Ese accidente que lo cambió todo (10)
La lluvia no fue un obstáculo, sino el telón de entrada para el destino. Cuando Marisa cruzó su puerta, Claudio supo que el silencio de años se rompería para siempre. Esta vez, no habría segundas oportunidades perdidas, solo la certeza de un amor que por fin se atreve a ser.
Capítulo 10
Caminé hasta la puerta, tomé la llave de la reja y el paraguas, abrí sin mirar, para encontrarme con una sorpresa que no esperaba, como en aquella noche lluviosa en La Plata, la llovizna mojaba la parte de su cabello que no cubría la capucha de su campera, que cayendo sobre un costado de su cabeza, la hacía más hermosa aún.
Parada detrás de la reja, con esa sonrisa que me había robado el corazón, Marisa me decía:
-Hola Claudio…
Con el corazón al galope, casi que no me salían las palabras, caminé rápido hacia la reja.
-Marisa… Qué sorpresa…
Me costó abrir la reja por los nervios que tenía, cuando pude, abrí la puerta y le dije:
-Pasá por favor!
La cubrí con el paraguas y caminamos para la puerta de la casa.
-Parece que la lluvia siempre está…
Y no pude evitar la sonrisa, abrigada con esa campera que le llegaba casi hasta las rodillas, entramos a casa, se giró y con una sonrisa, creo que nerviosa me dijo:
-No me aseguraban la hora de la entrega y… decidí traértelo en persona!
Estaba tan impresionado por tenerla delante que los nervios me traicionaban, pero si estaba parada frente a mí, aquí en mi casa, a kilómetros de la suya, en esa tarde lluviosa, en el día de mi cumpleaños, significaba algo…
-Marisa… acabás de hacer que mi cumpleaños sea el más feliz! De verdad que me has sorprendido…
-Necesité venir, necesitaba verte… pero… uff…! Estoy muy nerviosa…
-No creo que estés más nerviosa que yo! Pasá por favor, ¿querés sacarte la campera?
Ella misma la desprendió y se la sacó, la tomé y la puse en el respaldo de una silla.
-Sentate por favor!
Nos sentamos los dos en el sillón, la miré a los ojos y me dijo:
-Claudio… después de ese último almuerzo, lo que hablamos me hizo pensar y darme cuenta de muchas cosas…
Claramente estaba nerviosa, pero la dejaría hablar, luego hablaría yo.
-Esa vez te dije que en ese momento mi vida estaba un poco alterada, que había alguien pero que no estaba segura de lo que me estaba pasando, pero en este tiempo… entendí que el universo me estaba dando otra oportunidad, que me puso en el camino a una persona maravillosa, y que no fue una casualidad, prefiero pensar que fue el destino, que me tenía preparado otro camino, y en este tiempo me di cuenta de todo, y tomé la decisión que sentí que tenía que tomar, y por eso estoy aquí. No sé cómo pueda resultar, pero necesité hacerlo, jugarme por lo que me está pasando…
La escuchaba mirándola a los ojos y ya quería decirle mil cosas, pero quería dejarla terminar.
-Te juro que siento que el corazón se me va a salir del pecho… nunca en mi vida me sentí así…
Entonces decidí hablar también:
-Marisa… nunca sentí que fuera el momento de hacerlo, porque estabas casada y luego, dadas las circunstancias, no sentí oportuno hacerlo, pero desde que te conocí no me fuiste indiferente, y en cada encuentro me fui enamorando de vos como nunca creí que me volvería a enamorar.
En ese momento, con sus ojos clavados en los míos, un par de lágrimas rodaron por su mejilla
-Cuando supe de quien eras esposa no me lo pude bancar, vos preocupada por cómo iba tu matrimonio, y ese hombre haciendo todo lo que hacía, por eso te dije esa noche que no quería estar en esa fiesta, pensé una y mil veces que hacer, no me creí con derecho a meterme en tu matrimonio, pero no me podía quedar callado, y por eso lo hablé con Ester, que conociendo a Carlos, me dijo que mejor no quedara en medio. Y cuando supe que ya lo sabías todo, me sentí aliviado. Te juro por mi vida que en ningún momento puse por delante lo que yo sentía, buscando el fin de tu matrimonio, y por eso nunca te dije nada, ni siquiera luego de que te separaras de él.
Mis amigos saben de vos, siempre lo supieron, desde la misma noche del choque, y siempre supieron lo que siento… Ese día, en Mar de las Pampas, les saqué una foto a vos y a Ester, ¿te acordás?
-Sí, claro!
-Quería tener una foto tuya… y esa foto la vieron mis amigos, lógicamente… y por esa foto te reconocieron almorzando con un hombre en City Bell, y en ese momento pensé que… quizás… ya estabas divorciada o en camino de estarlo, y había alguien más, y luego vi la foto en tu Instagram en la playa que alguien había tomado y junto a vos había una sombrilla con dos reposeras y me dio por pensar que quizás estabas con ese hombre, por eso es que no creí que debía decirte nada. En ese último almuerzo, me tuve que morder la lengua para no decírtelo, te escuché y entendí que no era el momento… pero desde que te conozco no he podido dejar de pensar en vos… y sí… fue por vos que me quité la alianza…
-Ese hombre con el que me vieron tus amigos es mi abogado, el que llevó mi divorcio, y esa foto en la playa la sacó Ester, nos fuimos unos días a Mar de las Pampas.
