Xtories
DominaciónAug 2026

Teresa - el despertar de una mujer cautiva 02

Jane Cassey Mourin5.3K vistas9.1· 9 votos
<p>- ¡Date prisa, solo faltas tú! - me apuró Carmen en cuanto salí del ascensor, haciéndome apretar el paso mientras me tomaba de la mano y ambas avanzábamos en dirección de la sala de juntas, dejando de pasada mis cosas en mi escritorio - ¡¿Por qué llegaste tan tarde?! - me preguntó, desatando en mi cabeza los recuerdos de lo que pasó aquella mañana en mi casa, haciéndome revivir los gemidos de esa puta a la que mi esposo se cogió en la ducha por más de una hora, obligándome a esperar a que salieran para poderme bañar y al fin marcharme al trabajo.</p> <p>- Problemas con la ducha - respondí, sintiéndome afligida y enojada, sufriendo ese dolor en el estómago que durante ese fin de semana comenzó a ser muy habitual, porque ocurría cuando me sentía humillada y me acordaba de lo poco que mi esposo me valoraba.</p> <p>- Espera, no puedes entrar con la frente sudorosa - dijo mi amiga mientras nos deteníamos a la entrada de la sala de juntas, secándome el rostro y acomodándome el pelo antes de que respiráramos profundamente para tranquilizarnos y luego nos metiéramos en el salón, donde todos me miraron en cuanto crucé la puerta.</p> <p>- Lo siento, tuve un problema con… lo siento - me disculpé, completamente avergonzada, quedándome parada frente a mis compañeros y un par de directivos que estaban ahí.</p> <p>- No te preocupes, aún faltan unos minutos para la hora pactada, así que llegaste a tiempo - dijo un tipo que me tomó por sorpresa no solo con sus palabras y la estremecedora voz grave con la que las pronunció, sino también con la impactante e inesperada apariencia con la que logró hacerme perder la noción del lugar en el que me encontraba, recorriendo su cabeza rapada con mi mirada, abriendo mucho los ojos cuando noté que la mayor parte de su cuerpo (al menos lo que podía verse) estaba lleno de tatuajes, algo que ciertamente combinaba bien con sus orejas perforadas y ese atuendo que parecía más propio de un motociclista que de un directivo de la empresa.</p> <p>Cuán evidente fue mi sorpresa que ante mi reacción la mayoría de los ahí presentes dejaron salir algunas risillas, despertándome con ello de mi letargo y haciendo que me sintiera mucho más apenada por haber sido tan grosera con ese hombre.</p> <p>- ¡Lo siento! ¡Yo no…! ¡Yo solo…! - le dije a ese tipo mientras sentía cómo toda la cara se me ponía de mil colores. Él solamente sonrió divertido, ignorando mi grosería antes de que extendiera una mano en dirección de un par de lugares vacíos.</p> <p>- Por favor, tomen asiento para que podamos comenzar - comentó con una voz amable, pero con ese tono que haría saber a cualquier persona que él era quien estaba a cargo - bien, no quiero alargar mucho esta presentación porque no es mi intención quitarles el tiempo, y porque estoy seguro de que llegaremos a conocernos muy bien con el paso de los meses, así que por ahora solo me presentaré formalmente para iniciar nuestras labores. Mi nombre es Mauricio Torres y durante algún tiempo me haré cargo de la Dirección de Comunicación Social en la empresa, ¿Cuánto tiempo tendré el honor de estar por aquí? Eso dependerá de cuánto me tome entrenar a quien se quedará en este cargo. Una vez dicho esto, les suplico que por favor no me digan licenciado, maestro, doctor, jefe, ni nada de eso, en casa y entre mis amigos me suelen decir Morris, así que les agradecería que me llamaran de esa forma ¿Vale? Y bien, por ahora eso sería todo, así que les pido que regresen a sus lugares de trabajo y hagan lo que siempre hacen, porque en realidad mi sucesor hizo una labor excelente en esta empresa. Tengan un gran día - nos despidió, sin que yo hubiera podido superar la vergüenza que me provocó esa primera horrible impresión que seguramente mi nuevo jefe ahora tenía de mí, sin que quisiera moverme de mi lugar mientras los demás se levantaban, porque en realidad sentía una nada sana necesidad de disculparme con ese hombre quien parecía ser un buen tipo, alguien que no se merecía ser recibido con esa mirada juiciosa y poco cortés con la que lo recibí - tú eres Teresa, ¿Cierto? - dijo de pronto, haciéndome levantar la cabeza sin que me hubiera dado cuenta de en qué momento se colocó al otro lado de la mesa, asintiendo nerviosa, notando repentinamente algo en sus ojos que me hizo tragar saliva, antes de que el tipo sonriera y fuera a por una silla y una mochila para luego sentarse justo frente a mí.