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DominaciónSep 2026

Teresa - el despertar de una mujer cautiva 03

Jane Cassey Mourin3.3K vistas9.0· 6 votos
<p>- Me voy a trabajar. Candy se quedará en casa, así que atiéndela mientras estés aquí y no quiero que la trates mal ¿Entendido? - me ordenó Oscar cuando me encontré con él a mitad del pasillo mientras me dirigía al baño, recibiendo un distraído asentimiento de cabeza de mi parte, sin que me detuviera o hiciera algo más que pasar a un lado de mi esposo, y no era que de pronto me hubiera dejado de importar la presencia de esa zorra en mi casa o que no temiera las consecuencias que podría tener el no obedecer la orden de mi marido, pero lo que estaba pasando en mi cabeza era mucho más urgente de atender que sus esfuerzos por humillarme una vez más.</p> <p>Y cómo podría no ser así si lo que pasó la noche anterior me había afectado mucho, no solo por haber estado pensando en mi jefe mientras mi esposo me penetraba, sino principalmente por el hecho de que el hacerlo provocó que no me bastara con lo que me hizo mi marido para aplacar mi excitación, viéndome obligada a masturbarme varias veces para sofocar ese calor que me incendiaba por dentro, un hecho que durante aquella mañana me hizo preguntarme una y otra vez ¿Qué diablos estaba pasando conmigo? Y ¿Cómo era posible que un hombre me hiciera desearlo tanto sin siquiera haber hecho nada en particular para lograrlo? Porque definitivamente no era normal que me sintiera tan atraída por un desconocido ni mucho menos que lo deseara de esa manera tan morbosa e intensa.</p> <p>Sí, estaba preocupada por lo que sentía y tan obstinada en pensar en ello que cuando al fin estuve lista para irme a trabajar y me metí en la cocina, casi paso por alto el hecho de que ahí se encontrara la nueva puta de mi marido, algo que no pasó tan solo porque esa zorra abrió la boca mientras llenaba mi termo con café.</p> <p>- Al fin te apareces. Oscar me dijo que tú me atenderías, así que para desayunar quiero un par de huevos fritos, pan tostado y… - comenzó a decir, haciendo que la mirara de reojo antes de que abriera el refrigerador para sacar el recipiente donde guardaba jamón y queso para luego ponerlo frente a ella junto a una bolsa de pan, sin decirle nada, regresando de inmediato a mi termo para cerrarlo y disponerme a marcharme, hasta que una vez más esa ramera volvió a abrir la boca - ¿Sabes algo? No creo que Oscar esté de acuerdo con este trato, porque escuché que él te ordenó que me atendieras y… mira, yo entiendo que te resistas a aceptar el nuevo orden de las cosas, pero tienes que entender que tu tiempo terminó, porque ambas sabemos que Oscar me prefiere a mí, así que hazte un favor y no compliques innecesariamente tu vida, cariño.</p> <p>- ¿Así que él te prefiere, eh, cariño? - le pregunté sin que pudiera contener aquella risilla que se me escapó - ¿Y cuánto tiempo crees que eso dure? Porque no creo que seas tan estúpida como para creer que te va a tomar en serio después de haberte sacado del congal del que te sacó ¿O sí? - le espeté, dando media vuelta para encontrarme con la mirada de odio que esa estúpida me dirigió - llevo muchos años casada con él, muchos, los suficientes como para saber que para Oscar no eres nada más que un juguete nuevo al que no va a soltar por algunos días, tal vez semanas, un periodo de tiempo en el que te va a hacer sentir como la reina de su mundo hasta que se canse de ti y te conviertas en el premio de sus apuestas o empiece a golpearte cuando no lo obedezcas o cuando crea que te estás dando una importancia que no tienes. No eres ni la primera ni la única mujer con la que hace eso, así que te sugiero que no te sientas especial, porque el que estés con él no te va a resolver la vida y tarde o temprano te desechará como a las otras - le dije, viendo la inseguridad que de pronto brilló en sus ojos, notando con algo de orgullo cómo esas ínfulas que se dio cuando llegué a la cocina, parecían desvanecerse de una forma tan triste que casi siento un poco de pena por esa mocosa - que tengas un buen día, Candy -  me despedí, saliendo en segundos de mi casa para dirigirme al trabajo, dejando que mis pensamientos volvieran a concentrarse en Morris y en la clase de cosas con las que fantaseaba hacer con ese tipo, pensamientos que no desaparecieron de mi cabeza ni siquiera cuando llegué a la oficina ni tampoco al estar frente a él.