Su fetiche le cambió la vida por completo (4)
Sabe que su libertad se vende a precio de ceniza. Cada calada de su cigarrillo es una orden, cada resto en el suelo una prueba de lealtad. Esta noche, la Señora Sara no solo quiere su obediencia, quiere su esencia.
Por supuesto, a mi también me gusta que todo esté limpio.
Veo que coincidimos en muchas cosas, Luis.
Antes de cerrar la puerta dio una calada a su cigarrillo, me echó la bocanada de humo a la cara y lo tiró al suelo. Me miró y con un guiño se despidió.
Estaremos en contacto.
Nada más cerrar la puerta me arrodillé en el suelo para coger su cigarrillo que aún estaba encendido. Lo llevé a mi boca para fumármelo muy despacio, con la intención de que no se terminara nunca. Tal era mi excitación por lo vivido que me fui al baño para masturbarme frenéticamente mientras seguía disfrutando de su cigarrillo. En mis labios lo chupaba y depositaba saliva con el fin de saborear mejor el carmín que había en el. Creo que fue uno de los mejores orgasmos de mi vida hasta ese momento ya que no fue fruto solo de mi imaginación sino que estaba basado en lo que acababa de ver.
Cuando salí del baño vi como estaba el suelo de la entrada de la casa y recordé lo que me había dicho antes de marcharse. Mi imaginación se puso en marcha creyendo oír a la Señora Sara como me mandaba arrodillarme en el suelo y limpiar toda le ceniza de su cigarrillo con mi lengua y boca. Iba a hacerlo cuando sonó el teléfono.
Hola Luis. ¿Que haces ahora?
Pues…. Iba a…..limpiar el suelo como me habías mandado.
¿Aún no lo habías hecho? Cuando te mando hacer algo me gusta que me obedezcas al momento, sin dilación.
Es que…… he… estado…..
Dime que has estado haciendo, Luis. Si te lo tengo que decir yo, merecerás un buen correctivo.
Pues…. nada más….marcharse me terminé de fumar su cigarrillo. Lo saboree y disfrute mucho.
¿Disfrutaste mucho?, ¿de qué manera disfrutaste, Luis? ¡Dímelo!
Pues….. le he de reconocer que me he masturbado mientras lo fumaba y saboreaba el carmín.
Bien, pero a partir de este momento me deberás pedir autorización para masturbarte, ¿lo has entendido?
Si, perdóneme. Es que estaba muy excitado. Lo siento.
Por esta vez lo perdonaré. ¿Has limpiado el suelo?
Iba a hacerlo ahora mismo.
Supongo que con la escoba y el recogedor, ¿no?
Si…claro…..hay otra… forma..de hacerlo.
Pues yo creo que si. ¿No te lo imaginas?
Realmente no pensaba hacerlo con la escoba y el recogedor. Perdóneme.
Me alegro de no sentirme defraudada por tus acciones. Recuerda que tu mente me pertenece y solo piensa según pienso yo. Dime cómo lo ibas a hacer.
Pues desnudo como estoy me había arrodillado en el suelo y me disponía a limpiarlo con mi lengua y mi boca.
Esa actitud me gusta más. Si yo hubiera estado allí te hubiera pisado el cuello con mi pie hasta que el suelo estuviera como a mi me gusta, limpio y brillante.
Bueno, hasta pronto, mi Luis.
Tal y como pensaba hacerlo y como me había indicado la Señora Sara me puse a lamer el suelo para que, cuando volviera, estuviera a su entero gusto.
Cuando terminé me senté en el sofá para pensar la estrategia que iba a seguir tanto con mi familia como con mis amigos si llegaba el momento en el que debía trasladarme a vivir bajo el poder y dominio de ella. Sonó nuevamente el teléfono.
¿Quien es?
Pues quienes vamos a ser, Luis, tus amigos. Es para saber que te ha ocurrido para irte tan pronto.
No me encontraba muy bien. Por cierto acabo de recibir una oferta de trabajo muy sugerente. Es para trabajar como coordinador de programas en una multinacional. Tengo aún que pensarlo pues supone trasladarme a vivir lejos, al extranjero.
Pues yo no me lo pensaría. ¿Y de pelas?
Ya pero tendría que dejar el que tengo ahora que también está muy bien y es cómodo.
Bueno, ya me contarás. ¿Nos vemos mañana y hablamos?
Ya te llamo yo, tengo que darle vueltas a todo esto.
Bueno, si todo salía como deseaba a los amigos ya se lo había dicho. Realmente como mi trabajo actual es a distancia, desde casa no tendría ningún problema. Ahora he de ver cómo se lo digo a mi familia.
Sonó de nuevo el teléfono.
¿Si?
Luis espero que esté todo limpio. Me apetece que pases a recogerme para ir a cenar. ¿Cuánto tardarás?
Pues tengo que ducharme. Yo creo que en una hora puedo estar ahí.
Bien, te espero, mi Luis.
Me dispuse a prepararme para recoger a la Señora Sara. Ya en la puerta de su hotel, tuve que esperar que bajara. Al verla, un subidón me dio en mi cuerpo. Vestía un vestido negro ajustado con unos botines de tacón alto y fino. Como complemento, fumaba un cigarrillo. Se quedó junto a la puerta del coche. Rápidamente bajé del coche para abrirle la puerta.