</p> <p>- Yo… lamento mucho lo que pasó cuando llegué, no quise ser irrespetuosa ni mucho menos, yo no… es que venía muy presionada por la hora y - balbuceé, sintiendo que mis pensamientos corrían más rápido de lo que mi boca era capaz de expresarlos.</p> <p>- ¡Oh, no! Por favor olvídalo, en realidad estoy acostumbrado a dar esa clase de primeras impresiones, no pasa nada - respondió de una manera relajada, tal vez incluso sonando un poco apenado al ver que no lograba controlar mis nervios, antes de que colocara una carpeta entre los dos, mientras de pronto me encontré a mí misma mirando sus labios sin poderme contener, porque no sé qué tenía ese chico que me hacía muy difícil quitarle los ojos de encima - escuché que tú eras la mano derecha de mi sucesor y los otros directivos tienen una muy buena opinión de ti, así que si no te importa voy a usarte para hacer mi vida mucho más fácil - dijo de pronto sin que yo lograra prestarle mucha atención, mientras él buscaba algo en su carpeta.</p> <p>- Yo… perdón, ¿Cómo dijo? - pregunté nerviosa, provocando que mi nuevo jefe apartara su atención de esos documentos que había estado observando y me mirara a los ojos, componiendo esa sonrisa encantadora que cada vez me gustaba más observar.</p> <p>- Pareces muy nerviosa ¿Está todo bien? Si quieres puedo darte algunos minutos para que te tomes un café o algo y luego vuelves aquí - expresó, haciendo gala de una amabilidad y una tranquilidad que no era común observar en ninguna persona, menos tratándose de uno de los directivos más importantes de una compañía.</p> <p>- No, quiero decir… yo… - suspiré con fuerza para tratar de calmarme, porque sabía que estaba dando todo un show y no quería que comportarme como una idiota fuera la razón de que me despidieran - lo siento, yo… la verdad es que desde que mi jefe anterior se fue, no he dejado de pensar que tal vez tenía los días contados en la empresa y… bueno, solo no quiero que me despidan - le respondí, guardándome para mí la otra parte de mi respuesta, aquella que tenía que ver con esa ramera que probablemente en aquellos momentos estaba tirada en mi cama mirando el televisor y gozando de lo lindo como si fuera la dueña.</p> <p>- Entiendo. Bueno, en lo que a mí concierne, puedes estar tranquila, porque mis planes con respecto de ti van en una dirección completamente distinta - comentó, antes de sacar un folder de plástico y entregármelo - como lo escuchaste en mi pequeño discurso, no es mi intención quedarme aquí para siempre, estoy en esta empresa porque me pidieron que entrenara a alguien para ocupar este puesto y ese alguien eres tú, por lo tanto, durante las siguientes semanas vamos a trabajar hombro con hombro mientras tomas una serie de cursos que la empresa te va a pagar, lo ideal hubiera sido mandarte a hacer una maestría, pero el tiempo en estas cosas es crucial, así que… - me explicó mientras lo miraba con los ojos muy abiertos y sintiendo cómo me temblaba la boca.</p> <p>- Perdón… ¿Dijo que yo…? ¿En serio quieren que yo…?</p> <p>- Sí, claro que tú - respondió un poco sorprendido, componiendo esa expresión extrañada que me dirigió, observándome como si lo que me acababa de decir fuera algo tan evidente que hubiera dado por hecho que yo lo sabía - a ver, el ser la mano derecha de mi sucesor te convirtió inmediatamente en mi mano derecha y también en la persona más adecuada para ocupar este cargo cuando me vaya, quiero decir, tienes una preparación sólida, en los años que has trabajado aquí has adquirido mucha experiencia y por supuesto que tienes el conocimiento para hacerte cargo de todo en esta dirección, así que no entiendo por qué te sorprendes tanto, o es que ¿Crees que alguien más podría hacer un mejor trabajo? - respondió, sin perder ese tono entre firme y amable que me hacía desear que no dejara de hablar y que también provocaba que me sintiera extrañamente atraída hacia él, una propensión que se vio aún más favorecida cuando noté sus