<p>Cuando al fin regresé a casa y mientras abría la puerta principal, me di cuenta de que no había pensado en una excusa para justificar frente a mi marido el haber llegado tan tarde, no obstante, en cuanto entré sonreí ante mi suerte al notar que todas las luces estaban apagadas, tirándome luego en el sofá principal de la sala, sintiéndome emocionada y tan entusiasmada por lo que pasó con Morris que a pesar de tener mucha sed y necesitar tomar un baño, me negaba a tomar agua para no deshacerme de su sabor y mucho menos quería bañarme pues no quería desprenderme aún de su aroma, disfrutando de los recuerdos que ese olor a hombre evocaban y las sensaciones que ello me hacía revivir, dejando que el tiempo pasara hasta que al fin decidí ir a la cocina por un poco de agua antes de meterme a la ducha y darme un buen baño con agua caliente, porque sabía que no podía oler a otro hombre cuando llegara mi marido y mucho menos debía permitir que me viera metida en ese vestido, pues de hacerlo habría preguntas que no sabría responder, que me obligarían a mentir, provocarían mis nervios y con ello me arriesgaría a que Oscar supiera que algo estaba pasando.</p>
<p>Como era de esperarse, aquella ducha muy pronto se transformó en algo más que lavar mi cuerpo, porque recordar lo que ese chico me hizo provocó que me pusiera muy mal, que cuando el momento de lavar mi entrepierna llegó me metiera los dedos y acariciara mi clítoris para darme un poco de placer, sonriendo al recordar la sensación de su pene dentro de mí, reviviendo lo rico que se sintió la forma como el grosor de su miembro presionaba las paredes de mi vagina en un ir y venir enloquecedor, incitando que ocurriera ese orgasmo que me hizo poner los ojos en blanco y gemir como loca mientras me agarraba de donde podía para no caer al suelo, sin que pudiera evitar sonreír al final, sintiéndome hermosa y muy deseada, sabiéndome atractiva para un hombre mucho más joven que yo y tan guapo como lo era mi jefe.</p>
<p>Por primera vez en años, al salir de la ducha puse un poco de música en mi celular mientras me secaba el pelo y me peinaba, preparándome para dormir, olvidándome por un momento de la posibilidad de que mi marido me hablara para que fuera por él o algo como eso, concentrándome en mí, en mis deseos, en lo ilusionada que estaba con todo lo que estaba pasando con Morris y con todo el asunto del ascenso para el cual me estaba preparando, obsequiándome a mí misma un momento delicioso que por desgracia terminó en el instante en el que mi celular sonó, justo cuando acababa de ponerme mi ropa interior y estaba buscando una pijama para meterme en la cama.</p>
<p>- Estoy en la bodega de la calle 73 - escuché la rasposa y entrecortada voz de mi marido - trae tres mil pesos, agárralos del dinero que tengo en mi buró. Ven en tu auto. Date prisa - dijo y cortó la llamada, como siempre, dando por hecho que obedecería sin cuestionarlo de forma alguna, y la verdad es que tenía razón en asumirlo, pues sin importar lo contenta e ilusionada que me sentía por todo lo que me estaba pasando, ese hombre seguía inspirándome mucho miedo.</p>
<p>Fue entonces cuando la pijama fue sustituida por unos jeans, una camiseta y una sudadera, antes de que me pusiera unos tenis, tomara mis llaves y saliera en dirección de esa bodega en la que seguramente encontraría a Oscar tan borracho como quebrado después de haber apostado hasta el último centavo que llevara consigo.</p>
<p>Cuando llegué a ese lugar lo encontré parado en la calle, riéndose con otros tipos de entre los cuales solo conocía a un par de ellos, mientras Candy estaba a su lado, con la cabeza agachada, el pelo alborotado y la ropa un poco maltratada.</p>