-En ese momento me salió pensar eso… y por eso no dije nada… quizás haya sido un boludo por no decírtelo, pero sentí que no debía hacerlo…
-Claudio, ese día del almuerzo, al verte sin la alianza sentí algo que no había sentido nunca, en el momento no lo entendí, pero cuando llegué a casa luego del cumpleaños de Sofía, hablando con Ester, contándole del almuerzo y de nuestra conversación, me hizo una pregunta que me sorprendió, mirándome con cara de amor, porque eso fue lo que sentí, me dijo, ¿te estás enamorando de Claudio hija? Y la verdad es que fue un antes y un después de esa pregunta, rememoré cada encuentro, cada conversación y todo fue teniendo sentido. Esa noche en la ruta, con el miedo que sentí, en la primera persona que pensé fue en vos… no sé… analizando todo, creo que desde que te conozco siento que puedo confiar en vos, que puedo hablar con vos sin ningún temor, que me siento escuchada, respetada, que nunca me sentí incómoda, al contrario, hablar con vos siempre me hizo sentir bien, y en este tiempo… puedo decirte que lo que me tenía mal no fue ni siquiera el fracaso de mi matrimonio, sino el saberte lejos, por eso desde hace como un mes, sentí que tenía que hacerlo, tenía que dar el paso! Si bien la forma en que siempre me trataste, me consideraste y los gestos que tuviste conmigo me hacían pensar que quizás te pasaba algo conmigo, yo no estaba en un momento muy claro de mi vida, pero entendí que no quiero dejar pasar esto sin haberlo intentado, en mi corazón siento que este es el camino y es con vos con quien quiero recorrerlo.
-No puedo explicarte lo feliz que me hace escucharte decir esto… estás en mi corazón desde hace mucho tiempo… y por eso es que no he podido estar con ninguna otra mujer…
Sus lágrimas corrían por sus mejillas, con mis pulgares las sequé suavemente, y mirándola a los ojos, acerqué mi cara a la suya y le di un suave beso en los labios, acariciando delicadamente su cabeza, con mis dedos entre su cabello.
Un instante después sentí su mano acariciar mi mejilla, nos miramos a los ojos y nos volvimos a besar, esta vez fue más que un simple beso en los labios, nuestras bocas se encontraron en un beso cargado de sentimientos, sus dos manos tomaron mi cabeza y la acariciaron suavemente durante el beso y yo me sentí en el aire.
Nos volvimos a mirar, como para darnos cuenta de que en verdad estaba pasando y nos volvimos a besar, esta vez ya abrazados.
Luego de ese beso le pregunté:
-¿Hasta cuándo te quedás?
-No lo tenía pensado en verdad! No sabía que podía pasar…
-¿Viniste sola?
-No hubiera podido… Ester quedó en el hotel…
-¿Te podrás quedar a cenar conmigo?
-Nada me gustaría más! Pero le voy a avisar a Ester… debe estar ansiosa queriendo saber que pasó…
-Me imagino…
De su cartera tomó el teléfono y llamó a Ester, poniendo el altavoz:
-Hola hija…
-Hola mami!
-Qué bueno que me llamás…! Estaba esperando noticias…! ¿Cómo te fue tesoro?
-Estoy feliz mami!
-Que feliz me hace escuchar eso mi cielo! Yo sabía… Claudio es un sol mi vida… es un hombre de verdad mi tesoro… que feliz me siento! Te merecés esto hija!
-Te está escuchando mami, está en altavoz!
-Mejor si me escucha! Siempre pensé que él sería el hombre que te haría feliz mi tesoro…
-Hola Ester! ¿Cómo estás?
-Hola hijo! Que decirte… escuchando esto, más que feliz hijo! Y dejame decirte algo hija, nunca te lo dije, pero yo sabía que Claudio estaba enamorado de vos tesoro, lo supe en Mar de las Pampas, pero él mismo me lo confirmó cuando hablamos, pero no era yo quien tenía que decírtelo.
-Ya vas a ver! Con que tenías secretos conmigo…!
-No podía decirte nada hija… yo no…
-Tranquila Ester que ya se lo dije yo!
-Y no sabés cuanto me alegra!
-Mami, te llamaba para decirte que me quedo a cenar con Claudio!
-Está muy bien hija! Yo ceno en el restaurante del hotel y después me vengo a mirar televisión, vos hacé tranquila y mañana hablamos!
-¿Mañana?
-Claro hija… hacele caso a ese hermoso corazón tuyo… y no te preocupes por mí, que esta noche me duermo feliz!
-Te quiero mami!
-Yo también hija! Les mando un beso… mañana nos vemos!
Cortó la comunicación y me miró sonrojada, sin dudas Ester le estaba diciendo que pasara la noche conmigo.
-¿Mami?
-Sí… así lo siento… Ester siempre me decía hija y una noche después de cenar se lo pregunté, si podía decirle mami, porque así lo sentía. Me dio un abrazo tan lindo que me saltaron las lágrimas, desde que no tengo a mi mamá, ella ha sido mi madre…
-A la legua se ve lo que te quiere…
-Y yo a ella!
La volví a abrazar y le pregunté:
-¿Te gustaría cenar aquí o preferís que vayamos a algún restaurante?
-Preferiría quedarme aquí, así podemos hablar tranquilos…
-Perfecto! Entonces vas a conocer mis habilidades culinarias!
-Qué prometedor suena eso…
-Pero antes vení que quiero mostrarte la casa!