manos y vi esas facciones fuertes en ellas, dándome cuenta de que ese hombre era en realidad muy parecido a mi marido, un detalle que me hizo creer que quizás el que me sintiera tan atraída por él tendría algo que ver con un cierto parecido que guardaba con Oscar por aquellos tiempos en los que las cosas andaban bien entre los dos - bien, una vez aclarado el punto pasemos a lo que sigue. En ese folder vas a encontrar todo lo que necesitas para registrarte en los cursos, todos son en línea, así que podrás hacerlos conforme vayas teniendo algo de tiempo, la idea es que los termines en un plazo máximo de seis meses, así que no es necesario apresurar tanto las cosas, y si tienes alguna duda estaré más que encantado en ayudarte. Por ahora será lo único que te pida que hagas y en realidad creo que este primer día va a ser uno muy tranquilo para los dos, porque las siguientes horas las voy a desperdiciar presentándome ante hombres aburridos de traje y corbata que… ¡Mira esa sonrisa! Creo que podría acostumbrarme a verte sonreír más seguido - exclamó cuando notó ese gesto en mis labios en respuesta a la forma como se dirigió a los otros directores de la empresa, haciendo que me sonrojara un poco y que se me escapara una risilla nerviosa que él compartió - bien por ahora es todo, ¿Vale? Si tienes alguna pregunta, apúntala en una libreta o algo y me la dices en un rato cuando regrese de esas insufribles reuniones ¿Vale?</p> <p>- Por supuesto, señor… Morris, así lo haré - corregí al recordar la petición que nos hizo antes de que ambos nos levantáramos de la mesa y nos dirigiéramos a la salida, donde él abrió la puerta para mí y luego me extendió su mano para que la estrechara, algo que hice de inmediato, sintiéndome de pronto muy acalorada cuando colocó su otra mano sobre la mía y me miró a los ojos con un brillo que no supe descifrar en aquel momento.</p> <p>- Ha sido un placer conocerte, Teresa, y de antemano agradezco todo el apoyo que me vas a brindar. Sé que haremos un excelente equipo juntos y te prometo que cuando todo esto termine estarás completamente lista para tomar las riendas de esta dirección - comentó, antes de que yo asintiera y me saliera de la sala de juntas, luchando con ese estremecedor temblor que sacudía mis piernas y tratando a marchas forzadas de entender qué demonios me estaba pasando, porque no era normal que me pusiera tan nerviosa ni que de pronto me sintiera tan acalorada por un simple apretón de manos, un estado alterado que de alguna manera me hacía sonreír, que cuando llegué al fin a mi lugar, me hizo preguntarme cómo era posible que me sintiera tan atraída por alguien a quien ni siquiera conocía.</p> <p>***</p> <p>- ¡Dios mío! ¡Qué calor está haciendo! - comentó Carmen mientras se sentaba a mi lado en el comedor, haciendo que despertara de mi letargo y le sonriera un poco desconcertada mientras miraba abajo y observaba mi comida, intacta, pues a pesar de que ya llevaba ahí unos minutos, no había probado bocado - ¿Y esa cara? ¿Qué pasó? ¿Te dijo algo malo tu nuevo jefe? - preguntó mostrándose muy preocupada.</p> <p>- No, para nada, Morris es un hombre increíble - solté sin prestar atención a mis palabras mientras tomaba una cuchara y removía mi sopa, antes de que notara la mirada sorprendida y esa sonrisa maliciosa que Carmen dibujó en sus labios - ¡No seas mal pensada! Me refiero a que… ¿Tú sabías eso de que me iban a entrenar para ser la directora? - le dije, saliéndome del cauce que había tomado aquella plática, pues de haber sido honesta, le hubiera tenido que decir que, desde que tuve aquella conversación con Morris, no había podido dejar de pensar en él ni en todas las cosas tan inesperadas que sentí cuando tomó mis manos de la forma como lo hizo. Carmen sonrió con un brillo de orgullo en sus ojos.</p> <p>- Claro que lo sabía, pero no quise decírtelo para que fuera una sorpresa, aunque creo que Morris tenía razón con eso de que no debía sorprenderte, porque eres la mejor para el puesto, así de simple…</p> <p>- ¿Cómo sabes lo que me dijo…? ¡Estuviste escuchando por el intercomunicador de la sala de…! ¡Un día te van a correr por estar haciendo esas cosas! - la regañé, sintiéndome muy avergonzada por un momento, hasta que entendí que a través del intercomunicador era imposible que hubiera notado la manera como reaccioné ante las cosas que ese hombre me dijo o que estuviera al tanto de la forma como batallé para apartar mi vista de los labios de mi jefe o lo mal que me puso el sentir sus manos tocando mi piel y…</p> <p>- Claro que no lo harán, y menos cuando te conviertas en una directora, amiga, ¡No sabes el gusto que me da!