Xtories

Teresa - el despertar de una mujer cautiva 04

Jane Cassey Mourin4.6K vistas9.0· 6 votos
<p>- Teresa, yo… quiero disculparme por lo que pasó en el estacionamiento de ese restaurante. De verdad, lo siento, nunca fue mi intención hacerte sentir incómoda ni mucho menos, yo… - dijo mi joven jefe en cuanto entré en su oficina, mostrándose muy apenado a pesar de que ambos sabíamos perfectamente bien que él no fue quien buscó ese beso, que fui yo quien lo provocó todo y que debía ser yo quien le pidiera perdón por la forma como me marché después de haberlo incitado, razón por la cual no estaba dispuesta a aceptar ninguna clase de disculpa de su parte, aunque por otro lado, tampoco quería admitir que todo fue mi responsabilidad, así que solo decidí reaccionar como si nada hubiera pasado, restándole importancia a lo que ocurrió pero también dejando abierta una puerta al saber que en realidad quería que aquello se repitiera, que deseaba que ese chico volviera a besarme y que todo entre los dos llegara mucho más lejos.</p> <p>- No sé de qué me estás hablando, Morris. Necesito que me firmes unos papeles para iniciar los trabajos de la nueva campaña, así que… - respondí mientras dejaba un fajo de documentos frente a él, manteniendo esa sonrisa coqueta con la que traté de hacerle entender que aquello en realidad no me molestó, como si todo lo que estaba pasando fuera un juego, uno que al parecer Morris entendió a la perfección considerando esa sonrisa que se dibujó en los labios de ese chico tan atractivo que se tomó unos minutos para leer los documentos y firmármelos antes de regresármelos, dándome la oportunidad de acariciar su mano de una forma sutil para desvanecer cualquier duda que pudiera tener con respecto de lo que pasó y del efecto que aquellos besos tuvieron en mí, porque sabía que no reaccioné bien en el estacionamiento y que tenía que corregir las cosa si no quería que mi jefe se olvidara de la atracción que pudo haber sentido por mí.</p> <p>Esa fue la última plática que tuvimos con respecto del incidente del estacionamiento, pero no fue lo último que pasó entre los dos pues, durante las siguientes semanas, a pesar de que ninguno habló de esa atracción mutua que parecía crecer día a día entre los dos, mi relación con mi jefe cambió bastante, en cosas que quizás podrían pasar como detalles insignificantes para cualquiera pero no para mí, haciendo que me sintiera cada vez más cerca de él y que me convenciera de que ambos estábamos en el mismo canal con cada ocasión en que se despedía de mí con un beso en la comisura de mis labios o con esos abrazos que llegaba a darme cuando no había nadie que condenara esa clase de gestos cariñosos y que se sentían muy poco profesionales, eventualidades que se sumaban a cada una de esas oportunidades que Morris no desperdiciaba para hacerme sentirlo en mi trasero, fingiendo que aquellos roces eran accidentales, de la misma forma como yo me hacía tonta cuando acariciaba sus brazos o sus manos al estar cerca de él, manteniendo activo ese discreto coqueteo que de vez en cuando nos hacía sonreír de una manera especial, sintiendo una conexión de complicidad entre nosotros que nos fue uniendo cada vez más, a pesar de que no pudiéramos llevar las cosas más lejos puesto que la cantidad de trabajo durante aquellos días fue abrumadora y no tuve la oportunidad de hacer algo más, al menos no hasta ese viernes en el que Morris llamó muy temprano a los jefes de departamento para hacer un anuncio general.</p> <p>- Buenos días a todos. Como saben no me gusta hacer demasiadas juntas y si bien hubiera podido mandarles un correo para informarles esto, me pareció prudente asegurarme de que todos estuvieran al tanto. El día de hoy solo trabajaremos hasta las 3 de la tarde puesto que se les dará mantenimiento a las instalaciones y también habrá una fumigación, así que les pido que planeen las actividades del día de hoy tomando en cuenta ese cambio en el horario laboral ¿De acuerdo? Tengan un excelente día y muchas gracias por esforzarse tanto - comentó, haciendo que de pronto sintiera ese cosquilleo en mi estómago al saber que quizás podríamos pasar un poco de tiempo juntos, que tal vez aquella sería una buena oportunidad para que me invitara a comer o algo como eso, aunque la verdad es que no estaba segura de que se animara a hacerlo tomando en cuenta la forma como reaccioné a esos besos que nos dimos la última vez.