</p> <p>- Hoy me acompañarás a recorrer la empresa. Sé que ya hice algo parecido con los directivos, pero me interesa ver lo que hacen en cada departamento y cada área del corporativo, quiero que me presentes a los trabajadores de mediano y bajo perfil y hablar con ellos para conocer algunos detalles de la operación de la compañía ¿Está bien? - explicó poco después de que entrara en su oficina, llamando mi atención al notar que para ese día se había vestido de una forma más apropiada con respecto del puesto que ejercía en la empresa.</p> <p>- Sí, por supuesto - respondí, sin poder evitar ese temblor en las manos ni aquel incipiente dolor en el estómago que me provocaba el estar tan cerca de ese hombre.</p> <p>- Entonces vámonos - ordenó antes de que saliéramos de su oficina para pasar el día entero recorriendo la empresa, presentándolo con compañeros de todas las áreas quienes amablemente dedicaron algunos minutos a la tarea de explicarle lo que pasaba en cada departamento y respondieron todas y cada una de las preguntas que mi jefe les hizo, todo ello mientras yo estaba a su lado, sintiéndome cada vez más atraída por ese hombre cuyo puesto no parecía motivarlo a comportarse con superioridad frente a obreros o trabajadores de bajo perfil, pues trataba a todos con la misma amabilidad y educación, sin distinciones, un detalle que continuamente me hacía mirarlo de una forma embelesada y sonreír nerviosa ante las atenciones que tenía con gente a quien ni siquiera conocía, reacciones que obviamente traté de controlar para evitar que alguien notara cómo me ponía y se hicieran chismes entre los trabajadores, aunque admito que no me resultaba sencillo, razón por la cual me sentí bastante aliviada cuando al fin terminamos con esa excursión que nos llevó prácticamente toda la mañana.</p> <p>- Gracias por ese recorrido Teresa, fue muy ilustrativo - dijo Morris cuando al fin regresamos a su oficina, mientras se dejaba caer en su sillón y miraba su celular - es importante conocer la estructura de la empresa, nunca sabes cuándo podrías necesitar de alguno de los departamentos así que… bueno, pero cómo te digo esto a ti si pareces conocer esta organización mejor que nadie - comentó con un aire de orgullo, haciendo que me ruborizara un poco mientras sonreía como niña tonta y él miraba el reloj en su muñeca, resoplando cuando notó que ya no era tan temprano - diablos, ese recorrido nos llevó toda la mañana y ya se nos pasó la hora de la comida, así que ¿Me dejas que te invite a comer? Porque a esta hora dudo mucho que quede algo decente en el comedor de la empresa así que… ¿Qué me dices? - preguntó, creo que sin ninguna otra intención que ser un buen jefe, no obstante, aquella invitación hizo que el estómago me doliera y que sonriera como idiota, algo que por fortuna logré controlar antes de que Morris volviera a mirarme.</p> <p>- Sí, gracias, la verdad ya tengo mucha hambre - le respondí, robándole una sonrisa antes de que se levantara y caminara hacia el perchero para sacar una cartera de la chamarra que ahí se encontraba colgada.</p> <p>- Si quiere podemos ir en mi auto. No me lo tome a mal, pero no me agrada la idea de viajar en moto - le dije un poco preocupada, escuchando cómo una risa divertida salía de su boca.</p> <p>- No te preocupes por eso, hoy vine al trabajo en mi auto y creo que lo seguiré haciendo, parece que a los otros directivos les interesa guardar una cierta imagen dentro de la empresa y no quiero ir en contra de esa clase de políticas. Vamos, me recomendaron un lugar de comida italiana que dicen que está bastante bien - me apuró para salir de su despacho, sintiendo la necesidad de apresurarme para recoger mi bolso de mi lugar y reunirme poco después con él a las afueras del ascensor.