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Fetichismosept 2023

Su fetiche le cambió la vida por completo (2)

Sara descubre el secreto de Luis: su fetiche por el tabaco y la fumadora. En lugar de juzgarlo, lo atrae hacia una dinámica de poder donde él debe someterse a sus deseos. La tensión crece mientras ella lo obliga a reconocer su condición y a servirla, llevándolo al borde del control.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

No podía creer que estuviera viviendo esta situación después de tantos años viviéndolo en secreto.

Me has dicho que no fumabas, ¿no?

Si, así es.

Pues creo haber visto como dabas una calada a mi cigarrillo antes de apagarlo.

Pues….. no….., yo…….

No te pongas nervioso, es natural en alguien como tú.

¿Que quiere decir usted?

No hace falta ser muy observadora para conocer a personas como tú.

No le entiendo.

Yo te lo explico ahora. ¿Tienes algo de beber?

Si, ¿Que desea tomar?

Pues un vino tinto, si tienes.

Miraré a ver. Un momento.

Me fui hacía la cocina para ver si podía servirle lo que me había pedido. Tomé una copa y abrí una botella de vino especial.

Aquilino tiene usted.

¿Así me lo sirves?, creo merecer unas formas más acorde conmigo.

Perdóneme. No le entiendo.

Si lo entiendes. Quizás es que te da vergüenza manifestar tu condición. Desde que te vi con tus amigos supe de esa condición secreta tuya. Aunque estabas con ellos no cesabas de mirarme cada vez que daba una calada al cigarrillo. Se notaba en tu cara y en tus ojos lo que estabas disfrutando al verme. ¿Crees que estoy equivocada?

Aquella mujer había descubierto mi secreto sin conocerla. ¿Se habrían dado cuenta mis amigos? No sabía que contestarle. No la conocía y no me atrevía a desvelar mi secreto tantos años guardado. ¿Podría confiar en ella?

Enciéndeme un cigarrillo. ¿Que tabaco te gusta? Porque estoy segura que tienes tabaco en casa, ¿verdad?

Suelo tener tabaco rubio, winston largo.

Pues quiero uno.

¿Se lo enciendo yo?

Ja, ja, ja. Estoy segura que es lo que desearías, pero más adelante puede ser que lo hagas siempre para mi. Por ahora no.

Le pasé el cigarrillo y se lo encendí. Ver el cigarrillo entre sus dedos y como lo acercaba a su boca colocándolo entre sus labio para chupar con fuerza mientras acercaba el encendedor era algo que me provocaba una excitación general difícil de disimular y controlar. Mis manos temblaban al acercar el encendedor.

-¿Te ocurre algo?, estás algo nervioso.

No supe que contestar. Estaba más pendiente de ver su cara que de otra cualquier cosa. Por ello descuidé el controlar mi excitación entre mis piernas. Mientras le encendía el cigarrillo sentí su pie moverse por encima del pantalón a la altura de mi polla que en ese momento alcanzaba un tamaño considerable que se dejaba entrever a través de la ropa.

No te has dado cuenta que el cigarrillo ya está encendido. Ja, ja, ja.

Perdón. Lo siento. Discúlpeme.

Su pie se frotaba sobre el pantalón sin cesar dejándolo caer hacia abajo y presionando mis testiculos. Yo en esos momentos me que perplejo sin saber si levantarme, quedarme, decir algo o seguir contemplándola, en especial su boca cuando se separaba del cigarrillo y me permitía verla toda llena de humo que muy despacio dejaba escapar envolviéndonos por completo.

Acércame la copa, me gusta tomar un trago de vino mientras fumo un cigarrillo.

Si, claro.

Te voy a confesar una cosa de mi. Soy una fumadora empedernida. Me encanta fumar. Espero que no te moleste que fume aquí en tu casa.

No, por favor, como va a importarme. Todo lo contrario, me gusta que se sienta como en su casa.

Mis ojos no se apartaban de ella. Al ver que la ceniza estaba a punto de caerse, un instinto me hizo acercar la mano para que la depositara en ella para a continuación ir a por un cenicero.

Muy amable y detalloso.

Es un placer para mi atenderla. Voy a ver cómo está su tobillo.

Volví a arrodillarme para masajear su tobillo. Pero no podía evitar mirarla de reojo cada vez que daba una calada a su cigarrillo. Creo que ella se percató ya que cada vez que exhalaba el humo de su boca lo hacía en dirección a mi cara que estaba pendiente de cada vez que fumaba.

¿Te molesta el humo?

No, para nada. No me importa. Es más me agrada su olor.

¿Solo su olor o también su sabor?

No supe que contestar, agaché mi cabeza para ver su tobillo mientras volvía a recibir una bocanada del humo de su cigarrillo.

¿Puedo usar el cenicero para la ceniza?, es que lo veo tan limpio que me sabe mal ensuciarlo.

Por supuesto, úselo cuanto lo necesite.

