Su fetiche le cambió la vida por completo (3)
Sara sabía que Luis la miraba con hambre. Ahora, en la intimidad, le exige que olvide su nombre y recuerde solo su obediencia. El cigarrillo no es solo humo; es la llave de su sumisión.
Yo estaba que no me creía lo que estaba ocurriendo. La excitación era permanente y necesitaba aliviarme. Mi polla con su dureza por la erección me provocaba un pequeño dolor que iba en aumento. Sus palabras, sus gestos, sus insinuaciones y la forma en que se dirigía a mi me hacía pensar el que, ¿como esa mujer podría conocerme de esa forma tan intima y personal?
- ¿Vas a pedírmelo, Luis?
Señora Sara me permitiría Usted darle una calada a su cigarrillo? Supondría un gran placer para mi, por favor.
Ella alargó su brazo dejando su cigarrillo entre mis labios. La primera sensación fue el poder recoger en mi boca el sabor del carmín de sus labios. Era un sabor dulce que traté de que mis labios se quedaran impregnados de él. A continuación di una calada a su cigarrillo sin dejar de mirarle y sintiendo como su pie se posaba en mi entrepierna, sobre el pantalón, para ir presionando poco a poco mi polla erecta.
¿Te ha gustado? Estás muy simpático con los labios manchados de la pintura de mis labios. Puedes terminar de fumártelo.
Gracias Señora Sara.
Bien, creo que es el momento de que hablemos de ti, ¿no te parece Luis?
Si….claro…..como Usted…..desee…..Señora.
Pues háblame de ese gran secreto o deberíamos llamarle fetiche, como prefieras.
¿Como sabe Usted que tengo yo ese secreto?
Mientras estábamos en el bar he podido observar que aún estando con tus amigos no has dejado de mirarme. Y sobre todo desde que me encendí un cigarrillo y estuve fumándomelo. Tus ojos estaban clavados en mi. Eran unos ojos de deseo.
Pues… desde siempre mi sexualidad ha estado rodeada de este mi gran fetiche. Solo con imaginar estar frente a una mujer fumando, que se deje observar y me permita servirle ha sido suficiente para excitarme y alcanzar mis orgasmos.
¿Que has querido decir “servirle”?
Pues….que ese fetiche del que le he hablado va parejo con mi condición de sumiso.
¡Guauuuu! Me encanta tu condición de sumiso además de tu fetiche. Tienes lo que he deseado siempre. Háblame de que es para ti la sumisión.
Pues es vivir por y para esa persona haciéndole su vida muy placentera, asumiendo sus gustos, rarezas y deseos como míos. Eso implica que nada me pertenece desde ese momento. Dejan de existir mis deseos, mis gustos, mis formas de hacer las cosas, etc.
Muy bien Luis. ¿Hay algo que no estarías dispuesto a realizar aunque ella te lo pidiera?
Creo que no Señora Sara. Acepto cualquier deseo suyo, lo hago mío y soy feliz aceptándolo.
¿Que tipo de prácticas son las que más te atraen?
Pues dado mi fetiche, todo lo relacionado con el tabaco.
Eso ya lo he podido comprobar desde que estoy aquí. ¿Te dejarías marcar con mi cigarrillo?
Para mi sería un orgullo saberme marcado por Usted, y si es con su cigarrillo más aún.
¿Estarías dispuesto a dejarlo todo, amigos, familia, trabajo, etc. para venirte conmigo a vivir una relación en la que yo sería tu única dueña y tu mi sumiso para todo?
Eso sería mi gran sueño, llevarlo a cabo.
Pues podemos planteárnoslo si te parece, aunque debemos concretar muchas cuestiones. A mi edad no puedo iniciar una relación de este tipo sin estar plenamente segura de hacerlo. Por ejemplo, ¿que ocurriría con tu trabajo?
No habría problema ya que lo realizo con el teletrabajo. Solo necesitaría unas horas al día.
Tu nómina deberías ingresarla en mi cuenta y sería yo quien controlara la economía que por supuesto estaría destinada a satisfacer mis caprichos y deseos. Solo emplearía lo mínimo para ti y sería yo quien decidiera lo que te correspondería.
Por supuesto, eso es fácil ya que solo con un correo daría orden para el cambio de ingreso de la nómina.
Te dirigirás a mi como tu Señora y en casa te vestirás como yo disponga llevando en todo momento un collar al cuello y una correa en mi mano. Solo saldrás fuera de casa cuando yo te lo permita: hacer la compra, llevarme en coche, etc. Como verás vivirás en casa siempre, aislado del mundo exterior, sin más relación que la nuestra. Con el paso del tiempo haré de ti una extensión de mi, el control mental será total.
Está usted hablando y mientras lo hace es como si me conociera de toda la vida. Le confesaré que para mi es un sueño que se está realizando ahora a través de ti.
Su mano se estiró y con el gesto de sus dedos deduje que quería un cigarrillo. Tomé el paquete, saqué un cigarrillo, lo coloqué entre sus dedos y cuando se lo llevó a sus labios se lo encendí.
Me gusta que cuando me veas fumando te coloques a mi lado con la boca abierta para que yo la use como cenicero.
Será un privilegio para mi que use mi boca como su cenicero. Gracias.
Has de saber que te usaré para todo y cuando digo todo es todo. Ignoro si en tus imaginaciones has llegado a soñar con todo tipo de prácticas, pero te aseguro que a mi lado conocerás y llevarás a cabo todo aquello que mi deseo te ordene. Procuraré que no existan en ti límites.
Supongo que eres hetero, ¿no?
Si no me atraen los hombres para nada.
Ja, ja, ja, me has dicho que no tenías ningún tipo de límite. Si mi deseo es que sirvas a un hombre, ¿no lo harías?
