Campus Cornudo PARTE 3 (Cap. 36)
Edu le envía el video. Al reproducirlo, el narrador comprende que la degradación de su esposa no es un secreto, sino un espectáculo al que él está condenado a asistir. La realidad supera cualquier fantasía oscura cuando la mujer que ama se entrega sin reservas a la violencia sexual de extraños.
NOTA DEL AUTOR:
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CAPÍTULO 36
Dos días después, mi confidente, volvió a contactar conmigo.
[+66 622 55 12 23] 21:12 Hola cornudo, ¿en serio quieres entrar?
[Yo] 21:15 Sí.
[+66 622 55 12 23] 21:15 Tal vez no te guste lo que encuentres.
[Yo] 21:15 Da igual, pásame el link.
[+66 622 55 12 23] 21:16 De acuerdo, tú lo has querido.
[+66 622 55 12 23] 21:18 Usuario: marido_lyscisca
[+66 622 55 12 23] 21:18 Clave de acceso: soy_cornudo
Inmediatamente accedí al enlace anterior e introduje los datos indicados. La pantalla cambió y apareció la imagen de Laura, posando al estilo “La maja desnuda” como si el mismísimo Goya la hubiera retratado. Y, sobreimpreso en la imagen el nombre Lyscisca con letras vistosas.
A continuación, se mostraba una lista de enlaces con un título y una fecha; en el primero ponía “insignia hotwife” y la fecha coincidía con el día en que folló por primera vez con José. Pulsé sobre el enlace.
Al iniciarse el video, apareció una panorámica del mar centelleante bajo el sol. Lo reconocí inmediatamente, era una vista de la bahía del Campus Cornudo tomada desde el montículo de la cruz. Pronto la cámara enfocó una plataforma sobre el mar y con el zoom de un teleobjetivo se acercó hasta enfocar a Laura y a José. Estaban bailando sobre la plataforma.
Todo sucedió tal y como lo recordaba, juegos entre las olas, José desnuda a Laura, un primer contacto bajo el mar para, poco después, salir corriendo hacía las celdas. Cuando la pareja desapareció detrás de los bungalows la imagen se trasladó al interior de la celda enfocando la enorme cama.
El vídeo estaba claramente editado ya que me mostró la primera infidelidad consentida de Laura desde múltiplos ángulos. Aquella celda tenía instaladas como mínimo cinco cámaras y, dos más al otro lado del espejo, ya que, en más de una escena, aparecí yo con lágrimas en los ojos.
Revivir aquella experiencia y verla desde otros ángulos mostrando a Laura como si fuera una actriz porno, fue muy penoso, pero, aun así, mi polla se puso dura y empecé una lenta y humillante masturbación.
Masturbación que tuve que interrumpir precipitadamente porque Laura apareció de sopetón al despacho.
–¿Vienes a cenar? – dijo cariñosamente.
–Sí, ahora voy – respondí con el corazón acelerado. Cerré todas las ventanas y me reuní con Laura en la mesa. Aquella noche estuvo más afectuosa de lo habitual, comimos e hicimos el amor. Pero mientras la penetraba, no podía quitarme de la cabeza las imágenes que acababa de visionar.
* * * * *
Al día siguiente me excusé para no ir a trabajar y dediqué el día a la desagradable tarea de descargar todos los videos y guardar copias de las páginas y enlaces. Mi objetivo era archivar toda aquella documentación por si algún día era necesaria y no quería depender de un usuario y una clave de acceso que cualquier día dejara de funcionar.
Una vez completada la tarea, repasé por encima la lista de vídeos. Había cuatro vídeos ordenados por fecha; el primero correspondía al de su estreno con José cuando ganó la insignia de hotwife; el segundo correspondía al de su desvirgación anal y el tercero, naturalmente, era el de la graduación.
Cuando abrí el cuarto video, me sorprendió ver que correspondía al improvisado polvo de la playa cuando, ya fuera del Campus, Laura folló con un desconocido. El hecho de que apareciera también ese video implicaba que el encuentro no solo no había sido improvisado sino, más bien, todo lo contrario; había sido cuidadosamente planificado y grabado. Además, el montaje dejaba en evidencia que se habían destinado al video muchos recursos ya que las escenas estaban capturadas con dos cámaras de largo alcance, una situada detrás de las rocas y la otra desde el mar en alguna embarcación cercana.
