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DominaciónSep 2026

Teresa - el despertar de una mujer cautiva 06

Jane Cassey Mourin2.4K vistas
<p>Los gemidos de Candy y los jadeos de mi esposo se escuchaban con una claridad incómoda desde mi recámara, algo que en realidad no era de extrañarse puesto que mi marido tuvo la brillante idea de dejar la puerta de la habitación de invitados abierta, supongo que en un intento por hacer que me sintiera aún más humillada de lo que ya me sentía al escucharlo teniendo sexo con esa mujer en la misma casa donde habíamos vivido desde el momento en el que nos unimos en matrimonio.</p> <p>Suspirar con resignación ante tal clase de humillación, fue lo único que se me ocurrió hacer mientras terminaba de peinar mi cabello y miraba nerviosa la puerta de mi closet, donde yacía aquella maleta que empaqué durante la tarde, sintiendo ese vacío en el estómago que estuvo apareciendo una y otra vez durante los últimos días ante la posibilidad de que mi plan no funcionara o de que algo saliera mal y las cosas no resultaran como yo quería, pues sabía muy bien que, si todo se iba al diablo, no tendría idea de qué explicación le daría a Morris para justificarme en caso de que no pudiera ir con él a ese viaje de trabajo que me ofreció, una eventualidad que en aquel momento me dejó un poco aturdida, siendo el sonido que produjo la puerta del cuarto de Candy al cerrarse, aquello que me regresó a la realidad y me hizo prepararme para hablar con mi marido, rogando por dentro para que las cosas salieran como las tenía planeadas y esa noche no terminara tan mal para mí.</p> <p>- ¡Esa chica es un tornado! ¡Coge demasiado bien para ser tan joven! - exclamó Oscar mientras entraba en la habitación y yo me miraba al espejo, sintiéndome algo preocupada al notar aquella expresión tensa que mostraba mi cara, un detalle que no pasó por desapercibido para mi marido - ¿Y esa cara? No seguirás molesta porque Candy esté aquí ¿O sí? ¿Necesitas que te recuerde quién…? - comenzó a decir con ese tono amenazante que yo conocía demasiado bien, estando a mis espaldas, deteniendo sus palabras solamente cuando me vio negando con la cabeza.</p> <p>- No, no es eso… lo que pasa es que… - respondí, interrumpiendo mi discurso cuando noté en el espejo la forma extrañada y algo amenazante como mi esposo me miraba.</p> <p>- ¡Dilo de una buena vez! - me exigió, con esa forma de hablar innecesariamente agresiva, poniendo sus brazos en jarra, sin que le importara estar desnudo, oler al sexo de otra mujer o tener el cuerpo lleno de sudor.</p> <p>- Mamá enfermó y me pidió que la cuidara durante algunos días - solté sin más, mirándolo a través del espejo, viendo cómo ese hombre que una vez amé con todo mi ser me observaba como si yo no fuera más que una mocosa pidiéndole permiso a su padre para hacer algo que no debía hacer.</p> <p>- ¿Qué le pasó? - preguntó, pero no lo hizo con la preocupación de alguien que teme que un ser querido esté en peligro, sino más bien de una forma desafiante, como si diera por sentado que le estaba mintiendo.</p> <p>- Me dijo que se cayó y se lastimó, al parecer apenas puede caminar y necesita que alguien le ayude hasta que se pueda valer por sí misma - le respondí, temblando de miedo, sintiendo que cualquier paso que diera en falso podría delatar que le estaba mintiendo, sin embargo, supongo que fue ese mismo miedo que me agobiaba lo que me ayudó a mostrarme más afectada y hacer que aquella mentira fuera más creíble a sus ojos, pues para mi sorpresa, mi esposo suspiró como con resignación antes de que se sentara en la cama y me mirara desde ahí, usando el espejo para observarme con un poco menos de la agresividad con la que me miró un minuto atrás.</p> <p>- ¿Cuántos días estarás con tu madre? - preguntó con fastidio, como si mi ausencia fuera una molestia, haciéndome sentir una diminuta esperanza al creer que quizás me extrañaría aunque tan solo fuera un poquito.