<p>- Al fin llegaste, puta - me recibió mi marido, jaloneando a Candy para hacer que se acercara al auto - llévate a esta perra, asegúrate de que se bañe y que me espere desnuda en su cama - me ordenó mientras Candy se quedaba ahí quieta, a un lado de la puerta del copiloto, llorando desconsolada, con el maquillaje corrido y un lado de su cara algo roja e hinchada - ¡Vamos, súbete al auto! ¡Pinche vieja chillona! ¡Y más te vale que te calmes o te voy a echar de mi casa y de mi vida para siempre! - le advirtió, haciendo que la chica asintiera con miedo, antes de que Oscar la obligara a levantar la cara para darle un beso en los labios, terminando aquella penosa escena con esa nalgada que le dio y que precedió al momento en el que Candy lo obedeció, sentándose en el asiento del copiloto mientras yo le entregaba a mi marido el dinero que me ordenó llevarle, viendo cómo daba media vuelta y se marchaba sin despedirse, sin siquiera darme las gracias o decirme adiós, antes de que yo arrancara en dirección a casa y Candy se soltara a llorar de una manera tan desgarradora que logró conmoverme incluso al saber que era la amante de mi marido, porque tiempo atrás yo había estado en su lugar y sabía lo horrible y humillante que resultaba que Oscar la convirtiera a una en el premio de una de sus apuestas.</p>
<p>- Ya escuchaste a Oscar: báñate y espéralo desnuda en tu cama - le dije en cuanto cruzamos el umbral de la puerta, sin que ella hubiera dejado de llorar, escuchando sus sollozos mientras hablaba, sintiéndome miserable por tratarla de esa manera, a pesar de que la actitud que demostró cuando llegó y esos intentos que hizo por humillarme, justificaran ese incipiente maltrato que le estaba dirigiendo.</p>
<p>- Lo… lo siento mucho - dijo en un susurro que apenas pude escuchar, logrando que me detuviera justo antes de subir la escalera, que me quedara parada, sin moverme ni decir nada, solo escuchando lo que esa pobre tenía que decir - yo jamás hubiera imaginado que las cosas terminarían así para mí, pero…</p>
<p>- ¿Con cuántos hombres estuviste esta noche?</p>
<p>- Ocho - respondió, rompiendo una vez más en llanto, haciendo que la mirara, sintiendo mucha lástima por esa chica que no parecía ser lo bastante fuerte ni tampoco lo suficientemente madura como para soportar esa clase de vida - Oscar perdió lo que llevaba, todo, pero en ese último juego creyó tener una buena mano y… cuando le ganaron, los tres tipos que estaban jugando tomaron turnos para usarme, me obligaron a recostarme en la mesa de juego, boca abajo, un tipo me tomó de las manos mientras otro me quitaba la ropa y… nunca me había sentido tan expuesta, tan vulnerable, no solo por lo que esos estúpidos me hacían, sino porque tenía mucho miedo de defenderme, porque de alguna manera no quería resistirme pues sabía que de hacerlo Oscar me daría una paliza y… después de que esos tres me usaron, pensé que todo había terminado, pero luego llegaron esos sujetos, al parecer les debía dinero y Oscar les dijo que se cobraran conmigo.</p>
<p>- Ven, vamos a la cocina, te prepararé un té - le dije, caminando de inmediato ambas hasta que la vi sentarse en un banquito y yo puse el agua a calentar, sabiendo que aquella plática no había terminado, que esa chica necesitaba hablar al respecto, algo en lo que yo le podía ayudar, una posibilidad que me hubiera encantado tener cuando yo pasé por primera vez por la clase de humillación que estaba sufriendo esa pobre y joven mujer.</p>