</p> <p>- Sí, a mí también me emociona - le respondí, sonriendo con ese aire soñador que contagió mi ánimo desde la charla que tuve con Morris, dedicándome luego a comer mientras escuchaba las anécdotas que mi amiga narró acerca de su fin de semana, pero sin poder sacarme de la cabeza a ese chico que con tan solo un par de detalles hizo que no pudiera dejar de pensar en él.</p> <p>El resto de la tarde transcurrió de una forma más o menos tranquila porque Morris no regresó a la oficina en varias horas, tiempo que aproveché en registrarme en esos cursos que debería completar y empezar con uno de ellos, logrando que la jornada se me hiciera un poco más llevadera hasta que Morris regresó unos minutos antes de la hora de la salida, un momento en el que me levanté de mi lugar y fui a su oficina para ver si se le ofrecía alguna cosa.</p> <p>- Buenas tardes, yo…</p> <p>- Pasa, Teresa, por favor, siéntate. Cuéntame qué tal vas con esos cursos, hace rato que pasé te vi muy concentrada en eso.</p> <p>- Bien, empecé con uno de imagen corporativa, es muy interesante, en realidad lo pasé muy bien haciéndolo - respondí, notando que el hombre parecía cansado y quizás un poco fastidiado - aunque creo que usted no lo pasó tan bien como yo.</p> <p>- No, claro que no - respondió con fastidio mientras recargaba la espalda en su sillón - no estoy acostumbrado a esta vieja forma de llevar una empresa. Son demasiado formales, muy protocolarios, pierden mucho tiempo en tonterías en vez de ir al grano, vamos a ver que yo pensé que las presentaciones me llevarían si acaso un par de horas, pero esto fue… no estoy hecho para esta clase de organizaciones, pero en fin, hay que adaptarse - dijo al final, sonriéndome de esa forma que para aquel momento ya había decidido que me encantaba observar, antes de que mirara su reloj de pulso (un detalle que en realidad me encantó presenciar, pues a pesar de ser tan joven no parecía ser un esclavo de su móvil) y se levantara para tomar sus cosas, entre las cuales estaba incluida una chaqueta de cuero y un casco de motociclista, una imagen que me hizo sonreír al pensar que mi primera impresión de ese hombre no estuvo tan errada - ¡Hora de irnos! Y me estoy muriendo de hambre ¿Conoces algún lugar donde vendan algo delicioso por aquí cerca?</p> <p>- Hay un restaurante a unas cuadras donde venden…</p> <p>- No, no, estoy pensando más en un lugar pequeño, no sé, un sitio donde vendan tacos muy buenos o algo así, necesito un platillo más grasoso y callejero, algo que me haga sonreír después del día que tuve - comentó, haciéndome reír un poco aunque en esa ocasión lo hice con cierto aire de sorpresa.</p> <p>- Usted no es la clase de directivo como los que suelen trabajar en esta empresa - comenté, más por impulso que por sensatez, aunque por fortuna aquel comentario lo hizo reír bastante.</p> <p>- ¡No, gracias a dios soy muy distinto! - exclamó antes de soltar una carcajada, teniendo para ese momento la mochila en los hombros y su casco en la mano - vamos, acompáñame al elevador, así tal vez evite que alguien me quiera hacer la plática hasta que llegue a mi moto, pero en cuanto a lo de la comida… - me incitó mientras empezábamos a caminar por el pasillo.</p> <p>- Bueno, no conozco un lugar tan callejero como el que quiere, pero…</p> <p>- Por favor, si no te molesta y no te ofende de alguna forma, háblame de tú, no soporto ese trato tan formal - me comentó poco antes de llegar al ascensor, deteniéndose a unos metros del tumulto de trabajadores que esperaban ahí.</p> <p>- Vale, sí, está bien. Como te decía - respondí, sintiéndome muy acalorada cuando me dirigí a él de esa manera tan informal y personal - no conozco algo tan callejero como lo que describiste, pero hay una fonda muy popular, la atiende una familia y la comida ahí es deliciosa, está exactamente atrás de la empresa y generalmente siempre tienen algo rico de comer sin importar la hora a la que uno vaya.