Me refería a servirle sexualmente.
Cuando he hablado de servir a un hombre me refiero a servirle en todo lo que desee, incluido sexualmente. ¿Que tienes que decirme?
Es… que….yo nunca me he visto… manteniendo un encuentro con……un..:..hombre.
Como supondrás tengo amigos y amigas, matrimonios y parejas que conocen mis gustos y que al igual que ellos me invitan a sus casas a mi me gusta invitarles también. Yo no tengo que ocultarme ante ellos y me encantaría poder presentarte a ellos como mi pareja y sumiso.
Eso si… pero no es lo mismo que servirles sexualmente.
Vamos a ver si yo me explico bien. Me has dicho que no habrá límites en ti. Has de saber que para mi y ante quien yo desee te trataré como lo que eres, mi sumiso. Y como tal te ordenaré que realices determinados servicios tanto a mi como a quien yo disponga. Será una forma de sentirme muy orgullosa de poseerte y generar en ellos una envidia hacia mi.
Necesitaría un tiempo para asimilarlo.
El tiempo que necesitarías es el que yo tardaría en darte esa orden. ¿Entendido?
Mientras hablábamos estaba junto a ella sentado en el suelo y recibiendo el humo de su boca a la mía. En una de esas veces se incorporó y colocando su boca sobre la mía dejó caer un salivazo que saboreé con un gusto tremendo por su sabor al tabaco que tenía su boca.
¿Te ha gustado, Luis?
Mucho Señora Sara.
Pues si te ha gustado y deseas volver a saborearme tendrás que obedecerme en todo lo que yo te ordene y sin pensártelo. Has de entender que si te acepto como de mi propiedad no podrás pensar mis órdenes sino que sin reflexionar o dudar en tu obediencia lo llevarás a cabo por el simple hecho de que yo te lo he mandado.
Si, mi Señora. Obedeceré en todo, se lo prometo, de verdad.
Así me gusta. Pero has de comprender que todas tus palabras debo comprobar que no son solo palabras sino que son hechos.
Por supuesto. Le dire que estoy deseando demostrárselo.
No corras tanto. Todo llegará. Ahora quiero que te desnudes y estés así a mi lado, en el suelo.
Mientras me desnudaba no dejé de mirarle fumando de forma tan sensual, dejando escapar de su boca el humo muy lentamente. Ya desnudo me acerqué a su lado y al ir a sentarme en el suelo junto a ella me mandó quedarme de pie.
¡Mírame! y mantén tus manos en la espalda.
Así, desnudo ante ella se echó hacia adelante del sillón, dio una fuerte calada al cigarrillo y abriendo su boca llena de humo la acercó a mi polla dejándola llena de su humo. Cuanto hubiera deseado que introdujera en su boca llena de humo, pero no lo hizo. Se volvió a echar hacia atrás y mis ojos se dirigieron a mi polla impregnada de humo. Me hubiera gustado tanto el poder masturbarme pero me contuve. No podía defraudarle.
¡Uyyyy…! ¿Has visto lo que sale de tu pollita?
De mi polla estaba asomando unas gotas de líquido preseminal, transparente, fruto de la excitación a la que estaba sometido. La mano con la que sostenía el cigarrillo la acercó y con sus dedos lo recogió y lo llevó a mis labios pintándomelos con el.
¿Lo habías probado antes?
No, nunca.
Bien así te irás acostumbrando a su sabor. ¡Lámete los labios y saboréalo!
Con mi lengua recogí todo el lubricante de mis labios. Lo iba saboreando muy despacio.
¿Te gusta?
Si, Señora Sara.
Te das cuenta que fácil es contentarme. Solo has de obedecer, nunca deberás pensar en ti antes de complacerme.
Ahora buscó en su bolso su barra de labios. La abrió y se pintó sus labios para a continuación chupar el cigarrillo y ofrecérmelo para que lo terminara fumando.
¡Chúpalo con fuerza, quiero que tus labios queden marcados de mi carmín!
Así lo hice. Mi polla no podía crecer más y durante tanto tiempo. Seguí fumando el resto de su cigarrillo.
Ya está. Si sigues te vas a fumar el filtro. Tendrás mucho más en adelante. ¡Dámelo, Luis!
No entendía para que me lo pedía. Antes al terminar de fumar me lo había dado para apagarlo.
Alarga tu mano y déjala abierta.
Estire mi mano abierta dejándola así ante ella. Entonces hizo una aspiración fuerte con su nariz para después forzar con su boca la salida de la mucosidad. Tomó mi mano y escupió en ella ese escupitajo verdusco mezcla de saliva y de mucosidad. Su aspecto era más bien asqueroso para cualquiera que pudiera verlo. Cogió la colilla con sus dedo y la apagó en mi mano.
¿Que haces, Luis? ¿Por que has intentado retirar tu mano al ir a apagarte la colilla? No me ha gustado. Has visto que te he escupido para que no te quemara la colilla.
Lo siento Señora. El instinto a que me quemara es lo que me ha hecho retirarla un poco.
Pues has de estar preparado porque en adelante puede apetecerme apagarlo sin tanto miramiento. ¿Y…. Entonces que harás?
Ofrecerme Señora, se lo aseguro.
Bien creo que ya podré andar hasta el hotel. Quiero que permanezcas en casa. Puedo llamarte o requerir de tu presencia. Mientras ve ideando la forma en que les dirás a tu familia y a tus amigos que te marcharás pronto sin decirles dónde irás.
Le ayudé a levantarse, se encendió un cigarrillo y la acompañé hasta la puerta. Mientras íbamos hasta la puerta iba dejando caer la ceniza al suelo.
- Ah, la casa me gusta que esté bien limpia. ¿Has visto como está el suelo?
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- Relato #206140— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
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