Me puse de pie, estiré mi mano para que la tomara, y ya los dos de pie, la abracé y la volví a besar.
-Como me gustan tus abrazos! Me siento tan bien cuando me abrazás…
-Tengo millones de abrazos para darte!
-Sos tan lindo…
Le enseñé toda la casa, mostrándole los dormitorios que estaban preparados para la llegada de mis amigos el sábado.
Luego fuimos a la cocina, y decidimos que cenar, según lo que había.
Me puse manos a la obra con la comida, la miraba y me parecía un sueño, no les diría nada a mis amigos, si Marisa se quedaba el fin de semana, los sorprendería.
Preparé unas verduras al horno con unas milanesas de pollo, nada especial, pero era lo que había sin tener que salir a hacer compras.
Cenamos con unas copas de vino, hablando de muchas cosas, pero en un momento le dije:
-¿El fin de semana te quedás?
-Podría solo hasta el domingo! Luego tendría que volver a La Plata…
No quería pensar en que se volviera a ir, ya quería tenerla a mi lado todo el tiempo, pero era consciente de que ella vivía allí y yo aquí, pero eso ya lo hablaríamos en algún momento.
Luego de cenar, entre los dos juntamos todo y con un café nos sentamos en el sillón, con Marisa apoyada en mi pecho, mientras la acariciaba suavemente.
A eso de las diez y media de la noche, Marisa me preguntó:
-¿Mañana tenés que trabajar?
-Así es! Esta semana no pudo venir Mario y tengo que estar en la obra mañana!
-Cuando quieras nos vamos a dormir!
-Supongo que estarás cansada del viaje, cuando quieras vamos!
Habiéndole mostrado la casa, tenía opción de no dormir conmigo y no iba a presionarla, tampoco tenía la urgencia de hacerlo, pero dormir a su lado sería la gloria.
De la mano hacia los dormitorios, me detuve en el pasillo, la abracé la besé y le dije:
-Podés elegir donde dormir…
-No tengo que elegir… nada me gustaría más que dormir con vos… despertarme y verte a mi lado…
-Me harías el hombre más feliz del mundo…
Nos volvimos a besar y de la mano la llevé para mi dormitorio, ya dentro, nos volvimos a besar y mentiría si dijera que no deseaba hacer el amor con ella, pero habiendo esperado tanto tiempo, podía esperar lo que hiciera falta.
-Puedo prestarte algo para que te pongas…
-No hace falta…
Volviéndonos a besar, fui desprendiendo lentamente los botones de su camisa y acariciando su hombro se la quité lentamente.
Ella hizo lo propio con mi remera y nos volvimos a abrazar, luego de otro beso le desprendí el pantalón y ella misma se lo bajó, sacándoselo junto con los zapatos, quedando tan solo con el conjunto blanco de ropa interior.
Luego fue el turno de mis pantalones, que a esta altura mi bóxer ya no podía ocultar mi erección.
Ya los dos tan solo en ropa interior, nos volvimos a abrazar y Marisa notó mi erección contra su cuerpo, mientras acariciaba mi espalda y yo la suya, llegando al broche de su corpiño, lo desprendí lentamente.
Deslice los breteles besando sus hombros y con un movimiento de sus brazos, se deshizo del corpiño, dejándome ver por primera vez sus hermosas tetas, de tamaño medio y con unos pezones que ya estaba endurecidos.
Así nos acostamos en mi cama, abrazados, besándonos y acariciándonos, recorriendo nuestros cuerpos con nuestras manos.
Mi mano fue a su entrepierna, encontrando la humedad en la tela, señal de su excitación. Me aventuré metiendo suavemente mi mano bajo la tela, tocando por primera vez su conchita, encontrándome con un bello recortado y ya mojado por sus fluidos.
Su mano también buscó mi erección bajo la tela del bóxer, mientras los besos eran cada vez más intensos.
Terminamos desnudándonos por completo, ya nuestros cuerpos estaba pegados, sintiéndonos piel con piel.
Besé y lamí sus erectos pezones, mientras mis dedos recorrían su conchita empapada, mi dedo mayor acarició su clítoris y me sorprendió ese primer orgasmo que la hizo temblar.
Me miró con lágrimas en los ojos y me dijo:
-Te amo mi cielo… haceme el amor… estoy desenado sentirte…
Apoyó su espalda en la cama y llevé mi cuerpo sobre el suyo, frotando mi erección en su pubis y sentí que debía decírselo:
-Mi amor, no tengo preservativos… no me esperaba esto…
-No hace falta mi vida… no estoy en días fértiles…
Y no me hice esperar, ubiqué mi glande en su entrada y lentamente la fui penetrando mientras nos besábamos, luego de tanto tiempo sin tener relaciones, y estar en su interior, sabía que no iba a durar mucho, pero quería aguantar hasta que llegara su orgasmo.
No estoy demasiado dotado, quizás unos centímetros más que la media y tampoco es tan gruesa, pero fui con cuidado, entrando y saliendo de ella delicadamente, lentamente, hasta que mi cuerpo se pegó al suyo, sintiendo como me abrazaba presionando mi espalda con sus brazos.
Las embestidas fueron lentas pero continuas haciendo que unos minutos después tuviera un orgasmo entre gemidos que le hizo temblar las piernas.
Yo ya estaba por acabar y se lo dije, abrazándome con más fuerza aún, eyaculé en su interior entre besos.
