<p>Aquí va la continuación, pero os pongo en antecedentes a los nuevos, Me llamo Juanjo, tengo sesenta años y llevo treinta y cinco casado con Sonia, que ahora tiene cincuenta y cinco. Hacía más de dos años que apenas nos tocábamos. Yo ya no solamente no conseguía mantenerla satisfecha , si no que ni siquiera la excitaba,mi polla se ponía dura solo a medias y duraba poco. Sonia, con sus hermosos pechos, su culo grande y maduro, y ese coño que aún se mojaba cuando se excitaba de verdad, se estaba apagando a mi lado. Pero la vida dió un giro cuando tras una confesión de nuestra nula vida sexual a su jefe, él se ensalzó como un Alpha que me dominaba . Siempre Pensé que verla con otro podría avivar la llama que se había extinguido entre nosotros.</p>
<p>Don pablo tubo la idea de que invitará a Sonia a ir a un club de intercambio de parejas. Y tras comentárselo, lejos de rechazar ,a Sonia le entusiasmo la idea.</p>
<p>Llegamos al club pasadas las once. Era un local elegante pero oscuro, con varias zonas: barra, pista de baile suave, reservados y un parking en la parte trasera. Nada más entrar noté miradas sobre Sonia. Ella llevaba una blusa blanca ajustada que marcaba sus tetas grandes y una falda negra corta pero un poco de vuelo que se le subía fácilmente. Yo estaba nervioso pero excitado.</p>
<p>Nos sentamos en la barra. A los pocos minutos se acercó él. Pablo. impecable, barba corta cuidada, traje oscuro y una voz grave que hipnotizaba. Nos saludamos cordialmente y el le planto dos besos con seguridad y autoridad absoluta,pidió una ronda para los tres.</p>
<p>La conversación empezó ligera, pero Pablo no tardó en subir el tono. Sus ojos azules recorrían el cuerpo de Sonia sin disimulo.</p>
<p>—Sonia… te lo voy a preguntar una vez. Es cierto lo que me contaste ,que llevas tiempo sin que te follen como mereces? —dijo de pronto, con una sonrisa confiada—. Tienes ese brillo en la mirada de una mujer madura que necesita polla de verdad.</p>
<p>Me puse rojo, pero sentí cómo la excitación me hacía sonrojarme. Sonia se removió en el taburete, apretando los muslos. Asintiendo con timidez fingida, Pablo continuó, mirándome directamente:</p>
<p>—Tu marido está aquí precisamente para esto, ¿verdad, Juanjo? Para ver cómo otro hombre te da lo que él ya no puede. para verte y oírte gozar.</p>
<p>Asentí sin poder hablar. Pablo se acercó más a Sonia y bajó la voz, pero lo suficiente para que yo escuchara cada palabra sucia:</p>
<p>—Dime, zorra… ¿ya tienes las bragas mojadas? Apuesto a que tu coño maduro está soltando jugos solo con que te hable así.</p>
<p>Sonia soltó un gemidito mientras asentía. Yo, completamente sometido, le susurré al oído:</p>
<p>—Cariño… hazle caso.</p>
<p>Pablo sonrió victorioso.</p>
<p>—Juanjo, súbele la falda. Quiero ver cómo tiene las bragas tu mujer.</p>
<p>Con las manos temblando de excitación y vergüenza, me puse detrás de Sonia en el taburete y le subí lentamente la falda hasta la cintura. Sus muslos firmes y sus braguitas quedaron expuestas. Pablo metió la mano sin prisa y tocó la tela de sus bragas.</p>
<p>—Joder… está empapada. Mira esto, cornudo. Tu mujer chorreando por su jefe .</p>
<p>Deslizó dos dedos gruesos bajo las bragas y empezó a frotarle el clítoris. Sonia gimió más fuerte, agarrándose a la barra y apoyando su espalda contra mi barriga, moviendo sus caderas en el taburete, buscando la profundidad de esos dedos. Varios hombres maduros que estaban cerca —cuatro o cinco, entre cincuenta y cinco y setenta y pico— se acercaron discretamente, observando la escena con interés. Uno de ellos, calvo y con barriga, se tocaba por encima del pantalón.</p>
<p>—Vamos al parking —ordenó Pablo—. Quiero follármela donde todos puedan ver lo puta que es tu mujer.</p>
<p>Nos recompusimos y pagamos las copas, y Salimos los tres ellos dos delante y yo siguiéndoles. En el parking semicubierto había más luz tenue y varios coches. Los mismos observadores nos siguieron, junto con otros dos maduros que se unieron al ver el espectáculo. Formaron un semicírculo a unos metros, sin intervenir, pero sin esconderse. Algunos murmuraban comentarios: “Qué buena zorra”, “Mira cómo se deja”.</p>
<p>Pablo abrió la puerta trasera de su gran SUV negro y colocó a Sonia de pie, con el torso apoyado sobre el asiento. Me miró.</p>
<p>—Juanjo, súbele otra vez la falda y bájale las bragas. Prepárala para mí.</p>
<p>Obedecí. Le subí la falda hasta la cintura y le bajé las bragas hasta los tobillos. El coño de Sonia brillaba con la humedad que tenia, hinchado, con los labios mayores gruesos y el vello recortado. Pablo se bajó la cremallera. Su polla era imponente: gruesa, venosa, con una cabeza grande y morada, fácilmente más larga y mucho más ancha que la mía.</p>
<p>Frotó la cabeza contra el coño de Sonia.</p>
<p>—Díselo a tu marido, puta.</p>
<p>—Juanjo… su polla es enorme… me está abriendo solo con rozarme…- dijo gimiendo </p>
