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DominaciónJun 2026

Juanjo y el jefe de Sonia 2

Juanjocriado19651.7K vistas
<p>Después de aquella primera tarde en el despacho, mi vida cambió por completo. Don Pablo no tardó ni una semana en llamarme. Me ofreció un puesto en la empresa: “auxiliar administrativo senior”, un cargo que sonaba respetable pero que en realidad significaba estar a su disposición casi todo el día. Sonia se alegró muchísimo cuando se lo conté; pensaba que era una gran oportunidad para mí. No tenía ni idea de que su jefe acababa de convertirme en su puta personal.</p> <p>Ahora trabajaba en la misma planta, solo dos puertas más allá de su despacho. Don Pablo tenía poder absoluto sobre mí. Podía llamarme a cualquier hora con cualquier excusa, y yo tenía que presentarme. A veces me hacía chupársela bajo su escritorio mientras él atendía llamadas importantes. Otras me follaba rápido en el baño de ejecutivos, tapándome la boca para que no gimiera demasiado alto.</p> <p>Una mañana de martes, mientras estaba en mi cubículo revisando unos informes, me vibró el móvil. Era él.</p> <p>—Ven a mi despacho. Ahora.</p> <p>Cerré la puerta tras de mí. Don Pablo estaba sentado en su sillón, con esa sonrisa peligrosa.</p> <p>—Hoy vas a hacer algo nuevo, Juanjo. Quiero que lleves una braga debajo del traje. Una braga de mujer, bien sexi. Vas a ir ahora mismo a la tienda de lencería que hay en el centro comercial de al lado y vas a comprarte una. Yo te diré cuál.</p> <p>Sentí que se me ponía la cara roja y la polla dura al mismo tiempo.</p> <p>—Pero señor… ¿y si alguien me ve?</p> <p>—Esa es la gracia —dijo con voz grave—. Quiero que te sientas mi zorra todo el día. Sal ya. Te llamaré cuando estés dentro de la tienda.</p> <p>Salí de la oficina con el corazón latiéndome fuerte. Conduje hasta el centro comercial y entré en la tienda de lencería. Había pocas personas, pero aun así me sentía expuesto. Apenas había cogido una braga negra de encaje cuando sonó mi teléfono.</p> <p>—Dime qué estás viendo, puta —ordenó Don Pablo al descolgar.</p> <p>—Hay… hay muchas. Negras de encaje, rojas…</p> <p>—Quiero una braga de encaje negro, muy pequeña, de las que apenas cubren la polla y se hunden entre las nalgas. Que tenga un lacito atrás. Descríbeme lo que ves.</p> <p>Recorrí los expositores nervioso, susurrando:</p> <p>—Hay unas negras transparentes… con encaje en la parte de delante y detrás.</p> <p>—Esa. Cógela. Quiero que elijas la que más vergüenza te dé comprar.</p> <p>Elegí la braga negra de encaje. La dependienta, una chica joven, me miró con una media sonrisa mientras pagaba. Sabía perfectamente para quién era o eso me pareció.</p> <p>Cuando salí de la tienda, Don Pablo volvió a llamar.</p> <p>—Ahora vuelve a la oficina. No te la pongas todavía. Quiero que lo hagas aquí, en los vestuarios del sótano. Y quiero fotos.</p> <p>Bajé al sótano donde estaban los vestuarios del personal. Era la hora de la comida y había poca gente. Me metí en uno de los cubículos, cerré con pestillo y me quité los pantalones. Mi polla estaba flácida.solo de pensar en lo que estaba haciendo me ardía el vientre.</p> <p>Me puse la braga. El encaje se ajustaba perfectamente, la tira fina se hundía entre mis nalgas. Me sentía ridículo y excitadísimo. Me miré en el espejo del cubículo y envié una foto a Don Pablo.</p> <p>—Joder… qué puta más vieja y cachonda —me contestó por mensaje—. Te queda perfecta.</p> <p>Justo cuando me estaba subiendo los pantalones, oí que alguien entraba en los vestuarios. Era Marcos, un compañero de unos cuarenta años que trabajaba en contabilidad. Se detuvo frente a los urinarios.</p> <p>Me quedé quieto, pero al salir del cubículo me miró de reojo. Creo que vio el encaje negro asomando ligeramente por encima de la cinturilla del pantalón cuando me ajusté la camisa. No dijo nada, pero su mirada se quedó clavada un segundo de más. Sentí una oleada de vergüenza y excitación brutal.</p> <p>Subí al despacho de Don Pablo con la braga puesta. Cerré la puerta y me quedé de pie frente a él.</p> <p>—Enséñame —ordenó.</p> <p>Me bajé los pantalones lentamente. Allí estaba, un hombre de sesenta años con traje caro y una braga de mujer negra de encaje, la polla marcada contra el tejido.</p> <p>Don Pablo se levantó, me agarró del cuello y me empujó contra su escritorio.</p> <p>—Mírate… llevando braga de puta mientras tu mujer cree que estás trabajando como un hombre decente. Abre las piernas.</p> <p>Separé las piernas. Él apartó la braga a un lado y escupió directamente en mi agujero.</p> <p>—Hoy te voy a follar con la braga puesta. Quiero que sientas cómo te uso mientras llevas esto.</p> <p>Presionó su gruesa polla contra mí y fue abriendo paso centímetros a centímetros hasta que entró hasta sentir su pelvis en mis nalgas. Gemí fuerte.</p> <p>—Shhh… calla, zorra. ¿Sabes que Marcos te ha visto? Seguro que ahora se está preguntando por qué el nuevo lleva braga. Eso te pone cachondo, ¿verdad?</p> <p>—Sí, señor… —jadeé mientras me embestía con fuerza.</p> <p>—Dilo. Dime lo que eres mientras te parto el culo.</p> <p>—Soy tu puta… tu… ¡Ah! ¡Fóllame más fuerte, por favor!</p> <p>Don Pablo me follaba sin piedad, tirando de la braga para que el encaje me rozara la polla con cada embestida.</p> <p>—Vas a correrte dentro de la braga sin tocarte. Quiero que manches ese encaje negro como la perra que eres.</p> <p>No aguanté mucho. Con un gemido ahogado me corrí dentro de la braga, manchando el tejido mientras él seguía follándome. Poco después gruñó y me llenó el culo de leche caliente, sentí el ardor en mi interior, el continuo empujando hasta el fondo.</p> <p>Se quedó dentro unos segundos, susurrándome al oído:</p> <p>—Esto es solo el principio, Juanjo. A partir de ahora vas a venir a trabajar todos los días con braga debajo. Y cada vez que te llame, vas a estar listo para que te use. ¿Entendido?</p> <p>—Sí, señor… —susurré, completamente entregado.</p> <p>[email protected]</p>

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