</p> <p>- Hoy tendremos un día bastante relajado gracias a que has hecho un magnífico trabajo, porque no tenemos pendientes y solo estaremos respondiendo a lo que nos manden en otros departamentos, así que deberías aprovechar el tiempo para continuar con tus cursos.</p> <p>- Sí, claro, eso haré - respondí, con la voz y el pensamiento un poco perdidos, sin que pudiera dejar de desmenuzarme el cerebro tratando de encontrar la forma perfecta para hacerle saber que quería pasar la tarde con él sin verme como una mujer interesada o demasiado atrevida, deteniéndome ante el miedo que me provocaba la posibilidad de que me rechazara, porque sabía que si eso pasaba me sentiría tremendamente avergonzada y no quería tener que enfrentar una decepción como esa.</p> <p>- ¿Está todo bien?</p> <p>- ¡Sí, claro que sí! - respondí sobresaltada y levantando la voz de forma innecesaria, sintiendo cómo las mejillas se me acaloraban demasiado al darme cuenta de que me había quedado callada al interior de su oficina y que no tenía ninguna justificación para seguir ahí - yo… ¿Se te ofrece algo más antes de… de irme a… a lo de los cursos? - le pregunté nerviosa mientras él me miraba como tratando de descifrar el por qué de mi comportamiento, demorándose unos segundos en negar con la cabeza, siendo esa la señal que necesité para salir de su oficina y regresar a mi lugar, sintiéndome tan avergonzada que no sé cómo pude llegar hasta mi escritorio sin que la cabeza me explotara.</p> <p>Como era de esperarse, las siguientes horas pasaron demasiado lento, conmigo mirando el celular cada pocos minutos mientras me esforzaba en vano en concentrarme en el contenido de aquellos cursos, una tarea que me negué a abandonar tan solo para tener algo que hacer, porque sabía que no saldría nada bueno en pensar solamente en lo mucho que deseaba pasar el rato con Morris en un intento de que volviéramos a besarnos en algún momento.</p> <p>Irónicamente no fue sino hasta que por fin logré concentrarme en mis cursos cuando mi celular sonó, provocando que mirara la pantalla y que sintiera un vacío en la boca del estómago cuando noté que se trataba de un mensaje de Morris, una reacción que me hizo respirar profundamente para tratar de calmarme mientras me decía a mí misma que seguramente me estaba escribiendo por algún asunto del trabajo, una idea que traté de mantener en mi pensamiento, hasta que al fin leí el mensaje y una sonrisa de colegiala estúpidamente enamorada apareció en mis labios.</p> <p>- ¿Tienes planes para más tarde? - preguntó sin rodeos, logrando que incluso las manos me temblaran mientras le respondía.</p> <p>- No ¿Tienes algo en mente?</p> <p>- Por la noche tengo un compromiso. Veré a unos amigos de la universidad y me gustaría que me acompañaras.</p> <p>- Sí, me encantaría - respondí sin pensarlo demasiado, antes de que en mi celular apareciera un GIF de un gatito bailando muy entusiasmado, un detalle que me hizo reír, obligándome a taparme la boca para reprimir esa reacción.</p> <p>- La cita sería a las ocho de la noche ¿Está bien si te recojo a las siete?</p> <p>- Preferiría llegar directamente allá, si no te molesta.</p> <p>- ¡Estupendo! Te mandaré la dirección del lugar y nos vemos allá. Lo pasaremos bien - respondió, finalizando aquella conversación cuando me envió la dirección, haciéndome sonreír nerviosa y muy entusiasmada antes de que colocara mi celular sobre mi escritorio y me dispusiera a continuar con mi curso, sintiéndome ansiosa al no tener idea de cómo se lo explicaría a Oscar, dejándome llevar por la emoción de lo que sentí al saber que podría pasar algo de tiempo con Morris, sin tener idea de lo mucho que las cosas podrían desviarse esa misma noche, cuando un juego entre viejos amigos iniciara algo que ni mi jefe ni yo podríamos detener.