</p> <p>- No lo sé, tal vez una semana, quizás un poco más, depende de cuánto tiempo le tome recuperarse - le respondí, sin aguantarle la mirada por más de unos segundos, porque el miedo que ese hombre me inspiraba era demasiado.</p> <p>- Bueno, supongo que podré pasar algunos días sin ti ¿Cuándo te irás? - respondió mientras lo veía tomando su miembro y agitándolo, algo que solía hacer cuando quería recuperar su erección después de tener sexo, haciendo que yo suspirara ante el vacío que creció en mi estómago pues tenía una idea bastante clara de la dirección que tomarían las cosas en cosa de unos pocos minutos.</p> <p>- Ma… mañana temprano - respondí nerviosa, sintiendo cómo me temblaban las piernas mientras veía cómo su pene iba recobrando su fuerza a cada segundo que pasaba, ayudado por la saliva que mi esposo escupía una y otra vez sobre su glande para facilitar ese ir y venir de su mano que recorría todo su miembro desde la base hasta la punta.</p> <p>- Vale, está bien, te permitiré ir pero, antes de que empieces a empacar, tendrás que ganarte ese permiso, cariño, porque una estancia tan larga y lejos de mí seguramente te hará sentir muy sola y odiaría que sufrieras por mi ausencia, así que ven aquí, amor, vamos, te daré algo para que me recuerdes mientras estés con tu mami.</p> <p>Sé que escuchar aquellas palabras no debió afectarme, que la idea de tener sexo con mi esposo no debió significar nada especial y que pasar una última noche con él no debió pesarme tanto como lo hizo, pero por alguna razón el hacerlo con Oscar a unas horas de ir a ese viaje donde seguramente compartiría la cama con Morris en más de una ocasión, resultó mucho más indignante de lo que creí, porque me sentí como si de alguna manera extraña el hacerlo con mi esposo implicara engañar a Morris. Sí, suena como una locura, pero esa noche me sentí de esa forma.</p> <p>Sin más preámbulos que un suspiro muy largo, me levanté de aquel banquito junto al tocador donde estaba sentada y di media vuelta para mirar a mi esposo, llevando mis manos a la correa que sujetaba mi bata para deslizarla y abrirla frente a él, sintiendo un fuerte escalofrío cuando noté esa sonrisa que se dibujó en sus labios, una que no tenía nada que ver con la imagen de mi cuerpo, sino más bien con esa sensación de poder que lo embriagaba en cada ocasión en la que yo obedecía alguno de sus mandatos.</p> <p>Mirar la puerta abierta me hizo sentir el impulso de cerrarla, pero no me atreví a hacer nada que mi marido no me ordenara pues sabía que aquel permiso que me dio podría esfumarse si me equivocaba o hacía algo que él considerara inadecuado, por lo que solo me limité a caminar en su dirección, avanzando desnuda, sobresaltándome cuando las manos de mi esposo se colocaron en mis senos y empezó a amasarlos sin cuidado, lastimándome, mirando mi rostro como si solamente estuviera esperando a que apareciera una señal del sufrimiento que me estaba provocando, la cual en realidad no tardó en llegar pues la forma como me tocaba no era para nada excitante y sí bastante dolorosa.</p> <p>- Siempre me ha encantado como gimes cuando te lastimo. Es algo muy especial, es como música para mis oídos - susurró ese sádico antes de que se metiera uno de mis senos a la boca, de que yo me sobresaltara una y otra vez sintiendo cómo ese cabrón me mordía, mirándome con atención, disfrutando de verme llorar mientras sus dedos comenzaban a masturbarme de una manera grotesca y poco sensual, pero con la que siempre lograba hacer que me mojara, aun en contra de mi voluntad, obligándome a cerrar los ojos ante ese placer forzado que me provocaba y a poner mis manos en sus hombros en un intento de guardar el equilibrio.