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Fetichismosept 2023

Su fetiche le cambió la vida por completo (5)

Sara no pide permiso, exige. Para Luis, cada bofetón y cada orden degradante no son un castigo, sino la llave de un placer prohibido que lo sumerge en una sumisión absoluta. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar para complacer a su Señora?

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Cuando me dirigía al baño me llamó.

En mi presencia me gusta que estes siempre desnudo. Acércate.

Me volví y me arrodillé junto a ella. Me dio su cigarrillo mientras me iba desnudando muy despacio. Ya desnudo me pidió su cigarrillo para seguir fumando.

Ponte de pie y acércate.

Estando de pie dio una calada a su cigarrillo a la vez que abría su boca dejando escapar el humo y envolviendo mi polla en él. Ver mi polla entre sus labios como desaparecía de mi vista por el humo me provocó una erección tremenda.

Me gusta como has respondido a mi acción.

Tomó con su mano mi polla e inició una masturbación moviendo la piel arriba y abajo de forma muy lenta. Mi polla estaba cada vez más erecta, dura y grande que hacía que el sube y baja de su mano me causara algo de dolor al cubrir la piel el anillo del glande. Ella. Se dio cuenta por la expresión de mi cara pero esto no le bastó, todo lo contrario.

¿Te gusta lo que hago?

Si, mucho.

Ella siguió. Ahora de forma más lenta y a la vez envolviéndolo todo con el humo que exhalaba de su boca. El dolor se agudizaba cada vez que su mano subía la piel de mi polla y superaba el anillo del glande.

Estoy muy excitado, Señora Sara. Me causa cada vez más dolor al intentar subir la piel y cubrir mi glande.

¿Y? A mi me da placer. Siento que a ti te produzca ese dolor. Para mi, tu dolor es mi placer. ¿Lo entiendes, Luis?

Por supuesto, mi Señora.

Mientras hablábamos seguía con la masturbación. Al cabo de un rato y con la piel cubriendo toda mi polla, la tomó con sus dedos estirándola y dejando un hueco para depositar en él la ceniza a modo de cenicero.

Ayyyyy…!

¿Ocurre algo?

Es que seguramente no estaba del todo apagada la ceniza y he sentido un poco su calor.

No me gusta escuchar tus quejidos. Es algo que me pone de muy mala leche. Has de pensar que todo lo que yo pueda hacer contigo es porque me apetece hacerlo y me satisface. Por eso tu deber es siempre complacerme y satisfacerme en todo.

Así lo haré, mi Señora.

Bien, toma la colilla. Puedes darle una calada, te lo permito.

Con su colilla en mi mano le di una calada. Mientras lo hacía puso su boca alrededor de mi polla y tras darle unos lametones con su lengua la apresó con sus dientes dejando su boca abierta para que pudiera yo ver lo que estaba haciendo. Movía sus dientes alrededor del glande y solo con verle mi excitación volvía a ir en aumento. Me miraba a la vez que clavaba sus dientes y me miraba sonriendo dándome a entender que era de su propiedad para hacer conmigo lo que le viniera en gana.

Me gusta el tamaño de tu polla. Ahora ve y prepárame el baño, pero antes sírveme un gym tonic.

Le serví su bebida y me dispuse a prepararle el baño. Estuve llenando la bañera añadiéndole sales perfumadas. Cuando estuvo preparada salí para avisarle.

Mi Señora Sara, el baño está preparado.

La encontré totalmente desnuda, fumándose un cigarrillo.

Bien, acompáñame.

Le di la mano y cogida de mi brazo fuimos hasta el baño. Con su otra mano sujetaba su copa. Al llegar le ayudé a sumergirse en la bañera colocando una almohadilla en la que reposar su cabeza. Verla allí sumergida por completo y fumándose el cigarrillo mientras sonreía al mirarme era un sueño para mi.

siéntate en el suelo junto a mi y pásame la copa.

Mientras daba un sorbo no dejaba de mirarla. Una bocanada de humo envolvió mi cara, aspirándolo por entero.

¿Té das cuenta como va a ser tu vida a partir de ahora? Una vida dedicada por entero a mi, a mi persona.

Observarla sumergida en la bañera, tomando un sorbo de su bebida y fumándose el cigarrillo. Era lo que siempre había soñado. Una reina servida por mi.

Frótame la espalda.

Tomé la esponja y comencé a pasarla por su espalda. Recorrer su piel, enjabonándole era todo un placer. Lo hacía estando arrodillado a los pies de la bañera. Después tomé una de sus manos para estirar su brazo y recorrerlo. De la misma manera hice con su otro brazo. Ahora no sabía que deseaba. Me detuve esperando sus indicaciones.

Frota mis piernas también.

Me desplacé de rodillas por el suelo para tomar en mis manos cada uno de sus pies y elevar sus piernas. Recorrer sus piernas despacio enjabonándolas era algo que no se describir con palabras. Cuando me acercaba a sus muslos hubiera deseado alcanzar su coño pero no me atreví.

