Ja, ja, ja, esto me huele a bacanal, ja, ja, ja…

- No sé, quizás a lo mejor es algo serio, no sé.

- Vale, apúntame, ¿A las nueve?

- Sí en el tercero “B”

- Pues bien, nos veremos ahí.

- No te olvides de los cien euros, ja, ja, ja…

Volví llamar a Luna.

- Dime Pedro

- Vamos a ser una más, Fina, es médico y vive en el edificio, ya la conoces.

- Fina, claro que la conozco, a mi madre le encantara esa doctora, es su médica preferida, ja, ja, ja…

- Pues ya sabes, una más.

- Vale, je, je, je… te has ganado una comisión, je, je, je…

- Hasta luego Luna.

- Hasta luego Pedro.

Pasó el resto de la tarde tranquilo en la conserjería, me dedique a ver las cámaras que tenía colocadas. Pilar estaba nerviosa no paraba de leer, levantarse, volví a la lectura, se volvía a levantar. Mire la cámara de Isabel, estaba con los niños haciendo lo mismo, leía, se levantaba y se me ocurrió invitarla al curso de meditación. La llamé.

- Hola Isabel ¿Estás muy ocupada?

- Que vas, aquí con los niños y poca cosa más.

- Oye, me gustaría que vinieras al curso de “Meditación” tu suegra puede ocuparse de los niños. Habrá poca gente, va anímate, es en el mismo edifico, los hace Luna, a la pobre la vi crecer en la comunidad, y con tanta lluvia será tranquilo.

- Bueno, no tengo nada que hacer. Mi suegra se puede ocupar de los niños, así estará distraída. Que tengo que llevar, no sé muy bien de que va esto.

- Yo tampoco, ja, ja, ja, solo sé que nos desnudamos, nos pone una túnica y meditamos con música, ja, ja, ja…

- Y ¿Cuánto vale?

- Mira el curso vale cien euros, pero si vienes te invito yo.

- Que va, no quiero que me invites, a más para verte desnudo, pago, ja, ja, ja…

- Va, pues anímate a las nueve en el tercero “B”

- Vale, ja, ja, ja… esto me suena a bacanal, ja, ja, ja…

- Va, te apunto, ahora llamo a Luna para hacer la reserva.

- Va, hasta luego Pedro.

- Hasta luego Isabel.

Llamé a Luna otra vez.

- Hola Luna.

- Otra vez tú, ja, ja, ja…

- Sí, para hacerte una reserva más.

- ¡Joder! Ja, ja, ja, está teniendo éxito esto de la meditación, mi madre se alegrará y a mi padre le callaré la boca, el que decía que esto era de jipis, ja, ja, ja…

- Mira es Isabel, es fisioterapeuta en el hospital, es la nuera de Pilar, la que hace masajes y vive ahora aquí, la he apuntado.

- Ah, Pilar, la conozco, a Isabel no la conozco, pero da igual, ahora ya somos un grupo grande, no me apuntes a nadie más ¿Vale? Ja, ja, ja… es que me llevas el edificio entero, ja, ja, ja…

- De eso se trata, que haya mucha gente ¿No es lo que querías?

- Ostia si, Pedro agradezco tú ayuda, mucho Pedro, esto sería un palo si no me hubieras inscrito a toda esta gente.

- Va, Luna, hasta luego.

- Hasta luego, ja, ja, ja… Mi madre se va a morir, ja, ja, ja…

Pase lista de todas: La recién llegada Macarena, Isabel la fisioterapeuta, Lupe y María Jesús, Fina la doctora, Ingrid mi amiga el travesti, Carmen, la de las aureolas grandes, todo el equipo.

Las nueve. Estábamos todos en el piso de Lupe. Nos abrió y empecé hacer las presentaciones. Solo había una amiga de Luna, lo achacó al temporal que caía en la calle. Esta amiga suya nos la presentó como Flor. Una vez todos ahí Luna empezó con su programa.

- Pedro, tu aquí conmigo. Los demás hacéis un círculo con vuestras manos para así tener el espacio vital; veis así.

Nos hizo entender los brazos y hacer un círculo con ellos.

- Venga ahora desnudaos, la ropa la podéis poner en las perchas; y os colocáis la túnica blanca.

Ahí empezó el cachondeo. Yo era el único varón. Luna al verme en pelotas se quedó pasmada.

Continuará.

No os olvedeis de una valoración, y un comentario. Se que llevo El Conserje un poco retrasado de capítulos, al final lo publicaré entero, para que los nombres de las protagonistas tengan sentido. Por circunstancias ha, ido así.