</p> <p>***</p> <p>Por supuesto que las siguientes horas se me hicieron eternas, pero tras haber sido invitada por Morris, me costaba trabajo borrar esa sonrisa que parecía no querer desaparecer de mi rostro, la misma que llamó la atención de Carmen mientras caminábamos en dirección del estacionamiento.</p> <p>- Tengo que preguntar ¿Qué pasa contigo? Porque sé que esa sonrisa tan insistente y ese brillo en tus ojos no es común, así que…</p> <p>- No pasa nada, solo estoy feliz con mi trabajo, con la idea de ser directora y… no pongas esa cara - le dije antes de reír un poco cuando noté la mirada de sospecha que me dirigió, como si diera por hecho que le estaba mintiendo.</p> <p>- Claro, sí, la cosa de la directora, por supuesto - dijo con sarcasmo y un aire de indignación al saber que le estaba ocultando algo - como sea ¿Qué te parece si, ahora que salimos temprano, vamos a comer y luego vamos por unos tragos o algo como eso?</p> <p>- Lo siento, pero tengo algo que hacer, así que…</p> <p>- ¡Ahí está de nuevo esa sonrisa! ¡Ya no puedes ocultarlo! ¡Vamos! ¡Dime qué te traes entre manos! ¿Vas a verte con un galán? ¿Lo conozco? ¿Es alguien de la empresa? - preguntó con morbo y mostrándose un tanto angustiada, haciéndome reír ante ese tono desesperado con el que hablaba en sus intentos de enterarse qué estaba pasando conmigo, algo que por supuesto que no estaba dispuesta a decirle.</p> <p>- Nos vemos el lunes, Carmen. Que tengas un excelente fin de semana - me despedí de ella cuando al fin llegamos a su auto y me pude deshacer de mi amiga, siguiendo mi camino en dirección de mi carro mientras ella me reclamaba por no contarle mi secreto</p> <p>- ¡Eso no se hace! ¡Oye! ¡Te estoy hablando! ¡Teresa! - gritó mientras yo me despedía con un gesto de mi mano, sin mirar atrás, riendo cuando escuché aquella última parte de su discurso - ¡Qué mala eres! ¡Grosera! - escuché antes de meterme en mi auto y dirigirme a casa, sin pensar en nada más que en el atuendo que me pondría, en cómo me peinaría y cosas por el estilo, sin que en algún momento se me pasara por la cabeza pensar en mi marido o en la perra que en aquel momento seguramente estaría holgazaneando en mi hogar, claro que no, aquellos temas no valían tanto la pena como para desperdiciar mi tiempo considerando esa clase de cosas, o al menos así fue hasta que llegué a casa y me di cuenta de que Oscar había regresado temprano, tomando la decisión de estacionar mi auto un poco más adelante, metiéndome en mi casa de manera furtiva, sintiendo cómo un escalofrío me recorría la espalda cuando escuché los gritos de aquella pequeña puta que Oscar metió en mi hogar.</p> <p>- ¡Por favor! ¡Yo soy tu amor! ¡No me obligues a hacer algo así! ¡Te lo suplico! ¡Esas cosas las hace tu esposa! ¡Yo solo quiero estar contigo! ¡Yo solo…! ¡Ahhh! - le rogaba Candy desde la planta alta, llorando y sollozando, haciendo que yo abriera mucho los ojos cuando escuché las bofetadas que Oscar le dio para hacerla callar.</p> <p>- ¡Tú vas a hacer lo que yo te diga, pendeja! ¿Qué creías que pasaría entre nosotros? ¿Pensaste que dejaría a Teresa por una puta como tú? ¡Además ya llevas mucho tiempo comiéndote mi comida y viviendo bajo mi techo! ¡Es hora de que pagues! ¡Así que vístete y arréglate como la puta que eres porque nos vamos a ir en media hora y si me haces encabronar…! - una nueva bofetada se escuchó, haciéndome reaccionar a tiempo para salirme de la casa con sigilo y trotar hasta mi auto, sabiendo que regresar en aquel momento sería un error, sintiendo un poco de pena por esa chica, un sentimiento que por fortuna no duró demasiado, pues antes de que me diera cuenta ya conducía en dirección de un lugar del que había escuchado a Carmen hablar maravillas, un sitio donde me consintieron con masajes y toda clase de tratamientos de belleza, donde pasé una buena parte de mi tarde antes de que me metiera en una plaza comercial para comerme una ensalada deliciosa y luego ir a una tienda a comprarme un vestido para la noche, uno que no era la gran cosa en realidad, pero con el