-Cómo te amo Marisa Sánchez Lima! Estoy feliz de tenerte a mi lado!
-Yo también te amo mi amor!
Nos seguimos besando entre caricias, sentía que estaba para seguir, en un momento volvería a tener una erección, pero Marisa me dijo:
-Esto es solo el principio… pero ahora tenés que dormir, mañana trabajás!
-No me importa ir a trabajar sin dormir!
Y entre besos y caricias que fueron aumentando en intensidad, volvimos a empezar, haciendo el amor hasta casi la una de la mañana.
No podía sentirme más pleno, Marisa fue la que primero que se durmió, con su cabeza apoyada en mi pecho, mientras le acariciaba la espalda.
Cuando abrí los ojos estaba solo en la cama, aún era de noche, pasé por el baño y al salir la vi venir de la cocina, con una remera mía que apenas le tapaba el culo y con una bandeja con el mate, unas tostadas y algo de fruta cortada.
-Buenos días mi amor! Quería despertarte con el desayuno en la cama, pero me ganaste de mano!
-Hola mi cielo! No importa! Nos volvemos a la cama!
Volvimos al dormitorio y desayunamos sentados en la cama, luego me fui a dar un baño, ya eran las siete y me tenía que ir a trabajar.
Al salir del baño, me dijo:
-Me voy también! Salgo con vos!
-Tranquila! Es muy temprano aún! Quedate y después te vas a buscar a Ester y se vienen las dos!
-No quiero invadirte!
-Estoy deseando que me invadas! Te voy a dejar un juego de llaves, para que salgas y entres cuando quieras!
Irme a trabajar despidiéndome de ella con un hermoso beso en la puerta de casa fue hermoso.
Cerca del mediodía, me mandó un mensaje:
-Mi amor, estoy en el hotel con mami, ¿seguro querés que vayamos a tu casa?
-Claro que sí! Dejen el hotel y nos vemos en casa, llego a eso de las cuatro de la tarde!
-Un beso amor, nos vemos en un rato!
Ese día le dije a Marcos y a Rafael que me tenía que ir un rato antes, pero que el sábado en la noche los esperaba en casa.
De camino a casa, compré una cama, un colchón y una almohada, para armar otro dormitorio en el ambiente vacío para Ester, si se quedaban hasta el domingo, necesitaba un dormitorio más.
Al llegar a casa, abrí la reja en el momento en que Marisa abría la puerta de casa, para recibirme con esa sonrisa que adoro, colgarse de mi cuello y darme un hermoso beso.
Bajé la cama y el colchón y los llevé a la habitación, cuando volví saludé a Ester con un abrazo.
-Hola Ester! Qué gusto me da verte!
Y tomándome la cara con ambas manos, me miró a los ojos y me dijo:
-Hola hijo! No sabés lo feliz que estoy por ustedes!
-Yo también Ester! Y no sabés cuanto!
Tomamos unos mates los tres, luego fuimos con Marisa a hacer unas compras para el día siguiente, y esa noche a pesar del frio que hacía, decidimos salir los tres a cenar.
Antes de irnos dejé armada la habitación de Ester, Marisa le colocó las sábanas y la frazada mientras le conectaba una lámpara de noche sobre una pequeña mesa y encendía la estufa.
Al volver, nos despedimos de Ester y nos fuimos a nuestra habitación, donde entre besos y caricias nos fuimos desnudando y ya acostados nos volvimos a hacer el amor, esta vez por más tiempo, conociéndonos, descubriendo nuestro placer poco a poco, pero disfrutándonos a pleno.
El sábado en la mañana cuando desperté, Marisa aún dormía desnuda a mi lado y me quedé viéndola por un buen rato, hasta que abrió sus ojos, me sonrió y nos besamos dándonos los buenos días.
Nos duchamos juntos y cuando fuimos para la cocina, Ester nos tenía el desayuno preparado.
En un par de horas llegarían mis amigos y ya quería ver sus caras de sorpresa al ver a Marisa en casa.
Para el almuerzo, había pensado en unos canelones y desde hacía unos días los tenía en el freezer, Ester se ofreció a preparar la salsa y aunque le insistí, la terminó haciendo.
A las doce y diez escuché el timbre, eran ellos, sin dudas eran ellos, por la forma insistente de tocar, le pedí a Marisa que se quedara un momento en la cocina, que los recibiría y luego se los presentaría.
Le di un beso en los labios y me dijo:
-Estoy un poco nerviosa…
-Tranquila… son un montón de locos lindos! Ya vuelvo!
Abrí la puerta y el primero en saludarme fue Pablo:
-Feliz cumpleaños Clau! Qué gusto verte!
-Muchas gracias! Gracias por estar acá!
Luego fue el turno de Miriam, que también me abrazó y me felicitó. Malena y Franco con su “hola tío” que tanto me gusta, también me saludaron con un beso y un abrazo, entregándome una bolsa con mi regalo.
Gabriel también me abrazó diciéndome:
-Feliz cumpleaños amigo! Te quiero mucho!
-Gracias Gabi! Sabés que yo también!
Paula me abrazó también, y con Sofía en sus brazos me entregaron el otro regalo.
Entramos a casa, miraban sin poder creer que viviera en una casa tan grande, ya en el estar y antes de abrir los regalos, les dije:
El jueves me hicieron un regalo hermoso! Esperen aquí que ya lo traigo.