</p> <p>Muy acorde a su personalidad, durante el camino Morris inició una charla que navegó por temas de música, cine, libros e historias de la universidad, cosas impersonales, sin hacer el más mínimo intento de averiguar aspectos de mi vida o de mi familia, una consideración con la cual hizo que poco a poco me fuera sintiendo menos nerviosa al estar con él, y es que la verdad parecía estar más cómodo adoptando el rol de un amigo que el de mi jefe, brindándome una cierta cantidad de confianza y familiaridad que me hizo sentir un poquito vulnerable al estar tan cerca de él, porque el trato que me daba no era algo a lo que estuviera acostumbrada y la verdad es que no le hacía falta esforzarse mucho para que me sintiera cada vez más atraída por ese hombre mientras disfrutaba del aroma de su loción y continuamente veía sus labios cuando hablaba.</p> <p>Sé que no era correcto que me sintiera de esa forma hacia ese hombre porque se trataba de mi jefe, pero de verdad que no me era posible controlar esa clase de impulsos que me llevaban a desearlo y fantasear con escenas muy sucias siendo Morris el protagonista de cada una de aquellas perversiones, algo que incluso ocurrió mientras íbamos en su auto, haciendo que una y otra vez me ruborizara, rogando para que no se diera cuenta de cómo me ponía y me preguntara qué era lo que estaba pasando conmigo.</p> <p>Y como si la atracción que sentía por él fuera poca cosa, el que se comportara como un caballero conmigo no me hacía más fácil controlar mis impulsos, porque después de tantos años del descuidado y a veces humillante trato que mi esposo me brindaba, resultaba cautivador que el chico me abriera la puerta, me ofreciera una silla y me brindara la clase de detalles que no había recibido de ningún hombre en mucho tiempo, haciéndome sentir especial, importante y de alguna manera halagada al notar que un tipo tan atractivo se tomaba esa clase de molestias por mí.</p> <p>Durante la comida la plática no se desvió demasiado de aquellos temas triviales que tocamos en el auto, al menos no  fue así hasta que me preguntó cuáles eran mis ambiciones y qué tan lejos quería llegar en la empresa, un cuestionamiento que me hizo mirar durante algunos minutos ese postre de helado con chocolate y fresas que tenía frente a mí, sin decir una palabra porque en realidad hacía mucho que no pensaba en qué era lo que quería, porque… bueno, creo que desde años atrás no me había creído lo suficientemente buena en nada como para merecer soñar con una vida distinta a la que tenía.</p> <p>- En realidad no lo sé - contesté, sintiéndome un poco abrumada.</p> <p>- Vamos, no seas tímida, siempre hay algo que queremos. Puedes decírmelo, sin importar lo que sea.</p> <p>- No, yo… a ver, es que cuando estaba en la universidad sí que tenía muchos sueños, quería viajar y conocer otros países, pero luego, una vez que salí al mundo real… - una serie de escenas se proyectaron en mi cabeza, recordándome todos aquellos momentos en los que recibía alguna clase de paliza de parte de mi marido o esos instantes en los que me hacía sentir humillada, provocando que no pudiera siquiera soñar con algo mejor de lo que tenía. Sí, por aquellos días en realidad estaba convencida de que no me merecía ser nada más de lo que ya era - las cosas no son tan fáciles cuando te enfrentas a la vida real y tarde o temprano entendí que mis aspiraciones no correspondían a mis capacidades reales, así que…</p> <p>- Eso suena demasiado deprimente y la verdad es que no estoy de acuerdo contigo - comentó sin mirarme a los ojos, dándole un gran bocado a ese pastel de queso que tenía frente a él - mírate a ti misma, en este momento estás siendo entrenada para ser una directiva en una empresa enorme, y la verdad es que, si bien aun no te conozco bien, tus números, referencias y lo que he visto que sabes hacer, me hacen creer que pudiste haber optado por competir por una dirección desde hace mucho tiempo, en esta o en cualquier