<p>La empresa organizó una cena de fin de año en un club exclusivo del centro. Sonia estaba emocionada; se puso un vestido negro ajustado que le marcaba las curvas y la hacía verse aún atractiva a sus cincuenta y cinco. Yo iba con traje, pero debajo llevaba las bragas nuevas recién compradas de encaje que Don Pablo me obligó a llevar. Marcos, el compañero que me había visto en los vestuarios, nos miraba de reojo durante toda la cena. Sabía demasiado.</p>
<p>Don Pablo, como siempre, dominaba la mesa. Bebimos, reímos y bailamos un rato. Sonia se animó con las copas y acabó en la pista con varias compañeras, moviéndose al ritmo de la música. Fue entonces cuando Don Pablo se acercó a mí y me susurró al oído:</p>
<p>—Ve al baño de hombres del fondo. Ahora. Deja la puerta del último cubículo sin pestillo.</p>
<p>Aprovechando que Sonia estaba en la pista bailando con un grupito de compañeros,Me levanté con las piernas temblando. Marcos nos vio salir casi al mismo tiempo y, tras unos minutos, entró también. Los tres nos metimos en el último cubículo y cerramos con pestillo.</p>
<p>—Tu mujercita está ahí fuera meneando el culo como una cualquiera mientras tú estás aquí a punto de convertirte en nuestra puta —gruñó Don Pablo mientras me empujaba contra la pared del cubículo—. Arrodíllate, maricón. Hoy te vamos a usar los dos.</p>
<p>Me arrodillé sobre las baldosas frías. Don Pablo se bajó la cremallera y sacó su polla gruesa, venosa y completamente dura. Marcos hizo lo mismo a mi lado.</p>
<p>—Abre esa boca de zorra —ordenó Don Pablo—. Quiero que nos chupe las dos pollas mientras Sonia baila ahí fuera sin saber que su marido es un puto sumiso.</p>
<p>Me metió su verga hasta el fondo de golpe. Gemí ahogado, con arcadas, mientras él me follaba la boca con fuerza. Marcos agarró mi cabeza y alternaba, metiéndome la suya también.</p>
<p>—Joder… mira cómo traga —se rio Marcos—. Qué puta más patética. Chúpala bien, viejo. Esto es lo que mereces.</p>
<p>Lloraba de las arcadas, las babas me caían por la barbilla, pero mi polla permanecía completamente blanda dentro de las bragas rosadas. Solo sentía humillación y un calor sumiso en el estómago.</p>
<p>Don Pablo me levantó del pelo con brusquedad, me giró y me bajó los pantalones de un tirón, dejando mis bragas rosadas completamente expuestas.</p>
<p>—Mírate… con tu braga pareces una puta barata. Abre las piernas, zorra.</p>
<p>Marcos se colocó delante y me metió la polla en la boca otra vez mientras Don Pablo bajaba la braga y escupía varias veces sobre mi agujero, esparciendola con su capullo.</p>
<p>—Este culo ya está entrenado, pero hoy te voy a reventar —gruñó Don Pablo—. Voy a follártelo tan fuerte que vas a sentirme durante días.</p>
<p>Presionó su gruesa cabeza contra mi entrada y empujó con brutalidad. Ahogué un grito alrededor de la polla de Marcos. Sentí cómo mi esfínter se abría dolorosamente, centímetro a centímetro, hasta que sus huevos chocaron contra mí. La sensación era abrumadora: ardor intenso, presión profunda y esa plenitud humillante que me hacía temblar.</p>
<p>—Así… todo dentro, hasta el fondo —gruñó Don Pablo empezando a embestir con fuerza—. Este culo virgen de viejo cornudo ya es nuestro. Sonia está a veinte metros bailando y yo estoy aquí partiendo el culo de su marido como si fuera mantequilla.</p>
<p>Cada embestida era salvaje. Me follaba con golpes secos y profundos que hacían que mi cuerpo se estrellara contra la verga de Marcos. El sonido de su pelvis chocando contra mis nalgas resonaba en el cubículo. Marcos me follaba la boca al mismo ritmo, sujetándome la cabeza.</p>
<p>—Más profundo, puta —decía Don Pablo tirando de mis huevos ,la polla flácida babeaba—. ¿Sientes cómo te abre el jefe? Ese agujero se traga mi polla entera. Eres solo un agujero con bragas.</p>
<p>—Qué asco de cornudo… y qué cachondo me pone —añadía Marcos, follándome la boca con más fuerza—. Traga, maricón. Esto es lo que eres ahora. Un puto maricon.</p>
<p>Mientras más lo decía más me excitaba y más buscaba darles placer.</p>
<p>Don Pablo aceleró, follándome sin piedad, cacheteándome el culo con fuerza.</p>
<p>—Dilo alto, zorra. Quiero que se te oiga.</p>
<p>—¡Soy su puta, Don Pablo! —gemí cuando Marcos sacó su polla de mi boca un segundo—. ¡Soy la puta de los dos! ¡Úsame como quieras mientras mi mujer está ahí fuera!</p>
<p>Don Pablo rio con satisfacción y me reventó el culo aún más salvajemente, </p>
<p>—Esto es lo que mereces, viejo impotente. Que ganas tengo de follarte delante de sonia.La polla blanda como un trapo mientras dos hombres te usan. Lo mismo ella también desea unos machos de verdad .Marcos, córrete en su boca. Yo voy a llenarle las tripas.</p>
<p>Marcos gruñó y me inundó la boca con su leche espesa. Tragué como pude, tosiendo. Poco después, Don Pablo dio un último empujón brutal y profundo, corriéndose dentro de mí con chorros calientes y abundantes que me llenaron completamente.</p>
<p>—Quédate quieto, puta… siente cómo te lleno —gruñó mientras seguía dentro unos segundos más, vaciándose del todo.</p>
<p>Cuando por fin se retiró, sentí cómo su semen espeso empezaba a salir de mi agujero dilatado, resbalando por mis muslos y empapando las bragas rosadas.</p>
<p>—Buen cornudo —dijo Don Pablo dándome una palmada en el culo—. Súbete los pantalones y vuelve con tu mujer como si nada. Con mi leche chorreando dentro de ti.</p>
<p>Salimos uno a uno del baño. Cuando regresé a la mesa, Sonia estaba sentada, algo acalorada de tanto bailar. Me miró con curiosidad.</p>
<p>—¿Dónde estabas? Tardaste mucho…me dijo dándome un beso, aunque se aparto pronto, percatándose de un aroma que reconocía. Pero que no imaginaba que fuera posible.</p>
<p>—Estaba… en el baño, cariño. Había cola —mentí, notando cómo la leche caliente de Don Pablo seguía filtrándose lentamente, mojando la braga y haciéndome sentir completamente usado.</p>
<p>Marcos y Don Pablo volvieron poco después, impecables. Sonia frunció el ceño ligeramente al vernos llegar casi al mismo tiempo, pero no dijo nada más esa noche. Aunque supe que algo se le había quedado rondando en la cabeza.</p>
<p>Durante el camino de vuelta a casa, Sonia estuvo más callada de lo normal. Yo sentía el culo dolorido y abierto, la braga completamente mojada y pegajosa, y la polla blanda dentro del encaje.</p>
<p>Y yo, como siempre, sabía que mañana Don Pablo volvería a llamarme.</p>