<p>Pablo empujó mi cabeza . Centímetro a centímetro, su capullo grueso fue entrando , atrapándola con mis labios, la ensalibe con pasión, después me aparto y la dirigió hacia el sexo chorreante de Sonia y fue abriendolo penetrando en el, Ella se agarró fuertemente al asiento y soltó un gemido largo y gutural cuando la llenó por completo.</p>
<p>—Dios mío… me está reventando… es mucho más gruesa que la tuya, Juanjo… me llega al fondo…</p>
<p>Empezó a follarla con embestidas fuertes y profundas, agarrándola por las caderas. El sonido húmedo y carnoso de su polla entrando y saliendo resonaba en el parking junto con los jaleos de mi mujer corriendose por primera vez. Los pechos de Sonia se salían de la blusa y se balanceaban con cada golpe. Pablo le agarró el pelo blanco y tiró hacia atrás acercando su cara.</p>
<p>—Míralos, zorra. Todos estos viejos están viendo cómo te follo como una guarra. ¿Te gusta que te miren mientras un macho de verdad te abre el coño?</p>
<p>—Sí… sí… me encanta… —gemía Sonia entrecortadamente.</p>
<p>Uno de los observadores, un hombre de unos sesenta y cinco con bigote, se acercó un poco más y comentó en voz baja:</p>
<p>—Qué coño más jugoso tiene la puta… míralo cómo traga esa polla.</p>
<p>Pablo animado, aceleró, follándola con fuerza. El sudor le caía por la frente. Me ordenó:</p>
<p>—Juanjo, ponte al lado y sujétale las tetas. Quiero que sientas cómo se las estoy reventando mientras la follo.</p>
<p>Me coloqué a un lado, saqué sus pechos duros de la blusa y los apreté mientras Pablo la penetraba sin piedad. Sentía cómo todo el cuerpo de Sonia temblaba con cada embestida.</p>
<p>—Ahora ponla en cuatro bien abierta —dijo Pablo.</p>
<p>Sonia se arrodilló sobre el asiento del coche, culo en pompa. Yo mismo le abrí las nalgas, exponiendo su coño enrojecido y palpitante , pidiendo más y su ano. Pablo escupió sobre su polla y volvió a entrar de un golpe profundo.</p>
<p>—Joder… qué culo más grande y follable tienes —gruñó mientras la embestía—. Tu marido nunca te ha follado así, ¿verdad?</p>
<p>—No… nunca… —respondió Sonia entre gemidos con voz entrecortada.</p>
<p>Los observadores estaban más cerca ahora. Dos de ellos se habían sacado la polla y se masturbaban lentamente mirando cómo Pablo la reventaba en cuatro. El sonido de carne contra carne era constante. Pablo le daba cachetadas en el culo, dejando marcas rojas.</p>
<p>—Córrete, zorra. Quiero que todos vean cómo te corres en mi polla.</p>
<p>Sonia explotó en un último orgasmo brutal, temblando, apretando el coño alrededor de la verga de Pablo y soltando un chorro de jugos que me salpicó la mano. Pablo no paró. Siguió follándola más fuerte, sudando, gruñendo.</p>
<p>—Juanjo, ponte debajo. Lame su clítoris mientras se la meto.</p>
<p>Me arrodillé en el asiento, entre las piernas de ambos, y empecé a lamer el clítoris hinchado de Sonia y la base gruesa de la polla de Pablo mientras entraba y salía. El sabor era intenso: salado, dulce, almizclado, mezcla de los dos jugos, sus enormes testículos acariciaban mi nariz y frente en cada entrada y salida de sonia.</p>
<p>—Buen cornudo chupapollas —dijo Pablo riendo—. Limpia bien donde estamos unidos.</p>
<p>Después de varios minutos más estuvo follándosela hasta que se corrió dentro de ella, inundándola de chorros de semen caliente Pablo sacó la polla brillante y la puso frente a mi cara.</p>
<p>—Boca abierta.</p>
<p>Me metió la polla hasta la garganta y le recogí y trage todo, el coño de Sonia chorreaba cayendo en mi cara, llenándome la boca de semen espeso. Parte chorreó por la barbilla y cayó por la comisura de mis labios.</p>
<p>Pero no había terminado. Se sentó en mi cara, y mi lengua hurgó en su interior, relamiendo cada pliegue, arrancando hasta la última gota</p>
<p>—Asi me gusta, puta. Que lo dejes reluciente. </p>
<p>Durante ese in pass . Volvió a tener una erección poderosa, lo de este hombre no era normal </p>
<p>La folló con renovada fuerza durante varios minutos más, hasta que se corrió dentro con un rugido, bombeando chorros calientes y abundantes de semen profundo en el interior de Sonia. Cuando salió, un torrente blanco y espeso empezó a salir del coño abierto y enrojecido de mi mujer.</p>
<p>Pablo se subió la cremallera, satisfecho, y me miró.</p>
<p>—, cornudo. Limpia el desastre que he dejado en el coño de tu esposa.</p>
<p>Me arrodillé de nuevo, pegué mi boca al coño de Sonia y empecé a lamer y chupar todo el semen de Pablo mezclado con sus jugos. Tragué lo que pude, saboreando cada gota espesa mientras Sonia gemía de placer residual. Arrancándole un orgasmo intenso,Los observadores murmuraban aprobando:</p>
<p>—Qué cornudo más obediente… se lo está comiendo todo.</p>
<p>Limpie hasta que el coño de Sonia quedó brillante de mi saliva. Pablo dio una última palmada en el culo de Sonia.</p>
<p>—Esto solo ha sido el principio. La próxima vez os quiero en mi casa toda la noche.</p>
<p>Volvimos al coche en silencio, yo con la cara brillante de fluidos y la polla dolorosamente de no eyacular. Sonia, exhausta y satisfecha como hacía años que no la veía.</p>