Fui a la cocina, Ester tenía esa sonrisa que ya conozco y Marisa sonreía nerviosa.
Le di un beso, la abracé y tomándola con mi brazo por los hombros caminamos al estar.
La cara de mis amigos fue un poema, para hacer un cuadro, hubiera querido grabar ese momento, y la primera en hablar fue Paula:
-Marisa… Que sorpresa!
Gabriel dijo:
-Guau Clau! Que regalo, querido!
Y Miriam agregó:
-Por fin te conocemos! Este pibe no ha dejado de hablar de vos!
Entonces les dije:
-Amigos los voy a presentar! Ustedes ya la conocen, pero Marisa solo conoce a Pablo, y sabe de ustedes solo por lo que le he contado!
Sin dejar de abrazarla, le dije:
-Marisa! Él es Gabriel, su esposa Paula y la pequeña Sofía! Miriam es la esposa de Pablo y ellos son Malena y Franco!
-Me da mucho gusto conocerlos, Claudio me ha hablado mucho de ustedes, sé por él que son su familia y sé lo que los quiere… realmente es un gusto conocerlos!
Se saludaron con un abrazo, diciéndole que estaban felices por verla allí, mientras se saludaban, fui a la cocina y volví con Ester.
Luego de que terminaran de saludarse, les dije:
-Chicos! Ella es Ester! Aunque no es la mamá de Marisa… es su mamá!
Mientras mis amigos saludaban a Ester, volví a abrazar a Marisa y les dije:
-Amigos… ustedes lo supieron siempre… que decirles… estoy feliz… tengo aquí a todas las personas importantes de mi vida! Y sí… que Marisa esté acá, me hace el hombre más feliz del mundo!
No me lo esperaba y en el momento en que me dio un beso en los labios, mis amigos aplaudieron.
Rápidamente Paula y Miriam acapararon a Marisa, mientras Ester y yo terminábamos de alistar la mesa para el almuerzo.
Qué decir, que en esa mesa estuvieran las personas más importantes de mi vida, era la pura verdad.
El almuerzo fue un almuerzo de familia, y el asado de la noche, junto con los compañeros de trabajo, y el almuerzo del domingo, ¿qué más podía pedir? Mis amigos integraron a Marisa como si se conocieran de toda la vida, esa noche, ya en la cama, luego de hacernos el amor en voz baja, mientras la besaba, con su cabeza apoyada en mi pecho le dije:
-Gracias por estar en mi vida… le agradezco al universo que te haya puesto en mi camino, vos ya sabés lo que significó Pilar en mi vida, y en algún momento creí que no podría volver a enamorarme, pero apareciste y supe que la vida me daba otra posibilidad de ser feliz… y así me siento… te amo Marisa! Con el alma!
-Mi amor… quizás suene raro… pero le agradezco a Dios el haberte chocado esa noche… no fue una manera muy ortodoxa de conocernos, pero lo agradeceré siempre… hoy te puedo decir que estoy donde quiero estar, con la persona con la que quiero compartir mi vida… Te amo mi cielo…
*
Pilar había sido lo mejor de mi vida, pero por un capricho del destino y de ese maldito cáncer, se fue de mi lado en nuestro mejor momento, pero el universo me estaba dando una nueva oportunidad y haré todo lo que esté a mi alcance para hacer que Marisa sea la mujer más feliz del mundo, y eso… eso me hará sentir a mí, el hombre más feliz del mundo.
Por momentos me da por pensar que algo ha tenido que ver Pilar en toda esta historia, haciendo que Marisa apareciera en mi vida para que pueda volver a ser feliz, y esa será mi meta.
Fin.
Epílogo
Es sábado cinco de octubre, son casi las doce de la noche, estamos saliendo del estadio de River Plate, acabamos de disfrutar del show de Paul McCartney, tomados de la mano caminamos entre el mar de gente que lo hace en todas direcciones.
Mi camioneta está a unas cuantas cuadras, tenemos hambre y decidimos buscar un lugar para comer algo, para luego irnos al hotel donde pasaremos la noche, y al día siguiente, volveremos a La Plata para comer un asado en casa de Gabriel y Paula.
Ester se quedó a dormir esa noche en casa de su hija, la pasaremos a buscar antes de ir a casa de Gabi, y estamos seguros de que este almuerzo será diferente de tantos otros que hemos tenido.
*
Luego de ese primer fin de semana de Marisa en mi casa de Mar del Plata, comenzó nuestra relación, que lleva ya un año y tres meses de felicidad para ambos.
Ese mes de julio del dos mil veintitrés, fue un punto de inflexión en nuestras vidas, luego de que Marisa se volviera con Ester a La Plata, ya deseaba que llegara el fin de semana siguiente, donde yo sería el que viajaría.
Así lo pensamos, un fin de semana iba yo a La Plata y el siguiente venía Marisa a Mar del Plata.
Los días de la semana se me hacían largos, deseando que llegara el viernes, cuando yo viajaba, Marisa y Ester me esperaban el viernes con la cena, y yo hacía lo propio.
Aprovechábamos cada momento, incluso Ester nos dejaba solos por horas para que pudiéramos hacer el amor sin reparos, en mi casa o en la suya.
Cuando no estábamos juntos, hablábamos todo el tiempo, llamadas, mensajes y videollamadas por la tarde noche, cuando ya estábamos los dos en casa, que solían durar horas, incluso sin cortar mientras ella se daba un baño, viéndola desnuda mientras seguíamos conversando.