Al terminar de verificar todos los vídeos me decepcionó no encontrar la doble penetración de la cabaña de José. Tal vez era el vídeo que más me interesaba ver porque, aparte de ser el único polvo de Laura que no había vivido en persona, también tenía justificadas dudas sobre si Washington fue, realmente, el tercer miembro del trio.
Pero supongo que las cabañas de los machos alfa no están equipadas con cámaras ocultas y nunca voy a poder dilucidar la verdad.
Sin tiempo para procesar todo lo que había visto, mi teléfono se encendió con un mensaje entrante.
[+66 622 55 12 23] 11:23 ¿Te ha gustado cornudo? Porque tengo más.
[Yo] 11:23 ¿Quién eres?
[+66 622 55 12 23] 11:23 Ya lo sabes.
¿Ya lo sé? ¿Lo conozco? Y de repente un nombre vino a mi mente. ¡Joder, no podía ser!
[Yo] 11:25 ¿Edu?
[+66 622 55 12 23] 11:25 Claro que soy Edu. Y como puedes comprobar, no sirve de nada bloquearme.
[Yo] 11:25 ¡Cabrón! ¡Vete a la mierda!
[+66 622 55 12 23] 11:26 Yo de ti no sería tan ofensivo con el amo de tu mujer.
[Yo] 11:26 ¿¿??
[+66 622 55 12 23] 11:26 Laura es mi puta personal.
[Yo] 11:27 ¡Hijo de puta! ¡Vete a la mierda! Voy a bloquearte.
[+66 622 55 12 23] 11:28 Como quieras, pero entonces no vas a poder ver los vídeos que no se publican en el book.
[Yo] 11:28 ¿¿??
[+66 622 55 12 23] 11:28… Enviando vídeo…
[+66 622 55 12 23] 11:35 Que lo disfrutes cornudo.
Tras siete interminables minutos llegó el video que Edu me acababa de enviar y lo abrí sin pensármelo.
Apareció Laura, desnuda, de pie frente a la cámara; sin duda era la continuación del video de presentación del book de Lyscisca, el mismo en el que se presentaba dando todos sus datos personales.
–Acompáñame–, dijo entonces la voz, y Laura lo siguió sin rechistar. La cámara, situada delante de Laura filmaba sus pasos hasta entrar en una habitación minúscula. En ella había una cama muy corta, seguro que Laura no podría tumbarse en ella, pero en el extremo que tocaba la pared había un orificio suficientemente grande como para pasar el cuerpo.
Laura se sentó en la cama, introdujo las piernas por el orificio y desde el otro lado de la pared, una chica le agarró de las piernas, las levantó y las ató con unas cintas en la pared.
La mitad superior del cuerpo de Laura quedó tumbado sobre la camilla a un lado de la pared, mientras que la mitad inferior, con su coño completamente abierto y expuesto, colgaba atado al otro lado. Era como un glory hole pero con el tamaño de una persona en lugar del tamaño de una polla.
De nuevo en el interior de la habitación, otra chica ató las manos de Laura sobre la camilla dejándola completamente inmovilizada.
–¿Estás preparada? – dijo la voz.
–Si te portas bien tendrás tu premio. – añadió misteriosamente.
La imagen volvió a cambiar y enfocó lo que parecía ser el acceso a un local de striptease. En la parte superior, un luminoso con el texto “zorras casadas”, debajo del mismo una ventanilla con una mujer mayor vendiendo entradas y junto a ella, las fotos de diez chicas completamente desnudas. Una de ellas era Laura.
Escrito sobre el cristal, con un rotulador rojo y letra grande, ponía: “Novedad, Lyscisca, 30€”.
Entonces, al otro lado de la ventanilla se formó una cola de varios hombres y uno tras otro fueron pagando para acceder al local.
La imagen volvió a enfocar el interior del local. Estaba oscuro y podía verse diversas chicas expuestas, algunas a la altura de la boca y otras a la altura de la cintura; algunas exponiendo su coño y otras el culo.
A medida que el local se llenaba de hombres, estos, se paseaban entre las chicas y las manoseaban sin contemplaciones.
La cámara se acercó a una de las chicas a la cual identifiqué inmediatamente porque sobre su húmedo coño, colgado en la pared, había un retrato de Laura con la cara sonriente.
Pronto, un tipo gordo, mal afeitado y completamente desaliñado se situó delante del coño de Laura.
Sin delicadeza ninguna le metió un dedo en el coño que, sorprendentemente, estaba muy húmedo. Laura, reaccionó al contacto con un escalofrió y un ligero gemido de placer.