<p>- Ellos no fueron tan amables. Estaban enojados, querían desquitarse de Oscar y me usaron para hacerlo. No les importó lo mucho que les gritara ni que les pidiera que se calmaran, por el contrario, parecía que el mostrarles miedo y el que llorara frente a ellos les gustaba, porque cada vez se pusieron más violentos y… cuando terminaron de torturarme, me obligaron a arrodillarme en el suelo y cada uno de esos tipos metió su pene en mi boca, un par de ellos se vinieron en mi garganta, pero los demás solamente me usaron para excitarse antes de que comenzaran a penetrarme por detrás y por delante, al mismo tiempo, eso… eso… - la chica tragó saliva mientras miraba a la nada, abriendo mucho los ojos, como si con el solo recordarlo reviviera la clase de sentimientos que la embargaron mientras todo eso pasaba.</p>
<p>- Ten, bébelo despacio, te ayudará a calmarte - le dije mientras ponía frente a ella una gran taza de un té que en otros tiempos me ayudaba a controlar mis nervios, ella asintió como muestra de agradecimiento.</p>
<p>- Quizás no debería decirte esta clase de cosas, pero cuando conocí a Oscar, de alguna manera pensé que la vida me había sonreído por primera vez en mucho tiempo, creí que todo estaría bien con él si solo lo complacía, pensé que ya no tendría que preocuparme por nada que no fuera satisfacer sus deseos, pero después de lo que pasó hoy, ¿Cómo es posible que resistieras esta clase de trato durante tanto tiempo? - preguntó y yo suspiré, antes de darle un trago al té que me había servido.</p>
<p>- Bueno, las cosas no siempre fueron así, antes él era muy distinto. Supongo que la esperanza de recuperar a ese hombre del que me enamoré es lo que me ha hecho quedarme a su lado a pesar de todo y… bueno, eso y el inmenso miedo que me provoca hacerlo enojar o la reacción que tendría si le dijera que ya no quiero estar con él. No lo sé, creo que si un día eso pasara me mataría a golpes o algo como eso - le dije, con la naturalidad con la que le contaría lo que hice en mi día, viendo cómo ella abría mucho los ojos antes de que su mirada se clavara en su té - pero si te sirve de consuelo, tú no estás ligada a él de la forma como yo lo estoy, así que podrías simplemente irte de aquí y no volver, porque si lo haces dudo mucho que él te vaya a buscar, quiero decir, y espero que no me lo tomes a mal, pero de la misma forma como te encontró a ti podría encontrar a alguien más - una sonrisa muy triste se dibujó en sus labios.</p>
<p>- Sí, bueno, no creo que eso sea posible, porque en realidad, antes de que él apareciera en mi vida, las cosas no estaban tan bien que digamos.</p>
<p>- ¿No tienes familia? ¿Una madre que se preocupe por ti? ¿Alguien que pueda cuidarte? - un suspiro muy prolongado escapó de su boca.</p>
<p>- Hace como un año la vida no era tan mala conmigo. Tenía a mi familia. Papá y mamá me cuidaban y me trataban bastante bien, iba a la prepa y era una chica normal; pero luego papá murió y mamá empezó a tomar mucho, se sentía sola, cayó en depresión y un imbécil la manipuló para que lo metiera en la casa. La primera noche que llegó traté de no darle importancia a la forma como me miraba, creí que solo eran ideas mías, o tal vez traté de convencerme de que así era, pero esa misma noche, después de que escuchara como ese tipo se cogía a mi madre, se metió en mi cuarto sin pedir permiso, se subió encima de mí y me inmovilizó, tapándome la boca para que no dijera nada y lo escuchara. Me dijo que si no cooperaba iría al otro cuarto y le daría a mamá tanta droga que terminaría muerta por una sobredosis.</p>
<p>- ¡Hijo de puta! - exclamé y ella asintió sin dejar de mirar su té.</p>
