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DominaciónJun 2026

Juanjo y el jefe de Sonia 4

Juanjocriado19652.2K vistas
<p><strong><em>Ya se va aclarando la trama, espero acabarla en dos o tres capítulos más, aunque soy las gracias si por lo menos alguien disfruta de mis fantasías</em></strong></p> <p>la mañana siguiente llegué a la oficina con el culo aún dolorido . Sonia me había preguntado en el desayuno si me pasaba algo, porque estaba “raro”. Le dije que era cansancio de la fiesta y me fui antes de que insistiera. Sabía que la duda de anoche seguía en su cabeza.</p> <p>Apenas me senté en mi cubículo cuando recibí un mensaje de Pablo:</p> <p>«Mi despacho. Ahora. Trae a Marcos contigo.»</p> <p>El corazón me dio un vuelco. Fui primero al cubículo de Marcos. Él levantó la vista y me miró con esa sonrisa entre burlona y hambrienta que tenía desde anoche.</p> <p>—El jefe quiere que vayamos los dos —dije en voz baja.</p> <p>Marcos se levantó, me puso una mano en el hombro con fuerza y susurró:</p> <p>—Anoche me puse muy cachondo viéndote. Hoy espero disfrutar mas, maricon.</p> <p>Entramos juntos al despacho. Don pablo estaba sentado en su sillón, imponente, con las piernas abiertas.</p> <p>—Cerrad la puerta con llave. —ordenó—. Juanjo, quítate los pantalones y Enséñale a Marcos cómo te ha dejado el culo.</p> <p>Obedecí temblando. Me bajé los pantalones y me giré, inclinándome sobre el gran escritorio que presidía el despacho.</p> <p>- quien te ha dicho que vengas sin bragas? - refunfuñó Pablo, dándome una soberana nalgada con su manaza.- nunca más, ok?.</p> <p>- sii....- dije balbuceando- lo siiiento- continúe, dolorido y humillado.</p> <p>—Joder… —murmuró Marcos acercándose—. Mira cómo lo tienes. ¿Te corriste sin que se te pusiera dura otra vez?</p> <p>—Sí… —admití avergonzado—. Ya casi nunca se me pone dura. Solo… me corro cuando me humillan.</p> <p>Don pablo ,rio con esa voz grave y autoritaria.</p> <p>—Exacto. Es un cornudo impotente. Su polla ya solo sirve para mojar las bragas. Marcos, tú también puedes usarlo, pero yo decido cómo y cuándo. ¿Entendido?</p> <p>—Entendido, jefe —dijo Marcos, claramente excitado pero respetando la jerarquía.</p> <p>Don pablo se levantó y me empujó mi cara y pecho contra su escritorio.jugo con mis nalgas, separándolas, nalgeandolas, y pasando un dedo por la raja, excitandome aún más.</p> <p>—Arrodíllate entre los dos. Vas a mamárnosla a los dos mientras trabajamos un poco.</p> <p>Me puse de rodillas. Don pablo sacó su polla gruesa ya medio dura. Marcos, más nervioso pero dominante, se bajó los pantalones y sacó una polla larga y delgada, muy tiesa.</p> <p>—Chúpala primero al jefe —ordenó Marcos.</p> <p>Empecé por el jefe. La metí en la boca con devoción, lamiendo y chupando mientras él revisaba unos papeles como si nada.</p> <p>—Buen puto… —gruñó—. Más profundo. Trágatela. Quiero oír cómo te ahogas.</p> <p>Así lo hice, abrí más mi boca intentando tragar más de lo que podía, mientras Marcos me agarró de la cabeza y me empujó más contra la polla </p> <p>—Así, zorra. Mamándosela al Alfa mientras yo te sujeto. Anoche estabas tan ridículo con esas bragas… Me has puesto cachondo toda la noche.</p> <p>Después de varios minutos, don Pablo me apartó y me ordenó:</p> <p>—Ahora la de Marcos. Y míralo a los ojos mientras se la chupas.</p> <p>Marcos me folló la boca con más brusquedad, menos controlado que Ricardo, pero igual de dominante. Me sujetaba la cabeza y embestía, golpeándome la garganta.</p> <p>—Joder, qué boca más caliente tienes, Juanjo. Eres un maricón viejo y patético. Tu mujer está ahí fuera trabajando y tú aquí, de rodillas, chupando pollas.ls que debería estar es ella. Pero tú pones mucho esmero.