cual, por primera vez en muchos años, volví a sentirme hermosa, sonriendo al verme en ese espejo mientras pensaba en Morris y en la noche que podría pasar con él, sin tener idea de lo que ocurriría en realidad, pero sintiéndome muy emocionada ante la perspectiva de descubrirlo, un sentimiento que se hizo más grande cuando cerca de las siete el chico me mandó una foto donde aparecía vestido con una camisa ordinaria y pantalones negros, un atuendo casual que me robó una risilla nerviosa y entusiasta al saber que había escogido bien mi atuendo al tratar de lucir casual y discreta en un círculo donde yo sería la nueva.</p> <p>- Necesito tu opinión ¿Qué te parece? ¿Crees que sea demasiado informal?</p> <p>- Creo que te vez muy guapo - respondí, sin medir mis palabras, sintiéndome muy atrevida al comentarle tal cosa, antes de que un impulso de locura me hiciera mandarle una foto del vestido que estaba por comprarme - ¿Y tú qué opinas? - le pregunté, recibiendo de inmediato un corazón en mi mensaje, antes de que su respuesta me hiciera temblar las piernas y los brazos de tal forma que apenas logré evitar que el teléfono se me cayera de las manos.</p> <p>- Te ves fantástica - contestó, haciéndome sonrojar y suspirar para luego leer con la boca abierta las siguientes palabras que me escribió - no puedo esperar a verte en vivo con ese vestido puesto y darte un gran abrazo. Te veo en un rato. Gracias por aceptarme esta cita - escribió sin recibir una respuesta inmediata de mi parte mientras sentía esa incipiente humedad entre mis piernas que me hizo salir apresurada de ese probador, pagar aquel vestido que no me quité y correr a una tienda de lencería, sintiéndome de pronto demasiado decidida a que esa noche llevaría las cosas con mi jefe tan lejos como me fuera posible.</p> <p>***</p> <p> - ¡Hola! ¡Tú debes ser Teresa! ¡Pasa, por favor! ¡Es un placer conocerte! ¡Yo soy Dany! - dijo una chica muy mona, quien me abrió la puerta del departamento, me besó la mejilla y me tomó de la mano para conducirme hasta la sala, donde había un no muy numeroso grupo de personas bebiendo y charlando.</p> <p>Morris se levantó en cuanto me vio y acudió a mí, mirándome de esa forma discreta pero maravillada con la que me hizo sentir nerviosa, dedicándome una sonrisa encantadora cuando nuestras miradas al fin se encontraron y me abrazó, dándome un beso en la mejilla que me hizo estremecer antes de que me presentara con sus amigos.</p> <p>- Esta es Teresa. Una mujer increíble - fueron las palabras con las que inició un pequeño monologo de todas esas cosas halagadoras que dijo de mí, haciéndome sonrojar mucho pues no estaba acostumbrada a recibir esa clase de halagos y menos delante de un montón de desconocidos, un momento que por fortuna terminó pronto y las conversaciones se reanudaron.</p> <p>Los amigos de Morris eran muy parecidos a él: personas amables, atentas, amigables, que en pocos minutos me hicieron sentir como una más del grupo mientras bebíamos y comíamos algunas botanas, llegando incluso en un par de ocasiones a apartarme del grupo principal con algunos de ellos para tener charlas de cualquier cosa, sintiendo al hacerlo que de pronto mis opiniones resultaban valiosas para otras personas, disfrutando mucho de poder tener pláticas maduras y charlar de cosas interesantes con esos hombres y aquellas chicas que demostraban auténtico interés por conocer mi opinión acerca de diversos temas, haciendo que me sintiera increíble y muy a gusto, hasta que Dany hizo que todos nos reuniéramos en la sala.</p> <p>- Teresa, como eres la nueva tengo que explicarte algo - comentó con algo de solemnidad, mientras veía cómo todos parecían de pronto muy emocionados - algunos de nosotros nos conocemos desde la prepa, y desde ese entonces en este círculo de amigos tenemos una tradición, algo que llevamos haciendo desde hace mucho tiempo: cuando se acaba la primera botella, la usamos para jugar botella, valga la redundancia, ya sabes, ese juego que nos encantaba y nos divertía de adolescentes en la que el tipo al que la boca de la botella apuntaba recibía un castigo del tipo al que le apuntaba el culo de la botella; no solemos ser muy manchados en los castigos, pero nos gusta mantener la tradición, y como eres una chica demasiado genial nos encantaría que participaras - dijo mientras los demás me veían con expectación, haciendo que mirara en dirección de Morris, quien a pesar de sonreír lucía ansioso, como si aquello fuera algo importante o tal vez como si ese juego lograra revivir en él la clase de cosas que sentía cuando lo jugaba siendo más joven.