–Ummmmmm
Entonces, en pantalla apareció una ventana en la parte inferior que mostraba la cara de Laura tomada desde el interior, mientras que en la imagen general la enfocaba desde el exterior. Se podía ver, pues, la misma escena desde dos puntos distintos a la vez.
Después de meter varios dedos en el coño de Laura, aquel desecho humano se arrodilló y le chupó el coño con avidez y, para mi desesperación, parecía que aquello le agradaba.
–Ummmmmm – suspiró Laura.
No estuvo mucho tiempo comiéndole el coño, básicamente porque ese hombre estaba allí para satisfacer sus más bajos instintos y dar placer a mi esposa no era uno de ellos. Se incorporó y esta vez le metió tres dedos a la vez arrancándole un nuevo suspiro.
–Ohhhhhh Ummmmmm.
Aceleró la masturbación y añadió otro dedo para, poco después, meter el quinto. Ya con los cinco dedos dentro del coño de Laura empezó a masturbarla rítmicamente, pero a media que sacaba y metía los dedos, cada vez lo hacía con más profundidad hasta que la mano entera se perdió dentro del coño de Laura.
–¡AHHHHHHHH! – chilló Laura que ya no pudo contenerse más.
Percibiendo el placer que le estaba provocando a Laura, aquel asqueroso putero aceleró el ritmo y estuvo a punto de arrancarle a Laura su primer orgasmo.
–¡AHHHHH!!!! ¡SIIIIIIII!!! ¡AHHHHH!!!! Que bueno, ¡SIIIIIIII!!!
Pero antes de que Laura alcanzara el clímax, el cabrón se alejó y buscó a otra mujer a la que atormentar.
Laura se retorcía buscando el pequeño contacto que le hacía falta para terminar su orgasmo, pero con las manos atadas le era imposible.
No tardó en aparecer en escena otro hombre, esta vez se trataba de un joven alto, delgaducho con aspecto enfermizo que apenas situarse frente el coño de Laura, se bajó los pantalones y le metió a Laura una polla acorde a su constitución: larga y delgada.
Laura reaccionó inmediatamente e intentaba acompañar los movimientos del joven con el objetivo de obtener el máximo rozamiento, pero el joven iba a lo suyo.
¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop!
Los golpes de cadera del chico contra el pubis de Laura eran irregulares. Parecía un conejo follando y Laura apenas pudo disfrutar porque en cuestión de segundos empezó a correrse copiosamente dentro de su coño. Cuando sacó su polla de su interior, varios chorretones de semen cayeron al suelo.
Ya había atendido a dos clientes, pero Laura continuaba sin alcanzar su anhelado orgasmo de modo que cuando un hombre robusto y con una polla muy gorda se la metió de una estocada, Laura pareció enloquecer.
–¡AHHHHHH!!!!
Era un tipo feo, rudo, con tatuajes mal hechos en los antebrazos, pero muy fuerte. Agarró a Laura por la cintura y empezó a follársela con una violencia inusitada.
¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop!
La velocidad con que daba los golpes de cadera era enorme y la fuerza con la que chocaban los cuerpos era atronador.
–¡AHHHHHH!!!! DIOOOOS – maldijo Laura.
Mientras aquella bestia humana percutía el coño de Laura, ahora ya completamente encharcado, podía ver en su rostro como disfrutaba.
Respiraba aceleradamente, boqueaba y, desesperadamente, intentaba alcanzar su orgasmo, pero sin poderse ayudar de los dedos no lograba finalizar.
¡chof! ¡chof! ¡chof! ¡chof! ¡chof!
Parecía imposible pero los golpes de cadera cada vez eran más rápidos y profundos.
¡chof! ¡chof! ¡chof!
–¡AHHHHHH!!!! – chillaba Laura.
–¡MÁSSSS!!!! ¡MÁSSSS!!!!
Hasta que finalmente, Laura escupió un chorro de squirt por su coño que empaño la cámara dejando un par de goterones marcados. Sorprendido por esa inesperada eyaculación femenina, el hombre se apartó ligeramente y con la mano se masturbó hasta que se corrió llenando el pubis de Laura con semen.
Al finalizar aquel orgasmo, la chica del principio volvió a aparecer en escena para desatarle las piernas y las manos de Laura, ordenarle que se pusiera boca abajo y volver a atarla, pero, esta vez, dejando su culo al alcance de todos.