</p> <p>No se me ponía dura. Mi polla permanecía blanda, atrapada entre mis muslos,goteando líquido preseminal solo por la humillación.</p> <p>Don pablo se colocó detrás de mí y escupió en mi agujero.</p> <p>—Marcos, sujétale la cabeza. Voy a follarlo mientras te mama.</p> <p>Entró de golpe el capullo, sin piedad. Gemí fuerte alrededor de la polla de Marcos. empezó a darme embestidas cortas pero entrando centímetros en cada una de ellas, cada una más fuerte que la anterior.</p> <p>—Dilo, puta —exigió don Pablo—. Dinos lo que eres.</p> <p>—Soy… vuestro puto… —balbuceé entre arcadas.</p> <p>Marcos rio y me folló la boca más rápido.</p> <p>—Más alto. Quiero que te oigas a ti mismo.</p> <p>—¡Soy la puta de la oficina! ¡El marido de Sonia es la zorra del jefe y de Marcos! ¡Folladme más fuerte!</p> <p>Don pablo,me dio varios cachetazos fuertes en el culo mientras logro entrar la entera,me partía , me ardía todo mi interior.</p> <p>—Esto es lo que mereces. No empalmas porque sabes tu sitio: debajo de hombres de verdad. Marcos, córrete en su boca cuando quieras.</p> <p>Marcos no tardó mucho, parecía que estaba esperando su permiso. Con un gruñido me llenó la boca de leche espesa y amarga. Tragué todo lo que pude, pero algo se me escapó por la comisura.</p> <p>Él siguió follándome sin parar, tirando de mis testículos para que me rozara la polla flácida contra el interior de mis muslos.</p> <p>—Ahora tú, Juanjo. Córrete sin tocarte, como la perra impotente que eres.</p> <p>Me corrí entre espasmos, manchando otra vez el interior de mis piernas, mientras son pablo me inundaba el culo con su leche caliente y abundante.</p> <p>Se quedaron dentro de mí unos segundos más, disfrutando del poder.</p> <p>—Buen chico —dijo Pablo dándome una palmada en la nalga—. La próxima vez Las bragas puestas todo el día.toma, cómprate más y cada una más puta que la anterior Y esta tarde, después de la reunión, te quiero en el baño con Marcos. Él va a follarte solo mientras yo superviso por videollamada.</p> <p>Marcos sonrió, subiéndose los pantalones.</p> <p>—Voy a disfrutar rompiéndote el culo, viejo.</p> <p>Salí del despacho con las piernas temblando, la boca con sabor a semen y el culo chorreando. Sonia me vio pasar por el pasillo y frunció el ceño al notar mi cara enrojecida.</p> <p>—¿Estás bien, Juanjo?</p> <p>—Perfectamente, cariño —mentí, sintiendo cómo la leche del jefe se me escurría por las piernas.</p> <p>Esa misma tarde, después de la sesión en el despacho, volví al centro comercial y compré más ropa interior, me coloque en sus probadores bajos la sospecha de las empleadas, un culote negro de encaje muy sexy y volví a la oficina. apenas podía concentrarme en el trabajo. El culo me ardía, las bragas estaban completamente empapadas y pegajosas contra mi polla flácida. Cada vez que me movía sentía la leche de Don pablo escurrirse. Sonia pasó por mi cubículo un par de veces y me miró raro, pero no dijo nada.</p> <p>A las cinco y media recibí el mensaje:</p> <p>«Baño de hombres del sótano. Último cubículo. Marcos te está esperando. Videollamada conmigo. No te retrases, puta.»</p> <p>Bajé con las piernas temblando. Marcos ya estaba dentro, con la cámara del móvil preparada. Cerró la puerta y me miró con esa mezcla de deseo y desprecio.</p> <p>—pablo quiere verte bien humillado hoy —dijo encendiendo la videollamada.</p> <p>La cara del jefe apareció en pantalla, sentado cómodamente en su despacho.</p> <p>—Buenas tardes, Juanjo. Quítate todo menos las bragas y ponte de rodillas.</p> <p>Obedecí. Me quedé solo con el encaje negro, ridículo a mis sesenta años. Marcos me agarró de la cabeza y me puso frente a la cámara.