</p> <p>- Vale, juguemos - respondí, escuchando expresiones de júbilo ante mi respuesta, viendo cómo los ojos de Morris brillaban de pronto un tanto diferente mientras sonreía en mi dirección y asentía con la cabeza.</p> <p>Al principio acepto que me sentí muy nerviosa, pues creí que ese jueguito sería algo muy subido de tono, pero la verdad es que los chicos usaban los retos para divertirse y solamente para eso, usando los castigos para nalguear a alguien, hacer que comiera picante o tonterías por el estilo que en realidad resultaban muy divertidas, provocando que yo me fuera relajando cada vez más, hasta que a Dany le tocó girar la botella e hizo una declaración que hizo que mis nervios se fueran a las nubes.</p> <p>- Vale, ya nos hemos divertido mucho, pero me parece que es hora de subir el tono del juego, así que, quienes no quieran entrar en esto, pueden dar un paso atrás y no serán considerados, pero si se quedan en el círculo principal les aseguro que no tendré piedad - comentó y, de forma contraria a lo que venía pasando, de pronto el entorno se hizo un poco más tenso, aunque no de una forma negativa, pues si bien todos intercambiaban miradas nerviosas, también parecían emocionados por lo que estaba a punto de ocurrir.</p> <p>Fue el ver la mirada ansiosa de Morris mientras me observaba y darme cuenta de que los demás también me veían con algo de escepticismo lo que me hizo suspirar y terminar de decidirme a aceptar las condiciones que estaba planteando Dany, porque además en el tiempo que llevábamos jugando no había recibido ningún castigo y supuse que las cosas seguirían así.</p> <p>- Gira la botella - le dije a Dany haciendo que sonriera ampliamente, que girara la botella provocando que de pronto el ambiente en la sala se hiciera demasiado tenso, hasta que una punzada me atravesó el estómago cuando vi que la boca de la botella apuntaba a mí, siendo la misma Dany quien dictaría mi destino.</p> <p>- Ay, amiga, qué mala suerte tuviste. Y espero que me perdones por esto, pero, cuando este trae al grupo a alguna persona, sabemos que lo hace porque se trata de alguien especial, así que tu castigo… o mejor dicho, tu desafío, será que le des un beso en los labios al Morris. No tiene que ser nada especial ni demasiado cochino, puede ser solo un pico, pero es que me muero de ganas de verlos besándose, me lo he estado imaginando toda la noche y… bueno, pues eso - terminó, hablando nerviosa y con la cara toda colorada, haciendo que de pronto un silencio intrigante dominara la sala y que las personas nos miraran a Morris y a mí alternativamente.</p> <p>Una risilla nerviosa se me escapó de pronto antes de que extendiera mi mano en dirección de mi jefe, quien se puso de pie y caminó hacia mí, mostrándose nervioso, ansioso y a la vez entusiasmado, una serie de emociones que compartía conmigo y que nos llevaron a acercarnos mucho mientras todos se quedaban por completo en silencio a nuestro alrededor, hasta que aquel beso ocurrió, con mis ojos cerrados, sintiendo ese contacto inicial de nuestros labios, pretendiendo que las cosas no fueran más allá de un pico, hasta que de pronto una mezcla de deseo y excitación me hizo abrir la boca y empezar a besarlo de una manera mucho más intensa, olvidándome de todo, de que en ese mismo momento había un poco más de una decena de personas observándonos, sintiendo cómo Morris colocaba sus manos en mi cintura a la vez que yo rodeaba su cuello con mis brazos, dejando que ese beso se prolongara por tanto tiempo como fue posible hasta que recordé en donde estábamos y me aparté de él, sonriendo avergonzada cuando nuestros ojos se encontraron, antes de que nos separáramos sin que el silencio en la sala se rompiera de alguna forma hasta después de que ambos volvimos a nuestros lugares.