En el mes de agosto, Marisa vendría ese fin de semana, pero cuando hablamos por teléfono el jueves, me dijo:
-Mi amor, este fin de semana me tocaba ir, pero estoy complicada, tengo algo que hacer el sábado…
-No hay problema corazón, voy yo!
-Sos más lindo!
-Es que con lo que te extraño no me bancaría una semana sin verte!
-Ay mi cielo! Yo tampoco! Perdón, pero estoy complicada…
-No pasa nada! El viernes a la noche estoy ahí!
Así quedamos, el viernes al salir del trabajo, con mi bolso ya en la camioneta, me fui directamente para La Plata.
Llegué a las nueve menos cuarto, Marisa abrió la puerta y se colgó de mi cuello para besarnos, el olor a carne al horno me llegó desde la cocina, de donde apareció Ester, para darme un abrazo y un beso en la mejilla.
Marisa me tomó de la mano y me llevó al estar, nos sentamos en el sillón, la notaba nerviosa pero con una sonrisa, algo tenía para decirme.
-Mi amor, te lo iba a decir después de cenar, pero no me aguanto! Vení mami!
-Soy todo oídos!
Ester vino desde la cocina y se sentó en el sillón individual, también con una sonrisa, por lo que imaginé que era algo bueno.
-Mi cielo… te amo tanto que no me aguanto tantos días sin verte, las semanas se me hacen muy largas, te necesita cada día! Y por eso necesité que vinieras…
Me tomó las manos y mirándome a los ojos, volvió a hablar.
-Lo único que me ata a La Plata es mi mami, pero el lunes por la noche, luego de cenar, hablamos y me dijo que si yo decidiera irme a Mar del Plata, ella se vendría conmigo, así que ya lo decidí, quiero vivir esto a pleno, quiero vivir mi vida con vos cada día, por eso ya hablé con las chicas por el tema de la clínica, ayer puse en venta esta casa en una inmobiliaria, y Ester le deja su casa a su hija, puedo ser odontóloga acá o en Mar del Plata, sé que te gusta mucho vivir allí y a mí también me gusta la ciudad, te necesito a mi lado Claudio Esteban García Borré... me hacen tanta falta tus abrazos…
Mientras me decía eso no pude dejar de emocionarme, esa mujer de la que estaba enamorado dejaba todo para venir a vivir conmigo, se me salieron las lágrimas y abrazándola le dije:
-Cuanto te amo mi vida… el jueves hablé con Mario para preguntarle si me podía volver a trabajar a La Plata, tampoco me bancaba tantos días sin verte…
-Quiero compartir con vos cada día, quiero despertar cada mañana a tu lado, y hacerte el hombre más feliz del mundo…
-Ya lo hacés…
Nos volvimos a abrazar y a besar, luego me puse de pie y me acerqué a Ester para darle también un abrazo a ella.
-Gracias Ester!
-Gracias a vos hijo! Ver así de feliz a Marisita es lo más importante para mí!
Ya sentados a la mesa, durante la cena me contó que al día siguiente por la mañana, se reuniría con una odontóloga amiga, que también había estudiado con ellas, pero que había estado fuera del país por varios años, había vuelto y ocuparía su lugar en la clínica.
La clínica la habían montado las tres socias, y ese encuentro era para ponerse de acuerdo en el monto de la parte de Marisa, aunque me dijo que le permitiría pagarle ese dinero en cuotas.
Ya tomada la decisión, le dije que se viniera ya, pero se mudaría el fin de semana próximo, el sábado doce de agosto.
Por supuesto me volví a Mar del Plata ese domingo totalmente ilusionado, nuestra relación daba otro paso y viviríamos juntos todo el tiempo, nada me hacía más feliz.
Ya viviendo juntos en casa, con Ester por supuesto, comenzamos a buscar algún local donde Marisa pudiera montar su consultorio, aunque con mi salario podíamos vivir cómodamente, ella quería trabaje y claramente la apoyaría en eso y en cualquier otra cosa que deseara hacer.
Fue a mediados de septiembre que encontramos un lugar en el que ya había funcionado un consultorio, pero de un kinesiólogo, con entrada desde la calle, una sala de espera, con lugar para un escritorio de recepción, un amplio consultorio, baño y otro ambiente que hacía las veces de office y sala de descanso, Marisa me dijo que para arrancar estaba perfecto y antes de fin de mes, ya lo habíamos alquilado e instalado todos los muebles, su estación de trabajo con mesadas y zonas de esterilización y Marisa lo había decorado a su gusto, estaba feliz y yo junto con ella.
Su casa de La Plata se vendió en el mes de noviembre, por lo que tuvimos que viajar para firmar todos los papeles de la transferencia y la escritura, y de paso ver a nuestros amigos, ya que tanto Marisa como Ester, ya formaban parte del grupo, incluso en el de whatsapp.
Para las fiestas, como tanto me gustaba, pasamos la navidad en La Plata con mis amigos, comprando esta vez con Marisa, todos los regalos, y mi regalo para ella fue una bicicleta, ropa y el casco, desde hacía un tiempo me decía que quería salir a pedalear conmigo, y por supuesto un libro.
El fin de año, lo pasamos los tres en Mar del Plata, cenando un asado en casa y brindando en la costa para recibir el dos mil veinticuatro.