<p>- ¿Cómo se suponía que me negara después de que me dijo eso? No lo hice. Obedecí cada orden que me dio, lo tuve en mi boca y traté de controlar mis arcadas a pesar de que podía sentir el sabor de mi madre en mi lengua, después lo recibí entre mis piernas y por supuesto que no le importó que le dijera que aquella era mi primera vez, claro que no, él estaba tan colocado y tomado que solo me penetró con mucha fuerza, me provocó tanto dolor que incluso me desmayé antes de que terminara de usarme. Desperté a la mañana siguiente con las sábanas manchadas de sangre y semen, sin saber qué hacer, porque no podía decírselo a mi madre y no quería que ese malnacido le hiciera daño, así que solo metí todo en la lavadora y traté de olvidarme de ello, pensando que todo había sido cosa de una sola noche, que no volvería a estar con él, pero… por unos días fue así, él seguía viviendo de la pensión que mamá cobraba y agotando todos los recursos de esa mujer solitaria, aprovechándose de ella como siempre, hasta que una noche regresó y me obligó a hacer lo mismo que hicimos la primera vez. Obviamente ya no sentí tanto dolor, pero el tipo no dejó de cogerme durante toda la noche, una y otra vez, obligándome a tenerlo en mi boca para hacer que se excitara y volver a penetrarme, hasta que nos quedamos dormidos y… mamá entró en la mañana gritando y diciéndome que era una puta, que no me merecía vivir con ella, que si quería comportarme como una cualquiera me largara de la casa, porque ella no aceptaría que quisiera robarle a su hombre, así que solo me fui de ahí.</p>
<p>- ¿Por qué no trataste de explicarle?</p>
<p>- No hubiera servido de nada. Ese tipo era todo lo que mamá tenía después de que murió papá, estaba cegada por lo que sea que sentía por él y supongo que el miedo a quedarse de nuevo sola la llevaría a justificar cualquier clase de chingadera que ese sujeto le hiciera.</p>
<p>- ¿Y qué hiciste una vez fuera de tu casa?</p>
<p>- Al principio estuve vagando entre las casas de mis amigas, pretextando ante sus padres que tendríamos una pijamada, pero obviamente no podía quedarme por mucho tiempo con ellas, así que en algún momento no tuve a dónde más ir, por lo que empecé a buscar una forma de ganarme la vida y… bueno, así llegué a ese lugar donde conocí a Oscar y… supongo que el final de toda esa historia ya lo conoces - me dijo, terminándose lo que le quedaba del té, mostrándose mucho más calmada aunque yo sabía que esa tranquilidad no le duraría para siempre, porque tarde o temprano Oscar regresaría y las cosas volverían a ponerse muy mal para ella - así que, como puedes ver, no es que me queden muchas opciones, básicamente es estar con Oscar y soportar las esporádicas ocasiones en las que me obligue a hacer lo que hice hoy, o regresar a ese congal en el que tendría que coger quién sabe con cuántos desconocidos cada día y… bueno, tristemente quedarme aquí, sabiendo que me odias y esperando a que Oscar regrese para que me vuelva a maltratar, es mi mejor opción - comentó, sin sonreír, sin levantar la cabeza, provocando que sintiera mucha lástima por esa chica quien suspiró desconsolada antes de que el sonido de un auto nos hiciera sobresaltar a las dos, provocando que me asomara a la ventana y sintiera un gran alivio al notar que no se trataba de mi esposo.</p>
<p>- No es él - le dije para que se calmara un poco - pero deberías darte una ducha y tratar de descansar un rato, porque no sabemos a qué hora regresará y créeme cuando te digo que no quieres desobedecer la orden que te dio - le aconsejé, viendo cómo ella asentía antes de levantarse y dar media vuelta para salir de la cocina, deteniéndose justo cuando estaba por cruzar el umbral.</p>
<p>- Gracias. Por el té y por escucharme. Te prometo que trataré de ser lo menos molesta posible y perdón por estar aquí, pero realmente no tengo más opción que quedarme - comentó antes de marcharse, dejándome a solas en la cocina, mirando su taza vacía, sintiendo mucha pena por ella hasta que el recuerdo de lo que hice con Morris reapareció en mi cabeza y me permití sonreír un poco.</p>
<p>***</p>