</p> <p>- ¡Carajo! ¡Ese beso fue asombroso! ¡De solo verlos hicieron que se me mojaran los chones! - bromeó Dany, reanudando el juego de inmediato, sin que yo pudiera apartar por mucho tiempo la mirada de Morris, sonriendo con él en señal de complicidad, queriendo que nos largáramos de ahí para ir a un sitio más íntimo donde pudiera entregarme a él y hacer realidad esas fantasías tan deliciosas donde mi jefe siempre era el protagonista.</p> <p>***</p> <p>- ¡En un par de semanas haremos una parrillada en casa de Raúl! ¡Tienes que ir, Teresa! ¡En serio! ¡Eres un encanto! - dijo Dany mientras nos despedíamos, haciéndome sonreír al sentirme aceptada en un grupo de amigos que parecían ser muy unidos.</p> <p>- Claro, ahí estaré - contesté antes de que Morris y yo nos dirigiéramos al ascensor.</p> <p>- Me encantó que vinieras y al parecer Dany acaba de adoptarte como su nueva amiga.</p> <p>- A mí también me alegra haber venido, fue encantador conocer a tus amigos. Son increíbles - respondí, escuchando el sonido de aquel ascensor al anunciar que las puertas estaban por abrirse, un evento que precedió al instante en el que entramos en el elevador y sentí cómo Morris me tomaba de la mano, sin que yo me decidiera a mirarlo, hasta que de pronto dio un paso al frente y oprimió un botón en el panel del ascensor para hacer que se detuviera, regresando a mí para tomarme del rostro y besarme con ese arrojo y valentía que resultaban tan refrescantes, haciéndome abrir la boca para recibir su lengua, sintiendo cómo me hacía recargar la espalda mientras sus manos se apoderaban de mi trasero, perdiendo toda clase de pudor y prudencia, haciéndome desear que no se detuviera cuando sentí sus manos metiéndose por debajo de mi vestido para apretarme las nalgas, robándome un gemido, provocando que yo levantara una pierna para invitarlo a que me cargara y nuestros sexos se restregaran a pesar de lo molesto que resultaba tener esa ropa que no dejaba que su pene y mis labios coquetearan directamente entre ellos.</p> <p>- ¿Está todo bien? - se escuchó de pronto una voz por los altavoces del ascensor, haciendo que nos separáramos de inmediato y que yo me arreglara la ropa mientras Morris se aclaraba la garganta y respondía.</p> <p>- Sí, todo bien - dijo mientras oprimía un botón para hacer que el ascensor volviera a funcionar, riéndonos nerviosos cuando nuestras miradas se encontraron, poco antes de que ambos saliéramos tomados de la mano, pasando por aquel módulo de vigilancia donde un hombre mayor nos miró con ese rostro de pocos amigos mientras meneaba la cabeza condenando lo que hicimos, antes de que llegáramos a mi auto y Morris se pegara a mi cuerpo por detrás, estando en la calle, sin que le importara que alguien pudiera vernos mientras sentía su pene hundiéndose en el espacio entre mis nalgas y sus manos apretándome los senos por encima de mi vestido.</p> <p>- ¡Me tienes vuelto loco! ¡Me cuesta trabajo dejar de pensar en ti! ¡Y no sé cómo podría apartarte de mi cabeza después de haberte visto con ese vestido tan encantador! - dijo cerca de mi oído, sin dejar de amasarme los senos, mientras yo movía el culo de arriba abajo para disfrutar tanto como pudiera de su erección.</p> <p>- ¡Se me ocurren un par de cosas que podríamos hacer para que mi vestido no sea lo único que recuerdes! - respondí, con la voz agitada, sin querer abrir los ojos, antes de que levantara los seguros del carro y lo sorprendiera cuando abrí la puerta trasera, metiéndonos de inmediato en mi auto, sonriendo como si no fuéramos más que unos adolescentes retando las reglas mientras nuestras bocas se volvían a encontrar y sus manos se perdían entre mis piernas, penetrándome con sus dedos, notando lo mojada que ya me encontraba para ese momento en el que deslicé los tirantes de mi vestido y me saqué los senos para que ese chico hermoso los observara por un momento, dejando que sus ojos brillaran con la imagen que le obsequió aquel sostén de encaje que lo hizo sonreír al saber que me lo había puesto para él, antes de que el chico comenzara a comerme las tetas, de que sintiera esa mezcla de pasión, excitación y morbo que me provocaba estar a punto de coger con ese hombre en mi auto, en medio de una calle cualquiera, arriesgándonos a que alguien nos viera o que incluso alguno de sus amigos se diera cuenta de lo que estábamos haciendo.