</p> <p>- Suena fantástico ¿Tú ya comiste? - preguntó justo antes de que sonara la chicharra que anunciaba la apertura de las puertas.</p> <p>- Sí, en el comedor de la empresa, gracias.</p> <p>- Vale, entonces seguiré tu consejo. Nos vemos mañana Teresa. Pasa una gran tarde - se despidió, apretándome ligeramente el brazo a la altura del hombro, haciendo que una vez más me pusiera nerviosa mientras le sonreía como idiota, demorando unos segundos aquellas palabras que al final salieron apresuradas de mi boca y con un tono más alto de lo que me hubiera hecho sentir cómoda.</p> <p>- ¡Que descanse…! ¡Que descanses! - me despedí, viendo cómo me sonreía mientras se cerraban las puertas y la cara se me ponía color de hormiga, regresando después a mi lugar sin poder controlar la clase de cosas que ese hombre me hacía sentir con detalles tan insignificantes como esa forma gentil pero que resultó tan íntima con la que me tocó el brazo, llenándome de sensaciones que no parecían muy apropiadas al ser mi jefe quien las provocó, las mismas que me acompañaron de regreso a casa, que hicieron que en un par de ocasiones alguien tuviera que tocarme la bocina para que avanzara cuando un par de semáforos se pusieron en verde, porque en mi cabeza no había espacio para nada más que para repasar cada minuto en el que estuve cerca de ese hombre que me hacía sentir muy bien con solo saber que al día siguiente lo volvería a ver.</p> <p>Lamentablemente, en cuanto abrí la puerta de la casa un nuevo golpe de realidad me regresó a mi mundo al escuchar esos sonidos provenientes de la sala que me dieron a entender lo que estaba pasando sin necesidad de que lo viera, confirmando mis sospechas cuando vi a mi marido tumbado en uno de los sillones mientras la cabeza de esa golfa subía y bajaba, comiéndose el pene de mi esposo sin detenerse, provocando esos sonidos babosos y guturales que se le escapaban mientras complacía a Oscar, viéndome obligada a tragarme mi coraje ante el miedo que me provocaba hacer enojar a mi esposo, a pesar de lo mucho que me dolía comprobar una vez más lo poco que yo le importaba.</p> <p>- Ya llegué - dije sin más antes de subir a mi recámara para cambiarme, tomándome mi tiempo con la intención de que cuando volviera a bajar ya hubieran terminado, no obstante, cuando al fin regresé a la sala Candy montaba a mi esposo y gemía como loca moviendo el trasero mientras Oscar le mamaba los senos, una escena que no quise contemplar por más de lo que me tomó pasar de largo y meterme en la cocina para prepararme un café y un emparedado de miel con fresas, antes de subir a mi alcoba para comérmelo ahí mientras miraba algo en el televisor, aunque en realidad los gemidos de Candy y los gruñidos de mi esposo convertían la tarea de distraerme en algo prácticamente imposible.</p> <p>Con todo y todo, después de que me terminé mi cena, me cepillé el cabello y me dispuse a dormir, a pesar de que los sonidos provenientes de la sala no cesaban y de que una vez más mi cabeza navegaba por los recuerdos de lo que viví con Morris, ese chico que me había cautivado sin proponérselo, con esa forma tan relajada y auténtica de dirigirse por el mundo que resultaba refrescante en una empresa en la que claramente él desentonaba por donde quiera que se le viera, un pensamiento que me hizo reír un poco mientras mantenía mis ojos cerrados, antes de que pensara una vez más en la manera como me costaba apartar la mirada de sus labios, preguntándome cómo besaría, imaginando de pronto una escena en la que eso pasaba entre los dos, añadiéndole el morbo que suponía el que lo hiciéramos en la sala de juntas o quizás en su oficina, dejándome llevar por esas ocurrencias hipotéticas de una forma tan inmersiva que logré desconectarme de lo que pasaba en mi casa de una manera tan efectiva que ni siquiera noté en qué momento los ruidos dejaron de escucharse, hasta que de pronto mi marido irrumpió en la habitación, interfiriendo en aquella fantasía que estaba teniendo cuando noté esa peste a sudor y sexo que acompañó su llegada, provocándome para que mantuviera cerrados los ojos mientras él se metía bajo las sábanas y yo rogaba para que hubiera tenido suficiente con esa ramera y me dejara en paz.