Su fetiche le cambió la vida por completo (6)
Sara lo ha vestido, lo ha humillado y lo ha marcado con fuego. Pero la verdadera prueba no es el dolor, sino la vergüenza: cuando suenan a la puerta, Luis descubre que su sumisión acaba de convertirse en un espectáculo compartido.
Después del masaje la vestí con una bata de seda que dejaba entrever todo su cuerpo. La calcé con sus zapatillas y se sentó en el sofá. Estábamos uno al lado del otro aunque yo en el suelo junto a sus piernas. Ella pasó su mano por mi cabeza acariciando mi pelo.
Creo que vas a ser un buen sumiso. Tienes todo lo que siempre he deseado tener.
Gracias mi Señora Sara.
Deberíamos pedir algo para cenar. No me apetece salir.
Está bien. ¿Que le apetece tomar?
Pues para beber un vino blanco bien fresco y me apetece algo para picar.
Llamé al servicio de habitaciones para que subieran lo que me había dicho que le apetecía.
¿Tardarán mucho?
Unos quince o veinte minutos.
Entonces nos da tiempo. Ve al dormitorio y tráeme una bolsa negra que hay en el armario.
Mientras fumaba su cigarrillo me mandó colocar el contenido de la bolsa sobre la mesa, junto al sofá donde estaba. Me quedé sorprendido conforme iba colocando sobre la mesa todo el contenido de la bolsa. Había plug, látigos, collares, esposas, pinzas y todo lo que en mis sueños había visto y soñado.
Colócate a cuatro patas, como un el perrito que eres, has de acostumbrarte. Aún no se como está tu culito.
Así puesto colocó en sus manos unos guantes de látex e iniciaron un masaje anal con una sustancia que supuse era algo parecido a la vaselina. Tras el masaje sentí como se abría paso uno de sus dedos hasta penetrarme muy despacio una y otra vez hasta insertarlo por entero. Entraba y salía de mi ano muy despacio. Al cabo de un rato lo sacó y me lo ofreció.
Toma, quiero que beses lo que te da placer y va a hacer de ti el perro que siempre has deseado.
Acercó el guante de látex a mi boca mientras encendía otro cigarrillo. Pude ver su guante brillante de la vaselina con restos de la materia sólida de mi ano. Su olor era fuerte. Me costó mantener mi cara cerca del guante.
¿Me has oído, Luis?
Acerqué mi cara al guante y cerrando los ojos lo besé. No conforme, su mano se restregó por mi cara para después introducirlo en mi boca.
¡Abre la boca!
Lo estuve chupando hasta que lo retiró para volver a introducirlo en mi ano. Esta vez lo hizo de forma intensa y sin más preámbulos, moviéndolo dentro y fuera cada vez más rápido.
Tienes que tenerlo bien dilatado para lo que te espera.
No sabía a qué se refería. Lo extrajo, se lo quitó y cogió un plug anal de la mesa.
Vamos a ver qué tal lo tienes de preparado.
Lo colocó en la entrada y presionó hasta que estuvo alojado por completo dentro de mi culo.
Ahora vas a sentir algo distinto.
Tomó la perilla que tenía adosada al plug y unida por un tubito de goma y comenzó a presionarla una y otra vez sintiendo yo como iba aumentando su tamaño dentro de mi.
¿Que tal te sientes?
Yo no sabía que responder. Solo la miraba mientras reía a la vez que fumaba su cigarrillo.
-De está manera conseguiremos que tu culito esté preparado en cualquier momento para ser usado. Eso me encanta, ¿lo sabias?
No mi Señora.
La sensación era extraña. Ahora escuché como dejaba escapar el aire del plug haciendo que mi culo volviera a su estado anterior.
¡Mírame y abre la boca antes de que caiga la ceniza!
Llenó mi boca de la ceniza de su cigarrillo y me escupió en la cara restregando su saliva por toda ella.
Sigamos con el tratamiento.
Nuevamente el plug comenzó a hincharse. Movía mi culo queriendo que la sensación disminuyera. Lo único que obtuve fue un golpe con su zapatilla en mi culo.
¿Que haces? ¿Para que te mueves? ¿Te he dicho yo que lo hagas?
Dejé de moverme y el plug aumentó repentinamente su tamaño haciendo que mi culo estuviera abierto como nunca lo había estado.
Por favor, no siga. Se lo suplico mi Señora.
Esta vez no hubo el zapatillazo anterior. Me sorprendió su reacción. Sin embargo muy pronto iba a recibir mi castigo. No me iba a librar. Con una caricia de sus manos por mi espalda…
Lo siento cariño, tú lo has querido. Te quiero mucho.