<p>Durante los días que siguieron, las cosas en casa empeoraron bastante para Candy, pues ahora esa chica se había convertido en el juguete favorito de mi esposo, en aquella mujer que prestaba a sus amigos y empleados, a quien usaba para pagar sus deudas de apuesta y para coger cuando se sentía particularmente salvaje, dándome de esa forma un respiro a la vida que había llevado desde lo que parecía ser una eternidad, dejando que me concentrara en mi trabajo, mis cursos y en todo lo que estaba ocurriendo con Morris, lo cual en realidad no era para pasarse por alto.</p>
<p>Sí, las cosas en la oficina iban cada vez mejor, no solamente por la aventura que estaba teniendo con mi jefe, sino también porque cada día aprendía más y me sentía más preparada para asumir el cargo para el cual Morris me estaba entrenando.</p>
<p>Y claro, también está la emocionante parte en la que vivíamos lo que teníamos en secreto, con caricias sutiles entre nosotros, con esa forma como de pronto se pegaba a mi trasero cuando no había nadie, o acariciaba mi mano y nos besábamos cuando encontrábamos un lugar lo bastante alejado de los demás para dejarnos llevar un poco, manteniendo las cosas muy excitantes durante el trabajo para luego regresar a casa y masturbarme recordando todo lo que hicimos, al menos así fueron las cosas hasta aquella mañana en la que al llegar pude ver que entraron algunos de los pilares del corporativo en su oficina, manteniendo con Morris una reunión que duró poco más de una hora y que al terminar mi jefe salió a despedirlos a todos con alegres sonrisas y amigables apretones de mano, antes de que me hiciera una señal para que entrara en su despacho y yo me apresurara a obedecerlo, cerrando la puerta en cuanto entré, sintiéndome tan intrigada como emocionada al ver la expresión entusiasta que Morris conservaba en su rostro.</p>
<p>- Tengo buenas noticias. Al parecer tu desempeño ha llamado la atención de los jefes del corporativo, tanto así que decidieron mandarnos a un congreso para que aprendas más de esta dirección y de un montón de cosas que te ayudarán con esto. El viaje es de cinco días, nos iríamos el martes de la próxima semana temprano, y regresaríamos el sábado por la noche ¿Qué te parece? - me preguntó, haciendo que la emoción que sentí me hiciera sonreír de solo pensar en que pasaría todo el tiempo con él, lejos de mi casa, de mi marido, de Candy y de cada cosa que pudiera apagar esa luz de vitalidad que crecía día a día desde que Morris apareció en mi vida.</p>
<p>- Suena estupendo.</p>
<p>- ¿Puedes viajar esos días sin ningún problema?</p>
<p>- Sí, creo que sí, tendré que hacer algunos arreglos, pero creo que sí. Gracias por esta oportunidad.</p>
<p>- No me lo agradezcas, Teresa, todo esto te lo has ganado, eres una gran trabajadora y una mujer maravillosa, así que disfrútalo, todo es gracias a tu esfuerzo - dijo sonriendo de la forma como un jefe lo haría, no obstante, en aquel momento tan emocionante, de pronto necesité que algo más ocurriera entre nosotros, una necesidad que creo que mi jefe vio en mis ojos pues se acomodó en su silla como si esperara a que yo tomara la iniciativa, como si quisiera que lo sedujera, sonriendo de una forma lasciva cuando notó esa manera tan incitante como desabroché un par de botones de mi blusa, dejando que notara la parte alta de mi sostén y esa insinuante línea entre mis pechos, permitiéndome observar la manera como el hombre se mordía el labio inferior mientras me veía y yo me imaginaba cómo su miembro podría estar creciendo debajo de su pantalón - ven aquí - me ordenó y yo me acerqué a él de inmediato, recargando mi trasero en su escritorio, sintiendo cómo el corazón me palpitaba enloquecido cuando su mano se deslizó por mi pierna, metiéndose entre mis muslos, provocando que yo abriera un poco el compás para dejarlo llegar hasta mis bragas donde ese hombre ejerció un poco de presión, haciendo que me sobresaltara cuando lo sentí apretando mis labios y cerré los ojos para disfrutar de sus caricias.</p>