Has de saber que cuando antes has puesto tu mano y he echado la ceniza en ella me ha encantado, nunca lo había hecho.

Pues no me importaría ofrecerle mi mano para que usted la use como cenicero.

Me encantaría, te lo he de reconocer.

Escucharla fue el detonante para acercarme y abrir mi mano ofreciéndosela para que depositara la ceniza. Al hacerlo se echó hacia adelante colocando su cara muy cerca de la mía pudiendo recibir el aliento de su boca. Su olor volvió a excitarme y más cuando a la misma vez sus dedos daban pequeños golpecitos al cigarrillo haciendo caer la ceniza sobre mi mano.

¡Me gustas!

No fui capaz de moverme de la posición arrodillado ante ella. Me miró a la vez que se llevaba el cigarrillo a sus labios que se cerraron sobre el cigarrillo dándole una fuerte chupada y dejando escapar de forma muy lenta el humo de su boca generando una nube de humo que me envolvió de manera total. Mi boca se abrió intentando tomar esa nube de humo. Yo la miraba sin pestañear.

¿Te ocurre algo?

La seguí mirando sin saber que contestar. ¿Estaba descubriendo esa mujer mi gran secreto de tantos años? Yo no había sido consciente de habérselo dicho ni tampoco era consciente de haberlo dejado entrever.

No, que va. No me ocurre nada.

Yo creo que si. Mírate como estas.

Es…. que…..no…..se…..lo…..que…..me…..

¿…..Ha pasado? Creo saberlo pero me gustaría que fueras tú quien me lo confesara.

Pues…. yo…..es….que…..

Creo que arrastras desde hace tiempo algo que has ocultado desde siempre. ¿Lo sabe alguno de tus amigos o amigas?

No, nadie.

Mientras me hablaba mis ojos estaban fijos en su mano, en sus dedos que sostenían el cigarrillo, en el movimiento que realizaba para acercar el cigarrillo a su boca, en sus labios, en como chupaba de forma lenta el cigarrillo, como aspiraba su humo y como su boca expulsaba todo el humo acumulado en dirección a mi cara.

¿No te gustaría compartirlo conmigo? Creo que te liberarías de ese secreto y te sentirías mejor.

Pues…. yo…. desde hace mucho tiempo……

Desde hace mucho tiempo te sientes atraído por….

Si, me siento atraído por la mujer que fuma. Realmente el verla fumar me produce una……

¿Te excita verme fumar a mi? ¡Mírame!

Sin dudarlo, la obedecí y la miré para dejar que me envolviera otra nube de humo caliente de su boca. Su pie bajo hasta mi entrepierna volviendo a masajear mi polla que ya se encontraba totalmente erecta.

Yo diría que si. Eso me gusta y como a ti me excita verte ahí a mis pies, mirándome sin pestañear. ¿Quieres una calada?

Si, por favor.

Pues pídemelo como seguramente bien sabes hacerlo. Te estoy esperando.

No fui capaz de pensar en lo que me estaba diciendo. Estaba totalmente ensimismado mirándola. Así volvió a echar la ceniza en mi mano y acercó su mano a mi boca colocando su cigarrillo entre mis labios para quitarlo seguidamente sin tener opción a darle una calada.

Aún sigo esperando que me lo pidas, Luis.

Por favor Sara, ¿me permites darle una calada a tu cigarrillo?

¿Crees que tutearme es la forma más apropiada de dirigirte a mi?

Perdóneme usted, no pretendía faltarle al respeto.

No me has faltado al respeto. Es que alguien como tú ha de saber cómo dirigirse a alguien como yo. ¿Lo estás entendiendo? Creo que lo entiendes perfectamente, lo que te ocurre es que llevas mucho tiempo guardando tu secreto, que no es otra cosa que tu condición. Ahora deseo que me masajees los pies, es algo que me encanta y que has de saber.

Realmente estaba paralizado y sonrojado de estar viviendo esta situación estando arrodillado ante una mujer a la que, sin conocerla realmente, me tenía hipnotizado con su actitud y comportamiento para conmigo.

¿Quieres?

Me pregunto cambiando la posición del cigarrillo de entre sus dedos y ofreciéndomelo. Podía ver el cigarrillo con las marcas de carmín de sus labios.

Deberás pedírmelo como tú muy bien sabes que debes hacerlo. Porqué tú sabes cómo debes pedirlo, ¿no es así?

¿Que debía contestarle?, ¿ debía descubrirle mi gran secreto?, ¿mi gran fetiche con el que lograba alcanzar los mejores orgasmos?. Contemplarle frente a mi, con esa sensualidad que manaba de su cuerpo reforzada por estar fumando ante mi, obligándome a saborear el humo de cigarrillo condimentado con el sabor de su boca, me estaba provocando una erección que solo podía aliviar con una buena masturbación. ¿Que debía de hacer ante esa señora?

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