Di un grito de dolor cuando aplastó su cigarrillo en mi culo. No se si fue solo la quemazón o lo inesperado de su acción.
Ya estás marcado como algo mío, Luis.
Tras presionar el cigarrillo sobre mi piel comprobó que aún no se había apagado por completo y uno tras otro fue separándolo de mi piel y volviéndolo a aplastar. Quedé echado en el suelo, con el plug penetrando mi ano y mi piel marcada por su cigarrillo.
No lo esperaba mi Señora Sara.
Así irás aprendiendo a no enfadarme. Has de estar en todo momento preparado y dispuesto para todo aquello que me pueda apetecer hacer con tu cuerpo.
Me mandó levantar y andar frente a ella exhibiendo mi rabito anal. Mientras me movía ella me piropeaba humillándome más y más. Cuando pasaba cerca de ella atrapaba con su mano la cola del rabo intentando tirar de él.
¿Por que te detienes? Acaso te lo dicho yo.
Es que……
En ese momento y cuando iba a contestarle me di cuenta lo que me había dicho. “Tu solo tienes que obedecerme”. Entonces intenté seguir moviéndome por la sala pero no podía ya que su mano agarraba con fuerza el rabo.
¡Muévete para mi!
Al echar hacia adelante el plug comenzó a querer salir de mi ano. Al estar muy hinchado costó que saliera.
Mas, mas, adelante.
El plug salió de mi culo de forma brusca produciéndome un dolor que junto a la quemadura se me hacía insoportable. Y así se lo manifesté.
¿Ya te estás quejando? Sabes bien que no me gusta que te quejes.
Perdón mi Señora Sara.
Ven aquí a mi lado.
Me arrodillé junto a ella recibiendo una suave caricia con su mano llevándola desde mi cabeza, por mi espalda y hasta llegar a mi culo donde uno de sus dedos con su uña frotó la marca que me había hecho. Todo esto, mientras su cara estaba frente a la mía y exhalaba el humo de su boca.
Sabes bien que me gustas mucho y como verás no ceso en darte lo que necesitas.
Su boca junto a la mía dejaba escapar el humo de forma lenta y muy sensual que yo trataba de tomar con mi boca. Su aliento era fuerte y me excitaba sentirlo tan cerca, lo cual provocó en mí una excitación brutal que ella, al darse cuenta, controló rascando con su uña la quemadura en mi culo de su cigarrillo.
Esta es la primera marca de muchas, cariño. ¡Levántate!
Volví a andar exhibiéndome para ella hasta que con un gesto me mandó postrarme a cuatro patas junto a ella en el suelo.
Me gustas más con tu rabito puesto. Te veo más como lo que eres para mi.
Tras hablarme volvió a introducir el plug en mi culo.
Creo que pronto podré usarlo como realmente a mi me gusta hacerlo.
Mientras me movía por la habitación se incorporó para tomar un pene con ventosa y lo fijó en el suelo, junto a ella.
¡Acércate a mi!
De espaldas a ella y ligeramente inclinado hacia adelante procedió a extraer el plug de mi culo sin molestarse en soltar antes el aire que lo hacía estar hinchado.
Están tocando a la puerta. Seguramente será el servicio de habitaciones.
Fui a abrir con mucha vergüenza ya que estando desnudo solo me permitió tapar mis genitales con un delantal pequeño de puntillas blanco.
Hazle pasar Luis y que lo dejé todo aquí.
Yo no me atrevía a girarme ya que mi culo estaba desnudo y la vergüenza era total.
Hola Roberto, pasa y déjalo todo aquí que ya lo pondremos nosotros. Por cierto, ¿a qué hora terminas tu turno?
Pues dentro de una hora Señora Sara.
Bien, si te apetece te invito a una copa aquí en mi habitación, como otras veces.
Aquí estaré, gracias.
Mi sorpresa fue total. Estaba invitando al mozo del hotel a tomar una copa con ella. Por sus palabras deduje que no era la primera vez que lo hacía.
Mi Señora, ¿le conoce?
Claro, ya sabes que soy clienta de este hotel y desde hace años nos conocemos y me ha servido para saciar mis necesidades sexuales.
Pero….. ahora me tiene usted a mi, mi Señora.
No pretenderás que los amigos míos los deje tirados. Entenderás que los amigos no solo esta para atenerte sino también para acordarte de ellos en momentos buenos como los que estoy viviendo desde que tu y yo nos conocemos.
¿Quiere decir que yo estaré presente cuando él venga?
Por supuesto. Y no solo estarás sino que has de estar dispuesto a todo lo que pueda desear tanto él como yo. Eres mío, me perteneces y siempre estarás a mi lado. Lo que a ti te parezca no me importa. ¿Lo entiendes?
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