</p> <p>- Ven aquí, no creas que te voy a descuidar por estar con ella. Después de todo tú eres mi esposa y no voy a dejar que te duermas sin haberte dado lo tuyo - comentó con ese tono vulgar y entrecortado que me hizo saber que estuvo bebiendo, antes de que lo sintiera tomándome de las caderas para obligarme a apretar el trasero contra su miembro, teniendo que resignarme ante lo que pasaría, sintiendo de pronto un dolorcito en el estómago cuando se me ocurrió hacer algo atrevido, algo que jamás pensé que me vería obligada a hacer para soportar el estar íntimamente con mi marido, quien tiró de los pantalones de mi pijama para desnudar mi trasero antes de que sintiera su mano entrometiéndose entre mis piernas - ¡Carajo! ¡Sí que eres una zorra! ¡Estás empapada! ¡Al parecer te encanta escuchar los gemidos de mi novia!</p> <p>Las palabras de mi esposo me hicieron abrir mucho los ojos cuando entendí el efecto que tuvo el imaginarme besando a mi jefe, algo que en realidad resultaba sorprendente porque incluso en mis fantasías solamente llegamos a los besos, pero en aquel momento yo estaba tan mojada que no entendía cómo era posible que un hombre me pusiera tan mal, una incógnita que no pude atender de inmediato porque mi esposo me penetró de golpe, entrando en mi cuerpo sin la más mínima dificultad mientras yo cerraba los ojos y extendía aquella fantasía que tuvo lugar antes de que mi esposo entrara en la recámara, la misma que en aquel instante se convirtió en una escena en la que Morris me tenía empinada contra un escritorio y me penetraba desde atrás, aplastándome el trasero con sus fuertes embestidas, metiéndome las manos bajo la blusa, tocándome los senos de esa forma brusca que al tratarse de mi nuevo jefe no me molestó, sintiendo cómo mi cuerpo se dejaba seducir por la idea de que fuera mi jefe y no mi esposo quien me penetraba, experimentando esos estremecimientos que me atacaron una y otra vez, que me hicieron mover las caderas con vigor y retirar su mano de mi seno para llevarla hacia abajo y hacer que me acariciara el clítoris, escuchando los gemidos que salían de mi boca sin contenerse mientras la respiración de mi amante refrescaba mis oídos de esa forma tan sensual que me hacía retorcerme ante el cosquilleo que me provocaba.</p> <p>- ¡Así me gusta, puta! ¡Eres mía! ¡Lo sabes! ¡Soy tu dueño, zorra de mierda! - escuché, sin dejar que aquella fantasía se rompiera, sintiendo cómo toda la piel se me electrizaba cuando le respondí a sus palabras, al tiempo que mis caderas enloquecían y sentía cómo un par de dedos con sabor a mis fluidos se metían en mi boca.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Soy tuya! ¡Ahhh! ¡Soy toda tuya! - grité, pensando en mi jefe, fingiendo que era su pene el que entraba y salía de mi cuerpo, que eran sus dedos los que mamaba como si de un carnoso y delicioso miembro se tratara, que eran sus labios los que me chupaban el cuello y los hombros, llevándome a mí misma a un orgasmo sin precedentes que a su vez hizo que mi marido estallara en mi vientre, sin haber durado más de unos pocos minutos ahí dentro, saliéndose de mi cuerpo antes de que yo terminara de venirme, marchándose de la recámara entre las risas con las que se burló de mí, mientras yo no escuchaba de sus palabras nada más que aquella parte en la que me dijo que se iría a dormir con Candy, provocando que una sonrisa lasciva y morbosa se dibujara en mis labios al ser consciente del efecto que las fantasías con mi nuevo jefe estaban teniendo en mis pensamientos y en mi cuerpo, algo que quise explorar un poco más, que cuando al fin me calmé, me hizo levantarme de la cama para buscar mi viejo consolador, un tuvo de lubricante y recostarme de nuevo decidida a explorar tanto como pudiera la clase de cosas que el recuerdo de ese chico podría provocarme mientras me masturbaba pensando en todo lo que podría hacer con él.</p> <p>                             </p> <p><strong>Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha terminado) o adquiriendo el primer tomo de la serie en AMAZON (capítulos 1 - 5) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.</strong></p>

Continúa en