¿Te gustaría enjabonar mi culo y mi coño?

Me quedé callado y sin saber que responder.

¿No lo sabes?

Por supuesto Señora Sara.

Pues hazlo ahora.

Me tomó mi mano y sumergiéndola en el agua entre sus piernas sentí el calor de su coño.

Frótalo de manera muy suave. En adelante te encargarás de mi higiene íntima.

Mi mano recorría sus pliegues. Al subir por el dio un respingo.

Perdone si le he hecho daño.

Por respuesta recibí un bofetón.

¡Imbécil!, no me has hecho daño. Todo lo contrario, sigue así.

Junté mis dedos para frotar mejor su coño. Me entretenía en su parte alta, separando sus labios y sintiendo su clítoris hinchado. Con la yema de mis dedos lo frotaba muy despacio presionando levemente. Yo mientras no quitaba la mirada de su cara. Sus ojos cerrados, su boca llena del humo de su cigarrillo emitiendo gemidos acompañados de lamidas de su lengua de sus labios.

Mas, Luis, más. Necesito más, no pares.

Sumergió de nuevo su mano libre del cigarrillo, atrapó la mía y marcó el ritmo que estaba deseando. Sus gemidos se hicieron intensos, largos y muy sonoros. En ese momento detuvo mi mano y sacó del agua la suya y la mía.

Basta, me has dejado muy satisfecha.

Para mi ha sido un placer el que me haya permitido satisfacerla.

Ese será a partir de ahora tu única misión, por encima de tu placer y tus deseos. Ahora ayúdame a salir del baño.

Me levanté y cogiéndola del brazo le ayudé a salir de la bañera. Contemplarla de pie y desnuda era todo un sueño. Contemplar su cuerpo, sus pechos y su mirada me hicieron excitarme nuevamente y descuidar mi atención.

¿A que estas esperando para secarme?

Un bofetón cruzó mi cara a la misma vez que me hizo volver a estar atento a ella.

Perdón, mi señora Sara.

Le ayudé a sentarse sobre la silleta del baño no sin antes cubrir su cuerpo con el albornoz blanco del hotel. Le ofrecí un cigarrillo y tomé una de las toallas para secar sus piernas y su cara. Mis manos recorrían uno a uno cada uno de los dedos de sus pies. Después la calce con las zapatillas de baño y la acompañé al salón donde se sentó.

¿Sabes pintar las uñas?

Nunca lo he hecho pero puedo intentarlo.

Bien, coge el esmalte que hay en mi neceser. Yo te enseñaré.

Sentado en el suelo seguí las instrucciones que me daba y pinté sus uñas. Al mirarlas me sonrió.

¿Y mi cenicero?

Perdone.

Estire una de mis manos para que depositara la ceniza en ella.

No, prefiero tu boca. Ofrécemela.

Me levanté y arrodillándome junto a ella, abrí mi boca esperando recibir la ceniza del cigarrillo. Esta vez y cuando iba a cerrar la boca hizo un carraspeo con su garganta para a continuación….

¿Te he dicho yo que cierres la boca? Tengo algo para ti.

Abrí la boca y ella se colocó sobre mi acercando la suya a la mía. Dio una calada a su cigarrillo y dejó caer un abundante escupitajo mezclado con el humo del cigarrillo.

¿Te gusta?

Era un escupitajo lleno de mucosidad verdusca, caliente y espeso. Lo tuve en mi boca hasta que me mandó tragarlo. Le gustaba ver su saliva en mi boca.

Puedes tragarlo ya.

Me costó trabajo tragarlo de una sola vez por lo espeso que era. Realmente estaba muy sabroso.

Bien, voy a tumbarme en la cama para que me des crema corporal.

Ya en el dormitorio se echó sobre la cama. Me pidió un cigarrillo y me dediqué a recorrer su cuerpo con mis manos de manera muy delicada e intensa.

Tiene usted un cuerpo precioso, mi Señora.

Gracias, Luis.

Mientras cubría su cuerpo con la crema me llamaba para que me arrodillara junto al cabecero y abriera la boca para ser usada como cenicero.

¡Luis, acerca tu boca a mi culo!, quiero recompensar lo bien que te has portado.

Me coloqué arrodillado entre sus piernas y aproxime mi cara a su culo pegando mi boca a su orificio anal. Pude comprobar cómo se contraía una y otra vez su ano hasta dejar escapar una sonora ventosidad que penetro totalmente en mi boca y en mis fosas nasales.

Espero te hayas sentido bien tratado por mi.

Mucho mi Señora.

El humo del tabaco envolvió el olor que había dejado su ventosidad. Nunca imaginé que llegaría a degustar una ventosidad con ese olor y que además me encantara su olor.

Límpiame bien.

Pasé mi lengua por entre sus glúteos deteniéndome en su ano que lamí con deseo y ansia.

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