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DominaciónJun 2026

Juanjo y el jefe de Sonia 6

Juanjocriado1965915 vistas8.8· 5 votos
<p>.Aquella noche, cuando llegamos a casa después del parking, entramos directamente al baño. Sonia se quitó la ropa lentamente, todavía con las marcas rojizas de las manos de Pablo en las caderas y el culo. Yo me desnudé también. Nos metimos bajo la ducha caliente. El agua caía sobre sus tetas , que aún conservaban restos secos de semen y sudor.</p> <p>—Juanjo… no puedo creer lo que pasó —murmuró mientras se enjabonaba el coño, que seguía hinchado y sensible—. Delante de todos esos hombres… y tú lamiendo todo.</p> <p>La abracé por detrás, mi polla floja rozando su culo suave.</p> <p>—Fue brutal, cariño. Verte en cuatro, abierta, con su polla gruesa entrando y saliendo… y esos viejos mirándonos, tocándose… me excita como nada.</p> <p>Sonia se giró y me besó.- seguro que te hubiera gustado tocar alguna verga- continuo hablándome , susurrándome al oído - chupar algún cipote de esos tipos. Intenté empalmarme, pero solo conseguí una semierección floja. Ella lo notó y sonrió con picardía.</p> <p>—No pasa nada, cornudito. Cuéntame mientras me toco.</p> <p>Me aparté un poco y le conté con detalle cómo había visto su coño tragarse esa verga, cómo había lamido sus jugos mezclados su sabor, como me gustaba sentirme dócil bajo el influjo de un macho como don pablo. Sonia se masturbó despacio bajo el agua, gimiendo bajito, y se corrió recordando el momento. Yo solo la sostuve y ella agarrándome la cabeza , me la hundió en su coño recogiendo hasta la última gota de su flujo, sin correrme , satisfecho pero con una excitación in creciendo.</p> <p>Los días transcurrieron con "normalidad" en la oficina. Cuando él llamaba, yo acudía, las sesiones eran prácticamente una calca una de otra. Me follaba a solas, o con Sonia delante . O follaba a Sonia , permitiéndome limpiar a los dos de sus restos. Quizás debido a esa monotonía o que Don pablo buscaba nuevas sensaciones donde reafirmar su poder y dominio le mando un mensaje al teléfono de Sonia. </p> <p>Quedamos esa misma noche en el club de intercambio. Sonia siguiendo las instrucciones de Pablo se puso un vestido negro corto, ajustado, sin sujetador y con un tanga negro diminuto. Yo estaba nervioso pero con el estómago lleno de mariposas.</p> <p>Pablo nos esperaba en la barra con Ricardo: setenta y dos años, calvo, corpulento, barriga prominente y manos grandes. Nada más llegar, Pablo puso la mano directamente en el culo de Sonia y apretó con descaro .</p> <p>—Sigues dispuesta a ser follada? —le dijo—. Dejarás a tu marido limpiarte cuando te llené el coño?</p> <p>Sonia asintió, sonrojada. Ricardo el compañero que hasta ahora estuvo en silencio me miró y sonrió:</p> <p>—Buen cornudo.</p> <p>Después de la primera copa, Pablo propuso ir a un reservado más discreto del club. Era una sala con sofá grande de terciopelo, luces tenues y una cortinilla que no cerraba del todo. Nada más entrar, Pablo sentó a Sonia entre los dos y me ordenó:</p> <p>—Juanjo, siéntate enfrente y observa. No te toques.</p> <p>Por supuesto obedecí sin rechistar,Empezaron a jugar con ella despacio. Pablo le subió el vestido hasta la cintura y Ricardo le bajó el escote, dejando sus tetas pesadas al aire. Se las chuparon a la vez, uno en cada pezón rosáceo y puntiagudo fruto de la excitación, mordiendo y tirando suavemente. Sonia gemía bajito, acariciándoles la cabeza.</p> <p>Pablo metió la mano entre sus piernas y apartó el tanga, pasando el índice por su raja, rozando el clítoris.</p> <p>—Está empapada otra vez. Juanjo, ven y mira de cerca.</p> <p>Me arrodillé frente al sofá. Pablo separó los muslos y labios hinchados de Sonia aparecieron ante mi, los abrió con dos dedos. Su coño brillaba, los jugos ya le corrían por los muslos hacia sus nalgas, me excitaba sentirme tan sumiso y que ella disfrutará de dos verdaderos hombres.</p> <p>—Lame un poco para humedecerla más —ordenó.</p> <p>Le di varias lamidas largas, saboreando su excitación, ella se agarraba fuerte a los cojines fruto de la calentura. Luego Pablo metió dos dedos gruesos y empezó a follarla con ellos, lento , despacio,pero profundo hasta los nudillos, mientras Ricardo le metía dos dedos en la boca para que los chupara.</p> <p>—Chupa como si fuera una polla, zorra —gruñó Ricardo.</p> <p>Sonia gemía alrededor de sus dedos. Pablo sacó los suyos brillantes y me los puso en la boca.</p> <p>—Prueba cómo sabe tu mujer cuando está cachonda de verdad.</p> <p>Chupé sus dedos relamiendolos de flujo. Después volvieron a jugar con ella: pellizcándole los pezones, dándole cachetadas suaves en las tetas, frotándole el clítoris. Sonia estaba temblando, a punto de correrse, cuando Pablo paró. Ante la frustración de ella</p> <p>—Nos vamos a vuestra casa . Allí os vamos a usar de verdad.</p> <p>Subi a mí coche y los tres me seguían desde el suv. Durante el trayecto imaginaba sus conversaciones , sus risas y por qué no sus morreos, nada más llegar abrí la puerta y les dejé pasar primero con miedo que nos viera alguien del bloque , aunque por las horas era dificil y cuando cerré la puerta, el ambiente cambió. Pablo y Ricardo se quitaron la ropa con calma. Sus cuerpos maduros quedaron al descubierto: su piel algo floja, vello blanco en el pecho, barrigas y pollas pesadas colgando.