</p> <p>—Mira qué pinta tienes —rio don pablo—. Un cornudo impotente con bragas, listo para que lo usen. Marcos, fóllale la boca primero.</p> <p>Marcos sacó su polla larga y dura y me la metió hasta el fondo. Gemí ahogado mientras me follaba la garganta con golpes rápidos y agresivos.yo intentaba apresar con mis labios para ejercer más presión.</p> <p>—Así, zorra —gruñó Marcos—. Chúpala bien mientras el jefe mira. No se te pone dura, ¿verdad? Sigues blando como siempre.</p> <p>—Normal —comentó desde la pantalla—. Su polla ya solo funciona para mojar bragas. Métela más profundo, Marcos. Quiero oírlo atragantarse.</p> <p>Marcos obedeció, sujetándome la cabeza con fuerza. Las lágrimas me corrían por las mejillas. Mi polla permanecía completamente flácida dentro del encaje.</p> <p>—Ahora fóllalo —ordenó —. Quiero verlo de espaldas a la cámara, con las bragas apartadas.</p> <p>Me puso de pie, inclinado contra la pared. Marcos apartó el tanga y escupió varias veces. Luego entró de un empujón brutal. Grité de dolor y placer ahogando el quejido en mi brazo.</p> <p>—¡Joder qué apretado! —jadeó Marcos mientras empezaba a embestirme con fuerza.</p> <p>Don pablo dirigía cada detalle desde la pantalla:</p> <p>—Más fuerte. Agárrale las caderas. Tira del tanga para que le roce la polla inútil. Juanjo, dime lo que eres.</p> <p>—Soy… vuestra puta… … —gemí entre embestidas.</p> <p>—Más alto, maricón —exigió desde el móvil.</p> <p>—¡SOY LA PUTA DE LA OFICINA! ¡FÓLLAME MÁS FUERTE, MARCOS! ¡ÚSAME COMO A UNA ZORRA !</p> <p>Marcos me follaba salvajemente, el sonido de sus caderas chocando contra mi culo resonaba en el baño. Si polla martirizaba mi próstata, hasta que Me corrí sin tocarme, manchando abundantemente las bragas mientras mi polla seguía blanda. Marcos no tardó mucho más y me llenó el culo con su leche caliente.</p> <p>—Buen trabajo —dijo pablo—. Ahora, Juanjo: mañana renovarás las bragas. pero esta vez comprarás un juego más puto, braguitas blancas de colegiala con lacitos . Te dirigiré por teléfono otra vez. Y quiero fotos de cada una puestas.</p> <p>—Sí, señor… —susurré exhausto.</p> <p>Al día siguiente repetí el ritual. Don pablo me llamó mientras estaba en la tienda de lencería. Compré todo lo que me ordenó, rojo de vergüenza mientras la dependienta me sonreía sabiendo perfectamente qué estaba pasando, ya me había convertido en un asiduo. Volví a la oficina con las nuevas bragas puestas: blancas con transparencias y lazitos imitando el uniforme de una sirvienta. Me sentía más expuesto que nunca.</p> <p>La apuesta subió esa misma tarde. Don pablo organizó una “reunión privada” en su despacho después del horario. Marcos y yo entramos. Me hizo desnudarme completamente excepto por las nuevas bragas con abertura que me había obligado a ponerme antes.</p> <p>Estaba a cuatro patas sobre la alfombra, chupando la polla de mi jefe, mientras Marcos me follaba por detrás, cuando la puerta se abrió de golpe.</p> <p>Era Sonia.</p> <p>Se quedó paralizada en la entrada, con los ojos muy abiertos. Yo tenía la polla de don Pablo en la boca, mi culo de zorra moviéndose con cada embestida de Marcos, y mi polla flácida colgando dentro del tanga abierto.</p> <p>—¿Qué… qué coño es esto? —susurró, la voz temblando entre sorpresa, rabia y algo más.</p> <p>Don pablo no se inmutó. Siguió sujetándome la cabeza y empujando suavemente en mi boca.</p> <p>—Pasa y cierra la puerta, Sonia. Te he hecho venir por qué supongo que Llevas dias sospechando, ¿verdad? Tu marido es nuestra puta desde hace semanas.