</p> <p>Sentir la manera como me empujó para que me recostara en el asiento fue como poner la última piedra en la lápida de mi prudencia, porque cuando lo hizo supe que no había vuelta atrás, porque en cuanto mi espalda tocó el asiento deseé con todas mis fuerzas que ese chico me penetrara, teniendo los senos de fuera y el vestido levantado hasta la cintura, sintiendo como mi jefe se acomodaba entre mis piernas, permitiéndome tocar ese gordo y largo miembro para dirigirlo entre mis labios mientras el excitado rostro de mi jefe me hacía perderme en lo morboso que resultaba lo que estábamos por hacer, porque yo sabía que aquello era condenable por donde quiera que se le viera, a pesar de que en aquel momento nada de eso me importara, permitiéndome cerrar los ojos para disfrutar de las caricias de su glande sobre mis labios hasta que mi jefe empujó su verga con suavidad entre ellos y me penetró, provocando que mi boca se abriera mucho cuando lo sentí deslizándose por mi interior, notando cómo mi vagina lo recibía con algunas dificultades siendo apenas capaz de albergar esa enorme masa de carne que entraba y salía de tanto en tanto, yendo cada vez más al fondo en cada incursión, pero sin forzar las cosas, dejando que me adaptara a mi ritmo, sintiendo cómo aquel primer orgasmo me sorprendió mientras le mordía el labio inferior en un intento de ahogar así mis gemidos, experimentando cómo la humedad de mi coño le ayudó para deslizarse con fluidez, lubricando su verga para que pudiera moverse sin miedo y empezara a cogerme con la fuerza que yo necesitaba sentir, con esa juvenil energía con la que me embistió, con movimientos largos y deliciosos con los que me hizo retorcerme de ese placer ansioso del que no podía escapar, haciéndome perder la cabeza cuando tomó mis senos y se los llevó a la boca sin que dejara de hundirme su hermoso miembro una y otra vez, sintiéndome mucho más deseada y hermosa de lo que me había sentido en años.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Eres tan increíble que apenas puedo creer que lo esté haciendo contigo! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Tienes un cuerpo delicioso y un rosto tan precioso que me siento como si estuviera haciendo el amor con un ángel! - susurró con la voz agitada y sin dejar de penetrarme, motivándome a besarlo una vez más mientras me abrazaba a él con mis piernas y lo incitaba a cogerme con mucha más fuerza, sintiendo cómo mis caderas y las suyas se acompasaban en ese baile que pronto me llevó a un nuevo orgasmo y a sentir cómo ese hombre magnífico se derramaba en mi interior, haciéndome sonreír cuando lo sentí viniéndose en mi vagina, buscando sus labios para volver a besarnos y quedarnos luego un momento abrazados, disfrutando de nuestro calor y de ese instante que marcaría un parteaguas en nuestra relación.</p> <p>Vestirnos entre sonrisas compartidas, miradas cómplices y comentarios de lo que vivimos en aquella reunión, resultó mucho más natural de lo que lo hubiera esperado, tanto como lo fue despedirme de él con un beso en los labios y esa forma discreta pero muy excitante con la que me acarició el trasero antes de tomar mi mano, besar mi dorso y decirme algunas palabras mientras me miraba a los ojos.</p> <p>- Nos vemos el lunes en la oficina, Teresa.</p> <p>- Por supuesto, jefe - comenté, compartiendo con él una última sonrisa antes de que me subiera a mi auto y me dirigiera a casa, sin saber que aquella noche aún me tendría algunas sorpresas reservadas.</p> <p>                   </p> <p><strong>Espero que hayan disfrutado del relato. 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