En la empresa tenía vacaciones en la segunda quincena de enero y Marisa que poco a poco tenía más pacientes en su consultorio, no dio turnos para esos días, estábamos pensando en hacer algún viaje, quizás a alguna playa de Brasil o a Punta del Este, aunque no queríamos dejar sola a Ester tantos días, pero fue comentárselo y casi que nos exigió que nos fuéramos, que ella se quedaría descansando esos días.
Fue en enero que comenzamos a pedalear juntos, los primeros días trayectos cortos, pero en cada salida, hacíamos un trecho más y yo estaba encantado.
Finalmente nos fuimos diez días a Punta del Este en la camioneta, y fueron unos días maravillosos, de playa, paseos, cenas, y pasión, mucha pasión, creo que nos liberamos y en verdad la pasamos muy, pero muy bien.
En esas vacaciones, nuestra sexualidad se incrementó exponencialmente, hicimos el amor todos los días incluso algunos de ellos, dos veces. También hicimos algunas pequeñas locuras, parecíamos dos adolescentes haciendo travesuras, como meternos al mar los dos desnudos una noche luego de cenar, tocarnos en algunos lugares, raros digamos, como una madrugada en un bar, otra volviendo al hotel y hasta hicimos el amor en la camioneta en el camino de regreso.
Marisa siempre me decía que no tuviera reparos en hablarle de Pilar y de lo que habíamos vivido juntos, me decía que a pesar del desenlace, había sido un buen momento de mi vida, incluso ella misma compró un portarretratos y puso una foto de Pilar y mía, donde ambos sonreíamos.
Al igual que lo hacía con Pilar, nos gustaba leer juntos compartiendo un libro, y cada día más, pedalear juntos.
En el mes de febrero, decidimos hablar con la inmobiliaria para saber si teníamos alguna chance de comprar la casa en que vivíamos, a los dos nos gustaba mucho, Marisa tenía el dinero de la venta de su casa en la Plata y yo tenía aún el otro departamento de Buenos Aires, heredado de mis padres.
La mujer de la inmobiliaria nos dijo lo que valía la casa y le dijimos de hablar con los dueños, un matrimonio de gente mayor, al que le ofreceríamos comprarles la casa.
Los dueños aceptaron y en el mes de marzo, entregué mi departamento de Buenos Aires y el resto lo completamos con el dinero de Marisa, por lo que ya éramos dueños de la casa, y además nos quedaba como reserva mi casa de Gonnet, Marisa me hizo pensar que si en algún momento decidíamos volver a La Plata, tendríamos lugar donde vivir.
Nuestra relación es excelente, Marisa es una mujer maravillosa que me demuestra su amor a cada momento, con cada gesto, con cada detalle, siempre está pendiente de mí y de mis cosas y yo trato de corresponder a ese amor y a esa dedicación todo el tiempo.
Aunque no hubo pedido formal o ceremonia especial, luego de una cena en un restaurante muy lindo, a finales de mayo, la miré a los ojos y le pregunté:
-Mi amor, quería preguntarte algo…
-Sí corazón! Lo que quieras!
-Sabés lo que te amo y quizás no haga falta, pero… ¿Te casarías conmigo?
Su sonrisa nerviosa, su mirada clavada en la mía y sus lágrimas a punto de salir, ya me habían contestado.
-Por supuesto mi amor! Nada me haría más feliz que ser tu esposa…
Me puse de pie, me acerqué a ella y nos besamos allí mismo, delante de todo el mundo, nada nos importó.
Al llegar a casa Ester ya dormía, por lo que se lo contamos al día siguiente.
*
En uno de nuestros viajes a La Plata, en esa oportunidad para el cumpleaños de Malena, llegamos ese sábado cerca del mediodía, no habíamos tenido tiempo de comprarle el regalo en Mar del Plata y antes de ir al cumpleaños, fuimos al centro comercial, ese donde nos habíamos encontrado una vez.
Lo recorrimos recordando ese encuentro y luego de comprar el regalo, nos sentamos a tomar un café, justamente, en la misma mesa de aquella vez.
El cumpleaños era a las tres de la tarde en una casa de fiestas infantiles, donde estaría la familia de Pablo, la de Gabriel por supuesto y los compañeros y compañeras de Malena, luego nos iríamos a casa de Pablo y cenaríamos allí.
Nos tomamos un café con un tostado y una porción de torta, a manera de almuerzo, y a eso de las dos de la tarde, pagué la consumición y salimos del lugar.
Íbamos bajando por la escalera mecánica, cuando me dio ganas de ir al baño, el mate en la ruta había hecho su efecto y me hacía pis.
Se lo dije a Marisa y me dijo que me esperaba en la planta baja, viendo las vidrieras.
Volví a subir y entré al baño, estaba en el mingitorio, sin prestar atención a lo que ocurría en el baño, cuando alguien dijo mi nombre.
-Claudio!
Al levantar la vista, ese hombre que salía de uno de los cubículos en dirección a los lavabos, no era otro que Eugenio.
-Eugenio! Qué casualidad!
-¿Cómo estás Claudio? No volviste a las cenas de los viernes!
-Es que estoy viviendo en Mar del Plata! Me mudé hace tiempo!
-Mirá! No sabía nada! Carlos no me comentó nada…
-Estuve un tiempo trabajando allá, luego volví a La Plata y un par de meses después, me fui definitivamente! ¿Vos todo bien?
-Sí! Por suerte! Con mi esposa tomando un café… ¿Has hablado con Carlos?