otra empresa, porque eres buena en lo que haces, muy buena en realidad; así que no demerites tus alcances y no cometas el error de poner límites a tu potencial, es importante que te des el valor que te corresponde y nada menos que eso - dijo como si aquello fuera la cosa más obvia que hubiera dicho en su vida, pero para mí sus palabras representaron lo más lindo, amable y halagador que había escuchado en mucho tiempo, algo que me hizo mirar a ese hombre de una forma diferente, que me hizo sonreírle a pesar de sentir aquel nudo en mi garganta que me torturó un poco ante el hecho de que un hombre apreciara mi trabajo y lo que yo era, porque a diferencia de mi esposo, ese chico a quien le llevaba probablemente más de diez años parecía dar por hecho que yo era una mujer increíble y no solo una herramienta o una molestia.</p> <p>- Sí, quizás tengas razón - respondí con timidez, dándole un primer bocado a ese postre que resultó tan delicioso que casi me hace vivir una experiencia erótica cuando lo probé.</p> <p>- Claro que la tengo, ya lo verás, esa dirección será el primer paso en una carrera impresionante para ti, no tengo dudas al respecto - comentó, mirándome en aquel instante, dibujando una sonrisa encantadora antes de que retomáramos cualquier cantidad de temas intrascendentes, sintiéndonos tan a gusto que Morris decidió pedir un par de copas de vino para hacer un poco de sobremesa y extender esas charlas tan amenas que mantuvimos, haciéndome creer que él en realidad me consideraba una persona valiosa e interesante, algo que no había experimentado desde muchos años atrás.</p> <p>- Creo que no debí tomarme esa copa de vino - le comenté mientras salíamos del restaurante, sintiéndome un poco mareada, no demasiado, pero lo bastante como para que Morris decidiera tomarme del brazo para asegurarse de que no tuviera un accidente.</p> <p>- Sí, creo que esa copa de vino fue un error después de toda el azúcar que consumimos, pero hay que reconocer que el sitio es estupendo, la comida fue deliciosa y en general el ambiente fue bastante agradable. Creo que regresaré muy pronto.</p> <p>- Y ni hablar de la compañía, esa sí que fue insuperable - dije sin pensarlo, dándome cuenta de lo que dejaban entrever mis palabras hasta el momento en el que ya habían salido de mi boca, sintiendo la necesidad de decir algo para rectificar las cosas, pero por desgracia, o quizás por fortuna, Morris dijo algo con lo que me robó el aliento y logró que mi cordura trastabillara.</p> <p>- No podría estar más de acuerdo contigo, Teresa, la compañía fue lo mejor de mi tarde - comentó justo cuando llegamos a su auto, estando los dos a un lado de la puerta del copiloto, quedando frente a frente, haciéndome mirar sus ojos, sintiéndome tan atraída por ese chico que no pude evitar mirar sus labios mientras respiraba más agitada de lo que sería normal y sentía su mano tomándome del brazo con suavidad, queriendo acortar la distancia entre los dos, sintiendo ese algo imperturbable que me hizo cerrar los ojos y acercarme un poco más a él, experimentando cómo mi nariz hacía contacto con su rostro sin que él se moviera, sintiendo su aliento cerca de mi boca, siendo la sensación de ese aire tibio lo que me motivó a provocar con algo de torpeza ese pico que le di en la comisura de los labios, antes de que volviera a besarlo con timidez, atinando en esa nueva ocasión en el objetivo que había buscado, sintiendo cómo él respondía a ese gesto, experimentando sus manos en mi cintura, estremeciéndome cuando mi jefe abrió un poco la boca y nuestras lenguas iniciaron ese jugueteo coqueto con el que de pronto me sentí mucho más excitada y atrevida de lo que sería correcto sentirse al estar con mi superior, dejando que aquel beso continuara sin tratar siquiera de detenerme hasta que el sonido de un auto saliendo del estacionamiento nos hizo separarnos y de pronto me encontré mirándolo a los ojos, contemplando ese brillo de deseo que yacía en sus pupilas, sintiéndome repentinamente asustada, obligándome a dar un paso atrás mientras mis ojos permanecían abiertos como platos y sentía la forma tan inestable con la que mis manos temblaban.