<p>- ¡Ahhh! ¡Jefe! ¡Dígame una cosa! ¡Ahhh! ¡¿Tiene algo pensado para ese viaje?! ¡Ahhh! ¡Quiero decir! ¡Algo que no sea propiamente de trabajo! ¡Ahhh! - le pregunté entre gemidos mientras él me hacía sentar por completo en el escritorio, deslizándose con todo y silla hasta quedar entre mis piernas, haciendo que las abriera para que él me hiciera las bragas a un lado y acariciara mi concha con sus dedos, obligándome a arquear la espalda y echar la cabeza hacia atrás ante el placer y el morbo que me provocaba estar haciendo esa clase de cosas en su oficina.</p>
<p>- Hasta ahora no lo tenía, pero ahora que lo preguntas, creo que podré pensar en algo en estos días - comentó, antes de que lo sintiera hundiendo su cara entre mis piernas, besando mi concha, lamiendo el largo de mi raja mientras mi mano acariciaba su cabeza y mi cuerpo se estremecía una y otra vez ante sus caricias, disfrutando de la forma como me metió los dedos y acarició mi punto g mientras su boca se devoraba mi clítoris, succionándolo y lamiéndolo de una forma que me hizo olvidarme de que estábamos en la oficina, provocando que mi jefe tuviera que taparme la boca cuando un gemido se me escapó, haciéndome sonreír ante esa descarga de adrenalina que se dispersó por todo mi cuerpo en medio de esa situación tan peligrosa, pues sabía que la puerta no tenía seguro y que alguien podría entrar de un momento a otro, una idea con la que solo hice que mi excitación se fuera al cielo y facilité la aparición de aquel orgasmo que me llevó a morderme la palma de mi mano para que nadie nos escuchara, antes de que mi jefe se pusiera de pie y me besara, experimentando el inmenso morbo que me provocó sentir el sabor de mi coño en sus labios, creyendo que me penetraría en aquel momento hasta que Morris se volvió a sentar y yo me le quedé viendo sin poder creer que se hubiera detenido, que ni siquiera hubiera intentado que aquello fuera más lejos dada la tremenda erección que se levantaba bajo su pantalón.</p>
<p>- Creo que eso sería todo, Teresa - dijo en un tono audaz, haciendo que yo sonriera un poco indignada, que me levantara y me arreglara la ropa, disponiéndome a salir de su oficina hasta que de pronto lo sentí abrazándome por detrás, experimentando su erección en mi trasero, deseando que me tomara del cabello, me obligara a empinarme en el escritorio y me cogiera en ese lugar, en ese momento, que no se detuviera hasta venirse dentro de mí; no obstante, él no tenía esa intención y como me di cuenta después de aquello que me dijo, lo que acabábamos de hacer solamente era parte de lo que parecía ser un plan para que lo deseara mucho más de lo que ya lo hacía.</p>
<p>- Ten paciencia. Durante ese viaje tendremos todo el tiempo del mundo y la libertad para hacer muchas cosas, solo ten paciencia - susurró cerca de mi oído, tocándome un poco los senos por encima de mi blusa, haciendo que una sonrisa enorme se dibujara en mis labios antes de que suspirara y saliera de su oficina, sin tener aún una idea clara de cómo lograría que mi esposo me permitiera desaparecer de mi casa durante aquellos días.</p>
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<p><strong>Espero que hayan disfrutado del relato. Si desean apoyar mi trabajo, pueden hacerlo suscribiéndose a mi página de PATREON (donde esta serie ya ha terminado) o adquiriendo el ÚLTIMO tomo de la serie en AMAZON (capítulos 6 - FINAL) (links en mi perfil) Gracias por leer, compartir, comentar y valorar. Linda noche.</strong></p>