-No, hace tiempo, tan solo nos saludamos por mensaje para fin de año…
-Se divorció, ¿sabías?
-No, no sabía nada!
-Sí…, la mujer lo pescó en sus agachadas y lo dejó! Bueno… cosas que pasan… desde ahí, nos cuidamos un poco más… me entendés…
-Sí claro!
-Y encima, Fabiana, su secretaria, ¿te acordás?
Para no parecer un boludo, y que siguiera hablando, le dije:
-Sí, claro! Cómo para olvidarse con lo buena que está…
-El novio los enganchó entrando al departamento ese y cuando salieron, se armó flor de quilombo, a la mina le dijo de todo a los gritos, y cuando Carlos quiso decir algo, la ligó también, le dio flor de paliza, tanto que terminó internado con dos costillas rotas, la cara toda hinchada y varios dientes menos…
-No me digas!
-Tal cual! Así que ahora tiene otra secretaría, pero por ahora no cayó…
-Será cuestión de tiempo…
-Seguramente! Bueno Claudio, un gusto verte! Qué sigas bien!
-Igualmente Eugenio!
Nos despedimos con un apretón de manos y bajé las escaleras con una sonrisa, se lo tenía merecido el pelotudo.
Llegué junto a Marisa, la tomé de la mano y salimos del centro comercial, de camino a la camioneta le conté la conversación con Eugenio, a lo que Marisa me respondió, “qué se joda por hijo de puta”.
*
Acabamos de salir del hotel, vamos camino a La Plata, pasaremos a buscar a Ester para ir a casa de Gabriel, hoy será un día especial para todos, pero principalmente para nosotros dos.
Llegamos a la casa de nuestro amigo y nos saludamos como siempre, con abrazos y besos, el asado estaba casi listo y como desde hacía un tiempo, las chicas se juntaban a cuchichear, “cosas de mujeres”.
El asado estuvo espectacular como siempre, y en la sobremesa, Marisa me miró con una sonrisa, el momento había llegado.
-Chicos por favor, un momento de silencio!
Todos me miraron con una sonrisa, debajo de la remera azul, tenía otra remera que habíamos hecho estampar para la ocasión y en ella decía:
“A preparar trajes y vestidos largos!
Hay casorio!
Están todos invitados!
Será el 8 de noviembre!”
Todos aplaudieron y se estaban levantando para saludarnos, cuando les dije:
-Momento! Momento! Esto no termina acá!
En ese momento miré a Marisa que comenzó a desabrochar los botones de su camisa, debajo también tenía una remera blanca, con la imagen de un bebé que tenía un globo de diálogo, como en las historietas, que decía:
“Hola Abuela!
Hola Tíos!
Hola Primitos!”
La cara de todos fue para enmarcar, y ahora sí, la algarabía y las lágrimas inundaron la reunión, abrazos, besos, felicitaciones, nadie lo sabía, ni siquiera Ester, a ella también queríamos sorprenderla y vaya si la sorprendimos, hasta las lágrimas.
En esas vacaciones de verano en Punta del Este hablamos por primera vez sobre tener un hijo, sabía desde que la había conocido, que Marisa deseaba ser madre, y en mi caso, la enfermedad de Pilar había truncado mi deseo de ser padre.
Cuando volvimos de Uruguay, lo hablamos seriamente y decidimos que Marisa se quitaría el DIU en el mes de julio, al cumplirse un año de estar juntos.
También hablamos sobre lo que haríamos si se presentaban dificultades para lograr el embarazo, haríamos estudios, tratamientos o lo que hiciera falta, y si a pesar de eso no lo conseguíamos, decidimos ir por la adopción.
Pero no fue necesario, Marisa tuvo su primera falta en septiembre, pero decidimos esperar unos días para hacer la prueba, pero un par de semanas después, amaneció con nauseas y decidimos comprar el test.
Teníamos planeado el viaje a Buenos Aires para el show en River Plate desde hacía un par de meses, y luego el encuentro con los amigos.
Fue ese sábado veintiocho de septiembre, que al despertarnos por la mañana, Marisa se fue al baño con el test, antes de que entrara, la abracé, nos besamos y nos dijimos cuanto nos amamos.
Un momento después, salió con el test en la mano y a los pocos segundos, las dos rayitas se dibujaron, como se dibujó la felicidad en nuestros corazones, no podíamos parar de llorar, abrazados, besándonos y diciéndonos cuanto nos amamos.
Cuando nos pudimos tranquilizar, faltando tan solo una semana para encontrarnos con los amigos, pensamos en darles la noticia ese domingo en persona.
Nos costó mucho ocultárselo a Ester, pero era tan solo por unos días, esa misma noche, hablamos de cómo sería ese momento de decírselos a todos, y a Marisa se le ocurrió la idea de las remeras.
Esa misma tarde se ocupó de encargar el estampado con lo que decidimos poner, que estarían para el viernes, una remera para mí anunciando el casamiento y otra para ella por el embarazo.
*
Quiso el destino darnos una nueva oportunidad, aunque por diferentes motivos, nuestras vidas estaban teñidas de gris, pero ahora se nos pinta de los colores más hermosos cada día, no tengo dudas de que Marisa será una excelente madre y aunque tiene apenas unos meses de embarazo, ya empezamos a hablar del segundo hijo.
Pero bueno… eso lo veremos dentro de un tiempo…
lolalp.
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