</p> <p>- Lo siento, yo… no debí… yo… lo siento - balbuceé antes de escapar de su lado, saliendo a la calle, tomando mi celular para pedir un uber sin hacer caso de las palabras que me dijo y que no llegué a entender, necesitando regresar de inmediato a la empresa para meterme en mi auto e ir a casa, porque en aquel momento no era una buena idea permanecer en la oficina, porque no quería volver a encontrarme con ese hombre tan hermoso antes de regresar a casa, pues temía que esa atracción que sentía por ese encantador chico, pudiera llevarme a buscar algo mucho más íntimo que darle un beso en el estacionamiento de un restaurante.</p> <p>***</p> <p>- Amiga ¿En dónde te metiste todo el día? Después de que te fuiste con Morris en la mañana ya no te vi - dijo Carmen a mis espaldas mientras yo lidiaba con la tarea de abrir la puerta de mi auto, una que lucía mucho más difícil de lo común pues las manos me temblaban tanto que resultaba casi imposible meter la llave en la cerradura.</p> <p>- Fui a comer con mi jefe. Tuvimos un día difícil y… no me veas con esa cara, por favor, hoy no estoy para juegos - le dije cuando noté esa sonrisa insinuante con la que me observó durante unos segundos, una expresión que se convirtió en gestos de sorpresa y preocupación de un momento a otro.</p> <p>- Amiga, lo siento, no quería molestarte, pero… ¿Estás bien? Luces muy alterada - dijo justo un segundo antes de que las llaves se me cayeran y recargara mis manos en el toldo del coche, tratando de calmarme, de no sentir la clase de cosas que me provocaba Morris, como si yo en realidad hubiera tenido la capacidad de controlar tan intensas emociones.</p> <p>Carmen se agachó a tomar mis llaves y se quedó un momento parada a mi lado, sin decirme nada, solo estando ahí para acompañarme hasta que me tranquilicé y logré hacer que las manos dejaran de temblarme de la forma como lo hacían.</p> <p>- ¿Qué pasó amiga? ¿Te hizo algo? ¿Quieres que…?</p> <p>- No, no, nada de eso, es solo que… me siento muy presionada por hacer las cosas de la mejor manera posible - mentí, tratando de encontrar una excusa que justificara mi comportamientos sin tener que decirle que me estaba volviendo loca por mi jefe - necesito dar lo mejor de mí, pero la verdad es que no me siento con la confianza de hacer un buen papel, no lo sé, quizás debieron escoger a alguien más o…</p> <p>- Amiga, no hay nadie mejor que tú para ese puesto - dijo con seguridad, tomándome la mano para colocar las llaves en ella - incluso escuché a mi jefe el otro día diciendo que si tú no aceptabas el puesto tendrían un problema pues no querían a nadie que no fuera de confianza, así que cálmate, porque lo harás bien, solo tienes que poner el mismo empeño que le has puesto a tu trabajo durante los últimos años, además, no es como si el trabajo te fuera desconocido, porque durante los últimos meses tú te encargaste de la dirección porque tu jefe se la pasaba pidiendo licencias para tramitar su jubilación, así que confía en ti misma porque mereces ese ascenso y sé que lo harás muy bien, todos los sabemos, bueno, todos menos tú, al parecer - dijo en un tono juguetón antes de abrazarme.</p> <p>- Gracias, creo que necesitaba mucho de ese abrazo.</p> <p>- Cuando quieras, mis abrazos son muy exclusivos ¿Sabes? Pero a ti te daría los que me pidieras - bromeó, haciéndome reír antes de que nos despidiéramos y yo me subiera al auto, sintiéndome incómoda en el trayecto pues en la medida en que recordaba lo delicioso que fue besar los labios de Morris, podía sentir cómo mis bragas se iban humedeciendo cada vez más, haciéndome suspirar de tanto en tanto, queriendo llegar a casa para meterme en la ducha o bajo las cobijas y masturbarme hasta estallar en un orgasmo y otro y todos los que fueran necesarios para hacerme olvidar al menos por un momento lo rico que me besó y lo mucho que deseé que aquellos besos avanzaran a algo mucho más íntimo.