</p> <p>- ¡Ahhh! - escuché mi propio gemido entre los pegajosos sonidos que escapaban por entre mis piernas al estar siendo masturbada por mi esposo, sintiendo cómo me metía los dedos mientras me comía los senos de esa manera salvaje y poco considerada.</p> <p>- ¡Te encanta que te trate como a una puta! ¡Lo sé muy bien! ¡Siempre te ha gustado que te use como a una ramera! - exclamó antes de reírse a carcajadas mientras mi cuerpo se retorcía como respuesta a esa horrible mezcla entre placer y dolor con la que me estaba cobrando el irme por aquellos días de la casa.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Ahhh! - gemí con fuerza, tratando de soportar la manera como me penetraba con tres de sus dedos, desafiando las capacidades de mi vagina, haciendo que me mordiera los labios para no gemir tanto y no brindarle la satisfacción de que viera lo mucho que me estaba lastimando, hasta que ese cretino por fin dejó de penetrarme y se levantó de la cama.</p> <p>- ¡Veamos qué puedes hacer con tu boca mientras te masturbas! - exclamó, tomándome repentinamente del cabello para obligarme a arrodillarme frente a él, haciendo que abriera la boca para recibirlo entre mis labios, sintiendo mucho asco cuando el sabor de Candy se dispersó por mi lengua y los olores de esa chica colmaron mi nariz, pero sin poder expresar la repugnancia que me hizo sentir tal clase de aromas pues mi marido me tenía bien agarrada del cabello y no dejaba de empujarme la cabeza una y otra vez para que su miembro llegara hasta mi garganta.</p> <p>Sí, esa era la única clase de sexo que yo podía esperar tener con mi esposo desde hacía mucho tiempo atrás, porque el amor entre nosotros parecía haberse extinto en algún momento en el pasado y ya no me extrañaba que me tratara como a una de esas mujeres a las que solía usar sin el más mínimo reparo, en esos momentos en los que creo que ni siquiera se acordaba de que yo existía.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Así! ¡Ahhh! ¡Mueve tu lengua! ¡Lámeme los huevos cuando la tengas bien adentro! ¡Ahhh! ¡Así me gusta! ¡Eres una perra sucia! ¡Ahhh! ¡Ahhh! - gritó enloquecido mientras una de sus manos se colaba por debajo para apretarme un pecho con mucha fuerza, haciéndome gritar de dolor y mirarlo a los ojos sin entender por qué me estaba castigando - ¡Te ordené que te masturbaras mientras me comías la verga! - me gritó, obligándome a llevar mi mano a mi entrepierna y empezar a acariciarme, tratando de controlar mis arcadas para no vomitar sobre su miembro cuando pasaba demasiado tiempo con su sexo invadiendo mi garganta - ¡Eso es! ¡Ahhh! ¡Así me gusta! - exclamó cuando notó que mis gemidos comenzaban a ahogarse en su pene, mientras mis caricias me inducían un estado de excitación que comenzaba a ser molesto al tener que satisfacer a ese hombre que había convertido la tarea de humillarme en el propósito de su vida - ¡Vamos a la cama! ¡Te voy a follar muy duro! ¡Quiero hacerte llorar! - exclamó sin sentir ninguna clase de culpa o pena por las horribles palabras que acababan de salir de su boca, al tiempo que me tomaba de las axilas para hacerme levantar del suelo y luego lanzarme a la cama, provocando que el miedo que sentía se hiciera más intenso cuando lo vi a los ojos y me encontré con ese brillo de locura y esa sonrisa desencajada que dibujaban sus labios.</p> <p>- ¡Ahhhhhh! - un gemido muy largo salió de mi boca cuando Oscar me penetró de golpe, haciendo que intentara abrazarme a su cuerpo tan solo por hacer algo que me permitiera mitigar el dolor, un gesto que mi esposo no me permitió llevar a cabo pues antes de que lo lograra me tomó de las muñecas y me hizo colocarlas por encima de mi cabeza, apretándomelas con mucha fuerza, recargando su peso sobre ellas, lastimándome mientras sus caderas se sacudían a una velocidad atemorizante, escuchando cómo chocaban una y otra vez contra mi trasero, teniendo que soportar la tortura que me estaba infligiendo mientras veía en la puerta a Candy, asomando solamente una parte de su cara, permitiéndome notar el miedo que le provocaba saber que durante algunos días estaría cada noche a solas con ese canalla.