Has tardado en darte cuenta, Luis. Gracias.
Ya en el coche me indicó donde dirigirnos. Se trataba de un restaurante en las afueras de la ciudad, cosa que me tranquilizó pues evitaría que conocidos me vieran.
¿Como estas?
Muy bien.
Al llegar al restaurante ya había una mesa en un reservado. Al sentarnos me levanté para buscar un cenicero.
¿Crees que lo voy a necesitar?
Extendí mi mano para recibir la ceniza de su cigarrillo. El camarero se acercó. Ella pidió un vino tinto. Nos lo sirvieron pero cuando iba a servir mi vino ella le dijo que yo no quería vino. Yo me quedé mirándole. No sabía el porqué aunque nada más marcharse el camarero lo comprendí todo.
He pensado que te gustaría beber lo que yo te voy a dar.
Dando una calada al cigarrillo dejó caer la ceniza en mi copa. Después dio un trago a su copa para después acercar la mía a su boca y dejar caer de ella lo que había bebido.
¡Toma tu copa! Brindemos, y espero que te guste el vino.
Bebí de mi copa tragando junto al vino la ceniza y la saliva que flotaba en ella.
Esta muy rico, gracias.
Podía ver como aún flotaba en mi copa restos de su saliva así como en el fondo un poso de ceniza. Realmente mis ganas de arrodillarme ante ella eran grandes pero debía contenerme.
Tengo que contarle algo. He corrido el rumor entre mis amigos y mi familia de que me ha salido una oferta de trabajo muy atractiva y que de aceptarla me tendría que ir a vivir al extranjero. Espero que no le disguste, Señora Sara.
Me encanta la noticia. ¿Para cuando tendrías que incorporarte a ese trabajo?
Pues cuando usted lo disponga.
Supongo que seguirías teletrabajando como ahora, ¿no?
Por supuesto. No quisiera suponerle una carga y tal como me indicó modificare la cuenta en la que ingresaran mi nómina con el fin de que sea usted quien la controle.
Muy bien, Luis.
Una nueva bocanada de humo rodeó mi cara. La aspiré con ansia y ella me lo noto.
Toma el cigarrillo. Quiero que vayas al aseo, te masturbes mientras te lo fumas y antes te colocarás este preservativo. Cuando termines vienes y me lo enseñas. ¿Entendido?
Me alargó su cigarrillo y me dirigí al aseo. Ya en el me coloqué el preservativo y mientras daba caladas al cigarrillo comencé a masturbarme muy excitado pensando en ella y en todo lo que estaba por venir. No tarde en ver cómo se llenaba el preservativo de abundantes chorros de leche. Al terminar me lo quite y le hice un pequeño nudo para que no se derramase.
Aquí lo tiene, Señora Luisa.
Ella tomó la servilleta en la que iba envuelto y con mucha maña lo desanudo contemplándolo.
Veo que estabas muy cargado, me gusta saberlo. Ahora cuéntame en que has pensado para excitarte.
Pues solo en usted. En su cara, en su cuerpo. Imaginaba que la tenía ante mi fumándose un cigarrillo y ordenándome que me masturbara para usted.
Pronto dejarás de tener que imaginar pues estarás a mis pies para servirme de por vida.
Diciendo esto me mandó acercarle mi copa. Con disimulo acercó el preservativo y lo fue vaciando en ella. El vino de la copa se fue transformando en una mezcla rosácea en la que flotaban grumos de mi semen. Con sus dedos lo escurrió y volvió a anudarlo, entregándomelo.
Tómalo por si lo vuelves a necesitar. Ahora brindemos por esta maravillosa velada.
Pasamos una cena maravillosa y cuando terminamos me mandó pagar e irnos a su hotel. Durante el viaje ella fumaba su cigarrillo mirándome en todo momento.
¿Has disfrutado de la velada?
Mucho, ha sido maravillosa en su compañía.
Te habrás dado cuenta que me gusta tenerte en permanente disposición para mi. Me ha gustado mucho que me obedecieras sin cuestionarte nada de lo que te he ordenado.
Si claro y le confesaré que así será mi vida a su lado si es que me acepta como suyo.
Llegamos al hotel y directamente al parking. Me bajé y le abrí la puerta para que bajara. Puso su mano en mi brazo y subimos a su habitación. Nada más llegar se paró en medio de la habitación extendiendo su brazo.
A que esperas. Un criado recoge el bolso de su señora, le ayuda a acomodarse en el sillón, le despoja de sus zapatos y……. ¿No se te ha ocurrido hacerlo?
Perdón mi Señora Sara.
Tomé su bolso y la acompañé al sillón. Una vez acomodada me arrodillé para liberarla de sus botines.
¿Me permite?
Tomé uno de sus pies y lo comencé a besar y a recorrer con mi lengua deteniéndome en cada uno de sus dedos que chupé de forma suave. Iba a hacer lo mismo con su otro pie y recordé que desearía fumarse un cigarrillo.
Tome, Señora.
Le ofrecí un cigarrillo, se lo encendí y continué adorando su otro pie. Esta vez mientras lo besaba y lamía el humo de su boca lo envolvía dándole un sabor distinto y sensual.
- ¡Prepárame un baño!, necesito relajarme.
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