</p> <p>Por desgracia, mis planes pronto se vieron obstaculizados cuando llegué a casa y noté que en la calle había algunos autos estacionados, señal de que Oscar había regresado y de que no se encontraba solo, una escena que me hizo entender que esa noche no terminaría pronto, que seguramente algo en su trabajo había salido muy bien y llevó a sus trabajadores para celebrar una pequeña victoria o que estaba con algunos clientes para cerrar un acuerdo entre mis piernas.</p> <p>- ¡Al fin llegó mi mujer! - gritó Oscar con júbilo, dejando que su voz rasposa y atontada resonara por los muros de la casa mientras yo avanzaba en dirección de la sala, encontrándome con la imagen de Candy sentada en las piernas de mi marido, viendo cómo me observaba con una expresión de alivio y se iba relajando segundo a segundo al verme en casa - casi hago que Candy atienda a los chicos, pero me alegra que llegaras, cariño. Hoy te encargarás de cumplir los caprichos de los muchachos porque hicieron un trabajo estupendo. Quiero que los complazcas en todo lo que te pidan ¿Está claro? - dijo mi esposo con ese tono de advertencia al que había aprendido a temer después de muchas palizas, pero, a diferencia de otras veces en las que me obligó a entregarme a otros hombres, esa noche la idea ciertamente no me pareció del todo desagradable, porque estaba tan caliente que no lo soportaba, un estado que de alguna manera me llevó a pensar que sería mucho mejor ser penetrada por esos tipos que satisfacer mis apetitos con un pene de plástico o con mis dedos en la soledad de mi cuarto.</p> <p>- Por supuesto, cariño - le respondí, dejando mi bolso en una mesa de la sala, quitándome mi chaqueta para colgarla en un perchero mientras sentía ese incontrolable temblor en mis piernas y trataba de tranquilizarme para no verme demasiado ansiosa o entusiasta ante la orden que acababa de darme mi marido.</p> <p>- Empieza por traernos algunas cervezas y algo de botana - dijo mi esposo antes de que yo asintiera y diera media vuelta en dirección a la cocina.</p> <p>- Yo te acompaño - se ofreció alguno de sus trabajadores, haciéndome sonreír por dentro mientras de pronto me sentía tal vez demasiado dispuesta a complacerlo, algo que me esforcé por no demostrar frente a Oscar porque sabía que a mi marido lo que menos le importaban eran las bebidas y la comida, pues el mayor placer que él podía tener era verme humillada siendo sus trabajadores el instrumento que usaría para degradarme.</p> <p>Tal y como supuse que pasaría, el tipo que entró conmigo en la cocina no se demoró más de unos pocos segundos en poner sus manos en mi cintura y pegarse a mi cuerpo por detrás, sin permitir que dijera algo antes de que sus manos se metieran por debajo de mi falda y la levantara mientras yo me detenía al llegar a la mesa de preparaciones, colocando mis manos en la superficie de mármol, quedándome muy quieta después de haberme inclinado un poco hacia el frente, sintiendo cómo ese sujeto me arrancaba las bragas de esa forma tosca y violenta como las rompió antes de llevárselas a la nariz y olerlas.</p> <p>- ¡Carajo! ¿Cómo es que están tan mojadas, preciosa? ¿Acaso te estuviste portando mal antes de venir aquí? - susurró cerca de mi oído, haciendo que mi cara se acalorara mucho mientras sentía esa ventisca de aire que se colaba por entre mis piernas, antes de que disfrutara de la forma como ese tipo colocaba sus dedos entre mis labios y los metía con una facilidad cautivadora.</p> <p>- ¿Quieres que te responda o prefieres aprovechar tu tiempo conmigo? - le respondí sin más, sin voltear a verlo, escuchando cómo se reía mientras sus dedos jugaban al interior de mi vagina, haciendo que mis brazos parecieran debilitarse mientras de mi boca escapaban algunos gemidos.</p> <p>- Tus bragas huelen delicioso. Las conservaré para acariciarme con ellas cuando quiera recordar este momento.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Son todas tuyas! ¡Ahhh! ¡Pero apresúrate y penétrame de una buena vez y…! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Y no digas nada de lo mojada que estaba! ¡Ahhh! ¡Deja que ese sea nuestro secreto ¿Sí?! ¡Ahhh! - dije en susurros, gimiendo por lo bajo mientras mis caderas se sacudían al ritmo con el que ese chico movía sus dedos en el interior de mi coño, escuchando esa risa que salió de su boca antes de que oyera el sonido del cierre de su pantalón al deslizarse hacia abajo y disfrutara de la sensación que me hizo estremecer por completo cuando ese cabrón deslizó su pene entre mis labios sin penetrarme, recorriendo mi raja con su glande, provocándome esa desesperación que me hizo empujar el culo hacia atrás en el momento exacto para obligarlo a meterme su pene sin tantos rodeos, robándole ese gemido que compartió conmigo cuando sintió la forma como su sexo era abrazado por la húmeda calidez de mi vagina, quedándose luego muy quieto al sentir cómo movía las caderas para él, haciendo que su miembro entrara y saliera de mi cuerpo sin detenerse, apretando los músculos de mi coño para complacerlo en cada ir y venir que ejecutó mi trasero, sintiendo cómo metía sus manos debajo de mi cuerpo para tocarme los senos por encima de mi ropa, disfrutando de cada momento en el que me hacía estremecer con sus caricias y sus gemidos mientras yo cerraba los ojos y me concentraba en pensar en Morris, en lo rico que se sintió besarlo y en lo delicioso que sería que ese chico estuviera ocupando el lugar del tarado que en aquel momento me penetraba.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Siempre es una delicia meterte la verga, Teresa! ¡Pero nunca habías estado tan dispuesta! ¡Ahhh! ¡Conociste a alguien! ¿Cierto? Algún tipo de tu trabajo te puso así de cachonda ¿No? - insistió ese idiota, tratando de averiguar algo que no debía saber, arruinándome un poco el momento al insistir en abrir la boca, haciendo que enderezara mi cuerpo para poner mi mano en su nuca y girar mi cabeza hacia un lado para buscar sus labios, sintiendo cómo me apretaba los pechos mientras nos besábamos.</p> <p>- ¡Ahhh! ¿Sabes algo? ¡Es muy molesto que un hombre indague en la vida de una mujer! ¡Así que…! ¡Ahhh! ¿Por qué no te concentras en hacer que me venga y dejas de hablar? ¡Ahhh! ¡Te prometo que si me das un orgasmo, me voy a meter esa linda verga tuya en la boca hasta hacer que eyacules en mi garganta! - le ofrecí, sintiendo cómo ese cabrón empezaba a follarme con fuerza mientras su mano se metía entre mis piernas, concentrándose en lo que me hacía sin decir una palabra más, permitiéndome recrearme en la fantasía de que fuera Morris quien me penetraba de esa manera tan violenta mientras me sacaba las tetas y las manoseaba con gusto a la vez que su otra mano me complacía al masturbar mi clítoris con un vigor francamente admirable que en cosa de unos pocos segundos me llevó a vivir un orgasmo delicioso que agradecí con esos movimientos de cadera que le obsequié, antes de que me diera media vuelta y me arrodillara frente a ese hombre, metiéndome su apestosa verga en la boca para darle la mejor mamada que alguien le hubiera dado en la vida, terminando con su leche deslizándose por mi garganta y sus manos presionando mi cabeza para que me tragara hasta la última gota de su néctar, hasta que terminó de venirse y ambos nos arreglamos la ropa para luego salir de la cocina con las cosas que mi marido me ordenó llevar a la sala.</p> <p>- Teresa, se me antojó algo más elaborado para comer, ¿Podrías prepararme un emparedado o algo como eso? - dijo otro de sus trabajadores, haciendo que mi esposo me mirara de esa forma tan amenazante mientras yo asentía, fingiendo que no estaba deseando que ese hombre y cada uno de los presentes me usara como quisiera, porque el calor que sentía entre las piernas seguía siendo muy intenso y necesitaba apagarlo para que al día siguiente, cuando regresara a la oficina y estuviera cerca de mi jefe, no volviera a sentir esas ganas locas de lanzarme a sus brazos y pedirle que me hiciera suya.</p> <p>                 </p> <p><strong>Espero que hayan disfrutado del relato. 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