</p> <p>Llorar y sentir cómo mi cuerpo se sacudía ante los sollozos que mi esposo me arrancó, fue lo único que pude hacer mientras ese cabrón me usaba como le venía en gana, sintiendo un gran alivio cuando al final pude sentir su leche llenándome el coño, no porque el hacerlo me provocara alguna clase de placer, sino porque sabía que al haberse venido todo había terminado, un hecho que me quedó claro cuando se retiró de encima de mí y se recostó a mi lado en la cama, al tiempo que yo sentía cómo me temblaba la boca y miraba en dirección de la puerta notando que esa chica se había marchado.</p> <p>- ¡Con eso me basta hasta que vuelva a verte! - dijo con ese aire de hilaridad que contagió su voz al ver que yo me encogía de dolor, porque para ese momento sentía cómo me palpitaban las paredes de mi vientre ante la salvaje cogida que mi esposo acababa de darme, sin que pudiera dejar de llorar ni hacer algo para lograr que mi cuerpo dejara de temblar - me iré a dormir con Candy porque no quiero escucharte mientras haces maletas, y mañana cuando te vayas, que no se te ocurra despertarme ¿Entendido? - preguntó y yo asentí con la cabeza sin dejar de sufrir, antes de que se marchara de la habitación, dejándome al fin a solas, recostada en esa cama donde me quedé muy quieta en un intento por no intensificar el dolor que me agobiaba, escuchando poco después los gemidos y los suplicantes gritos de Candy mientras mi esposo la usaba de una forma similar a como acababa de usarme a mí, una serie de ruidos que me acompañaron por algunos minutos más hasta que el sueño me venció.</p> <p>***</p> <p>- Pareces algo distraída ¿Estás bien? - me preguntó Morris después de un rato de habernos instalado en nuestros asientos de avión, sintiéndome un poco abrumada y algo asustada pues aquella sería la primera ocasión en la que volaría.</p> <p>- Sí, yo… - suspiré en un fallido intento por calmar mis nervios - es la primera vez que voy a volar ¿Sabes? Y no lo voy a negar, estoy temblando de miedo - le dije y él me sonrió de una forma muy tierna que por desgracia no pude corresponder, pues cada ruido y cada cosa a mi alrededor lograba ponerme cada vez más ansiosa, incluso grité un poco cuando una chica de la tripulación me tocó el hombro.</p> <p>- ¡Santo dios! ¡Qué susto! - exclamé, viendo cómo un niño al otro lado del pasillo me veía, burlándose de mí al notar lo nerviosa que estaba, riéndose y señalándome hasta que su madre le dio un manazo e hizo que se sentara de la forma apropiada.</p> <p>- Lo siento, señorita, no era mi intención asustarla. Es que noté que es la primera vez que vuela y quise venir a ayudarle con su cinturón de seguridad y a asegurarme de que todo esté en orden - explicó la amable mujer mientras yo suspiraba y levantaba los brazos para dejarla que me ajustara el cinturón.</p> <p>- Sí… yo… gracias… lo siento, no quise gritarle - me disculpé, sintiendo cómo la cara se me ponía de mil colores.</p> <p>- No se preocupe y si puedo hacer algo más para que su viaje sea más placentero, por favor no dude en hacérmelo saber - dijo mientras terminaba de apretar el cinturón.</p> <p>- Gracias, señorita - respondí, muriéndome de vergüenza, sobresaltándome de nuevo cuando Morris me tomó de la mano, logrando que lo mirara, sintiendo ese algo en la panza al encontrarme con sus ojos y esa adorable sonrisa que me encantaba contemplar.</p> <p>- Si de algo sirve, he volado muchas veces y en ninguna ha pasado algo digno de temer, así que no te preocupes, todo estará bien - susurró Morris, dándome al final un discreto beso en la mejilla que me hizo sonreír solamente por un segundo antes de que volvieran a dominarme la ansiedad y el miedo que me daba volar.