</p> <p>Sonia cerró la puerta lentamente. Sus ojos recorrieron la escena: yo, de sesenta años, con bragas , siendo usado por su jefe y su compañero. Esperaba gritos, lágrimas, una escena horrible. Pero en lugar de eso, vi cómo su respiración se aceleraba, cómo se mordía el labio inferior y cómo sus mejillas se enrojecían.</p> <p>—Juanjo… ¿esto es lo que haces cuando dices que te quedas hasta tarde? —preguntó con voz ronca.</p> <p>Asentí como pude, con la boca llena.</p> <p>Don pablo sonrió y sacó su polla de mi boca.</p> <p>—Tu marido es un puto sumiso, Sonia. No se le pone dura. Solo se corre cuando lo humillamos.te hemos quitado un peso de encima , créeme ¿Quieres ver cómo se corre ahora? ¿O prefieres unirte?</p> <p>Sonia dudó solo unos segundos. Luego, para mi absoluta sorpresa, cerró la puerta con llave y se acercó.</p> <p>—Hijos de puta… —murmuró, pero su tono era más excitado que enfadado—. Llevo años sin que me follen como Dios manda… y resulta que mi marido es la zorra en la oficina.</p> <p>Se quitó la chaqueta y se sentó en el sillón de Pablo, cruzando las piernas.</p> <p>—Continuad —dijo—. Quiero verlo todo.</p> <p>Marcos aceleró, follándome con más fuerza mientras Don pablo me volvía a meter la polla en la boca otra vez. Sonia se levantó la falda lentamente y empezó a tocarse por encima de las bragas, mirándome fijamente.</p> <p>—Mírate… con esa cola de zorra moviéndose. Qué patético y qué cachonda me pone verte así.</p> <p>Ambos se rieron.</p> <p>—Buena chica. Ven aquí y siéntate en mi escritorio. Abre las piernas.</p> <p>Sonia obedeció. Se subió la falda hasta la cintura y abrió las piernas frente a mí. Don pablo, sacando su verga de mi boca,me empujó la cabeza hacia su coño.</p> <p>—Lame a tu mujer mientras te follan, puta.</p> <p>Empecé a lamerla con devoción, saboreando lo mojada que estaba. Sonia gemía y me agarraba del pelo.</p> <p>—Joder, Juanjo… nunca me habías comido así. Eres mejor zorra que marido…me corrooo- ahí tuvo su primer orgasmo, el primero que hacía tiempo que no le sentía. Sus piernas temblaron y atraparon mi cabeza.</p> <p>Marcos me follaba sin parar, dándome cachetazos.</p> <p>—Tu mujer está viendo cómo te usamos, cornudo. ¿Te gusta?</p> <p>—Sí… —gemí contra el coño de Sonia.</p> <p>Don pablo se sentó en el escritorio y subió encima de su falo a Sonia y empezó a follarla mientras yo seguía lamiendo. La escena era salvaje: yo a cuatro patas lamiendo el coño de mi mujer mientras el jefe la follaba y Marcos me partía el culo.</p> <p>Sonia se corrió primero, gritando y apretándome la cabeza contra ella, sintiendo su humedad y la dureza del miembro que tenía dentro. Luego Marcos me llenó otra vez. Pablo se corrió dentro de Sonia y, cuando se apartó, me ordenó:</p> <p>—Límpiala, puta.</p> <p>Lamí su coño lleno de leche del jefe mientras Sonia me miraba con una mezcla de lujuria, desprecio y nuevo poder.</p> <p>—Esto cambia todo —dijo ella jadeando—. A partir de ahora mando yo también. En casa vas a seguir llevando bragas. Y cuando quiera, te haré servirnos a los tres en nuestro chalet los fines de semana.</p> <p>Él asintió satisfecho.</p> <p>—Bienvenida al club, Sonia. Tu marido ya tiene dueños y vamos a disfrutarlo.</p> <p>Aquella noche, de vuelta en casa, Sonia me hizo ponerme las bragas nuevas mientras ella se follaba con un satisfayer que acababa de comprar. Me obligó a mirar sin tocarme. Me corrí otra vez sin empalmar, manchando el encaje.</p> <p>Nuestra vida había cambiado para siempre. Yo era oficialmente la puta de la casa y de la oficina. Sonia había descubierto su lado dominante y lo disfrutaba tanto o más que Don pablo y Marcos. Y yo… yo nunca había sido más feliz en mi sumisión total.</p> <p>[email protected]</p>

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