</p> <p>—Juanjo, arrodíllate —ordenó Pablo—. Ayúdanos a ponernos bien duros para follar a tu mujer.</p> <p>Me puse de rodillas frente a ellos. Primero cogí la polla de Pablo. Era gruesa, venosa, con la piel suave y la cabeza grande. La olí, ese olor a hombre mayor, y empecé a chuparla. La metí en la boca despacio, sintiendo cómo se hinchaba contra mi lengua mientras masajeaba sus huevos. Lamí toda la longitud, bajé a las bolas pesadas y las chupé una a una. Pablo gruñó y se puso completamente dura, gruesa y palpitante.</p> <p>Luego pasé a Ricardo. Su polla era más corta pero mucho más gruesa, con una cabeza enorme y morada. Tuve que abrir bien la boca para meterla. La chupé con ganas, moviendo la cabeza, lamiendo el frenillo, hasta que también se puso dura como una barra.</p> <p>—Buen lamepollas, tenías razón pablo —dijo Ricardo, dándome una palmada en la cabeza—. Ahora siéntate en el sillón y mira. No te toques la polla en toda la noche.</p> <p>Sonia estaba desnuda en el sofá, con las piernas abiertas. Pablo se tumbó y la sentó encima, empalándola de un solo golpe en su coño que al estar mojado entro como cuchillo en mantequilla. Sonia soltó un gemido largo y profundo cuando esa verga gruesa la abrió entera. Ricardo se colocó detrás, cogió un bote de lubricante y paso su dedo huntado varias veces sobre su ano y empezó a presionar.</p> <p>—Relájate, puta. Hoy te vamos a dar por los dos agujeros.</p> <p>Sonia jadeaba mientras Ricardo empujaba despacio. Vi cómo su ano se abría poco a poco, tragando ese dedo , para después desaparecer el segundo entrar y sacarlo , una vez dentro girar con ellos , cuando dio por echo que estaba lo suficientemente dilatada ,dio paso a su polla gruesa que a pesar de lo que parecía la introdujo despacio , primero el capullo, mientras ella permanecía inmóvil sobre don pablo, cuando logro entrar pero sin retroceder hasta chocar su pubis contra las nalgas . Cuando los dos estuvieron dentro, empezaron a moverse. Al principio despacio, coordinados: uno entraba mientras el otro salía. El coño y el ano de Sonia se estiraban visiblemente alrededor de sus vergas. El sonido era húmedo, carnoso, con pequeños chasquidos cuando sus huevos golpeaban contra ella.</p> <p>—Joder… me están llenando los dos… es demasiado… mirame cabron—gemía Sonia, con la cara desencajada de placer y esfuerzo entre orgasmos cortos.</p> <p>Pablo le agarraba las tetas y las apretaba fuerte, pellizcándole los pezones. Ricardo le daba cachetadas en el culo mientras empujaba más profundo. El ritmo fue aumentando. La follaban con embestidas más fuertes, haciendo que todo su cuerpo se sacudiera. Sudaban, gruñían, sus pollas entraban y salían brillando de jugos. En una de las embestidas más profundas, Sonia se corrió con fuerza, apretando los dos agujeros y soltando un chorrito de jugos que mojó el sofá.</p> <p>Yo miraba hipnotizado, sin tocarme, con la polla semi dura pero dolorosamente contenida.</p> <p>Cambaron de postura varias veces. En una, la pusieron a cuatro patas en el suelo. Pablo la follaba por el coño desde atrás mientras Ricardo le follaba la boca hasta la garganta, haciendo que le lloraran los ojos. Después la tumbaron de espaldas, con la cabeza colgando del sofá, y siguieron alternando.</p> <p>Finalmente, casi una hora después, llegaron al clímax. Pablo se corrió primero, gruñendo fuerte y bombeando varios chorros calientes y espesos dentro del coño de Sonia. Ricardo lo hizo poco después, llenándole el culo con semen abundante. Cuando sacaron sus pollas, ambos agujeros quedaron abiertos, rojos e hinchados, chorreando semen blanco espeso que bajaba por los muslos de Sonia.</p> <p>—Tu turno, cornudo —dijo Pablo, sentándose satisfecho.</p> <p>Me arrodillé entre las piernas de Sonia. Empecé por el coño: pegué mi boca y chupé con fuerza, sacando el semen espeso de Pablo con la lengua. Era caliente, salado, con ese sabor característico. Tragué todo lo que pude, metiendo la lengua lo más profundo posible para limpiarla bien. Sonia gemía de placer sensible.</p> <p>Luego pasé al ano. Lo lamí en círculos, metiendo la punta de la lengua dentro para sacar el semen de Ricardo. Era más espeso y tenía un sabor más fuerte. Chupé y tragué hasta que ambos agujeros quedaron limpios y brillantes de mi saliva.</p> <p>—Límpianos a nosotros también —ordenó Ricardo.</p> <p>Me giré y chupé sus pollas una a una con una sumisión y venerando tales fallos que habían hecho gozar a mi mujer , lamiendo los restos de semen, jugos y fluidos de Sonia. Las dejé limpias.</p> <p>Pablo me dio una palmada en la espalda.</p> <p>—Buen cornudo. La próxima vez será aún más duro. Y no te preocupes está vez tendrás tú ración de rabo.</p> <p>Sonia me miró desde el sofá, exhausta y satisfecha, y me acarició la cabeza.</p> <p>—Te quiero así… mi cornudito obediente.</p>

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