</p> <p>- Sí, bueno, no creo que pueda estar tranquila hasta que vuelva a tener los pies en la tierra - le respondí, sintiendo cómo ese chico acariciaba mi mano, sin que me soltara mientras el avión comenzaba a moverse y todo mi cuerpo se tensaba muchísimo.</p> <p>Por supuesto que mi primer experiencia volando no fue nada agradable, y es que para empezar, el despegue fue mucho más aterrador de lo que yo jamás lo hubiera esperado, porque el avión dio como una especie de bajón antes de que lograra estabilizarse y, como si eso hubiera sido poca cosa, durante el trayecto hubo turbulencias y cosas que no entendía y que me hicieron viajar con las manos aferradas a lo que pudiera agarrarme, provocando un estado demasiado tenso en mí que no me dejó estar en paz hasta que por fin el avión aterrizó y dejó de moverse, un momento en el que me vi rezando y dando gracias de que hubiéramos aterrizado sin problemas mientras Morris me acariciaba la espalda y se reía un poco por lo bajo.</p> <p>- Gracias por reírte de mí, en serio, no sabes lo mucho que eso me ayuda a sentirme menos avergonzada - le reclamé sin lograr tranquilizarme del todo, tratando de respirar profundamente varias veces antes de que abandonáramos nuestros lugares porque para ese momento yo ya estaba temblando de pies a cabeza.</p> <p>- Lo siento, pero es que tu ansiedad me provocó mucha ternura - comentó, dándome un discreto beso en la mano para luego acariciar mi dorso, haciendo que sonriera de nuevo y me sonrojara un poco, desviando la mirada al sentir ese algo en el estómago que mi jefe solía provocarme con mucha frecuencia por aquellos días - vamos, bajemos del avión para que al fin sientas un poco de tierra firme bajo tus pies - me dijo, ayudándome a poner de pie, algo que en realidad agradecí puesto que las piernas me estaban temblando mucho y en serio dudaba que yo fuera capaz de caminar por mí misma.</p> <p>Por supuesto que todo comenzó a calmarse más y más en la medida en que sentí mis pies firmemente pegados al suelo, haciendo que todo lo que ocurrió durante el vuelo cada vez resultara más gracioso, hasta que al final recorrimos el trayecto al hotel entre bromas y algunas risas, sintiéndome de nuevo tan cómoda a lado de Morris como solía sentirme cuando estábamos en el trabajo, o al menos así fue hasta que llegamos a la recepción del hotel y recibimos esa noticia que a ambos nos tomó por sorpresa.</p> <p>- Lo siento mucho caballero, hubo un problema con su reservación y me temo que estamos llenos; pero por favor no se preocupe, sabemos que el error fue nuestro y desde unos minutos antes de su llegada, le conseguimos una suite en otro hotel de la cadena. Entendemos que esto será una molestia puesto que el congreso al que asisten tendrá lugar en este complejo, y créame que lo sentimos mucho, pero tenga por seguro que haremos lo que esté en nuestras manos para hacer más cómoda su estancia, empezando por asumir todos sus traslados en vehículos del hotel así como sus gastos de alimentación, créame que estamos muy apenados por todo esto - se disculpó el hombre mientras yo miraba a mi alrededor y me lamentaba un poco para mis adentros de no habernos alojado en ese lugar porque el hotel era en realidad bastante lindo, sintiéndome al final resignada a tener que hospedarnos en otro sitio, esperando que no fuera tan malo, a pesar de que sabía que al estar con Morris difícilmente podría quejarme del lugar donde nos hospedaríamos.</p> <p>- ¿Qué tan lejos está el nuevo hotel? - preguntó mi jefe con una voz que delataba su molestia.</p> <p>- A unos quince minutos de aquí - respondió el pobre hombre, mostrándose culpable por el error cometido, provocando que Morris se tornara bastante molesto, al menos hasta que le acaricié el brazo para llamar su atención en un intento por hacer que el ambiente se relajara un poco.</p> <p>- ¿Sabes algo? Quince minutos no es tanto tiempo, y si el hotel se compromete a trasladarnos cada vez que lo necesitemos…</p> <p>- ¡Sí, por supuesto! ¡Cuenten con ello! - exclamó el sujeto de la recepción, hablando con un cierto aire de alivio al ver que me estaba poniendo de su lado.</p> <p>- Está bien - respondió mi jefe con sequedad, antes de que forzara una sonrisa que no logró aligerar ese ambiente tan tenso.</p> <p>- Gracias por su comprensión, caballero, dama. Por favor, síganme, los conduciré a la camioneta que los llevará a su hotel - indicó el trabajador, mostrándonos el camino al estacionamiento donde aquel vehículo ya nos esperaba, abordando de inmediato antes de que le tomara la mano a mi jefe y él me mirara apenado, dejando en evidencia que el que las cosas no hubieran salido como estaban planeadas en serio le había molestado, algo que fue aún más evidente después de que nos registramos en la recepción del nuevo hotel y nos llevaron a la suite, encontrándonos con una habitación bastante linda con una sala espaciosa y separada de la recámara, la cual por cierto solamente tenía una cama.</p> <p>- Teresa, yo… de verdad lo siento, mi intención no era que… no pretendía presionarte de alguna forma para que… - comentó nervioso, un ánimo que para nada resultaba natural en él.</p> <p>- No te preocupes, esto en realidad está bastante bien y… - me detuve al ver aquella cama en medio de la habitación, sonriendo antes de terminar aquella frase que quedó en el aire - supongo que al haber solo una cama nos ahorraron algunos protocolos innecesarios - le dije como si tal cosa, metiéndome en la recámara de inmediato, dejando mi maleta antes de que lo mirara y lo contemplara ahí parado en el umbral de la puerta, con el atisbo de una sonrisa nerviosa en sus labios y ese brillo de sorpresa en sus ojos - ¿Sabes algo? Creo que antes de desempacar me daré una ducha, porque en serio necesito relajarme después de ese viaje tan aterrador ¿Te molesta si te dejo solo un ratito? - le pregunté y él negó con la cabeza, antes de que se metiera en la recámara y dejara su maleta al otro lado de donde se encontraba la mía - entonces nos vemos en un ratito - dije, dándole la espalda de inmediato mientras me quitaba la blusa, metiéndome en el baño a un paso lento, tocando por un momento la perilla de la puerta antes de que sonriera y la dejara abierta, suspirando ante ese atrevimiento tan descarado que estaba por ejecutar, sintiendo ese algo en mi estómago que provenía de lo emocionante que resultó desnudarme con la puerta abierta, con movimientos sutiles, tratando de ser lo más seductora posible mientras le daba la espalda a la puerta, esperando que Morris estuviera contemplando aquel espectáculo en el que me lo quité todo a excepción de mis bragas, antes de que me estirara un poco, fingiendo que no tenía idea de que la puerta seguía abierta, para luego girar un poco mi cuerpo, no lo bastante como para dejar que ese chico me viera los senos desnudos, pero sí lo suficiente como para fingir que hasta ese momento me di cuenta de que había dejado la puerta abierta, tapándome los senos con un brazo antes de dar media vuelta y apresurarme a cerrar la puerta, fingiendo estar apenada por un descuido tan indecente.</p> <p>- ¡Lo siento! ¡Pensé que la había cerrado! - me disculpé con ese tono falso con el que quise dejarle en claro que todo fue premeditado, disfrutando de la embelesada mirada que Morris le dedicó a mi cuerpo, sabiendo que me acababa de salir con la mía, esperando que aquel breve espectáculo fuera lo bastante sugestivo para que al salir del baño ese hombre me hiciera suya durante tanto tiempo como pudiéramos mantenernos despiertos.</p> <p>            </p> <p> <strong>Espero que hayan disfrutado del relato. 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