Una vez Laura estuvo de nuevo fijada para que no pudiera moverse, la chica agarró su firme culo, masajeó sus deliciosos glúteos carnosos y tras untar sus dedos en vaselina se los metió dentro.
–Ohhhhhh – se sorprendió Laura.
–¿Te gusta, eh, puta? ¿Te gusta que te follen el culo, zorra? – dijo la voz.
–Sí, ummmmmm – respondió Laura.
Asombrosamente volvió a aparecer en escena el gordo y repugnante tipo del principio. Se bajó los pantalones mostrando unos calzoncillos grandes y sucios y sin quitárselos, sacó su polla y apuntó al culo de Laura.
Si ella supiera que clase de tipo estaba a punto de reventarle el culo seguro que vomitaría de asco, pero ojos que no ven corazón que no siente.
–¡AHHHHHH!!!! – gritó cuando aquella polla cabezona se metió en su esfínter.
–¡Para, para, para! –gritó ella intentando detenerlo, pero inmovilizada como estaba no podía hacer nada.
–¡Y una mierda voy a parar! ¡Puta!, con la pasta que he pagado por ti te voy a follar el culo hasta que se me caiga la polla a trozos – vociferó aquel orangután peludo.
–¡AHHHHHH!!!! – volvió a chillar Laura cuando de un empujón le metieron la polla hasta los huevos.
Y sin ninguna consideración ese cerdo empezó a follarse a Laura sin compasión. Su polla era exageradamente cabezona, no era muy larga, ni gorda, pero la punta era tan cabezona que, a cada penetración, se bloqueaba en el anillo anal.
–¡Ahhhhhh!!! ¡DIOSSSS!!!! ¡QUE GORDA!!!!
–¡Ahhhhhh!!! ¡¡Me corrroooo!! ¡Ohhhhhh!! ¡SI! ¡SI! ¡SI! ¡SI!!!!
Y Laura volvió a correrse estrepitosamente dejándome anonadado. Después de todo aquel sin sentido y, atónito, me di cuenta de que no sólo estaba excitado, sino que me estaba masturbando sin ser consciente de ello.
Y cuando aquel degenerado se corrió en el culo de Laura yo también me corrí prácticamente desvaneciéndome sobre el suelo. Además, cuando el cerdo intentó sacar su polla descubrió que era incapaz de retirarla porque su prepucio era tan gordo que había quedado encallado dentro del culo de Laura. Intentó sacarla infructuosamente un par de veces hasta que desistió y aún con la polla dentro, esperó a que le bajara la erección.
Durante ese tiempo, Laura quedó inerte sobre la cama con los ojos cerrados y respirando con dificultad. Pero, súbitamente Laura lanzó un chillido desgarrador.
Al otro lado de la pared, un gigante de 2 metros le había metido su pollón en el culo.
¡plop! ¡plop! ¡plop! ¡plop!
–Quiero correrme en su boca– exigió el gigante.
Eso obligó a la chica volver a entrar en escena. Diligentemente, desató a Laura de piernas y manos, la hizo girar sobre sí misma y boca arriba la volvió a amarrar. Esta vez, por el agujero sobresalía la cabeza de Laura ligeramente caída hacía atrás.
Con la boca de Laura a la altura de su polla, el gigante se acercó e intentó metérsela. Pero era muy gorda y apenas podía entrar sin desencajarle la mandíbula. Aun así, empujó con fuerza.
Los ojos de Laura se abrieron de par en par cuando aquel monstruoso pollón se metió en su garganta. Ya con la polla dentro, el gigante empezó a follarle la boca sin ninguna piedad e ignorando los claros síntomas de ahogamiento. La escena era tan extrema que tuve que dejar de masturbarme porque el corazón se me encogió en un puño.
Por suerte, aquel tormento duró poco y antes de que Laura se atragantara con aquella barbaridad, el gigante se corrió echándoselo todo directamente al estómago. Cuando ese monstruo sacó su polla, de la boca de Laura salió un chorreón de semen y babas que la obligaron a toser y boquear desesperadamente para recuperar el aire.
El vídeo se terminó y me dejó tan impresionado que me quedé cinco minutos mirando la pared sin ver, sin sentir, como si fuera un fantasma, inerte e inanimado. No salía de mi asombro.
Ese vídeo me demostraba que el proceso de emputecimiento de Laura estaba mucho más avanzado de lo que creía posible. No sólo se prostituía en el cortijo de Cáceres, sino que, también, se había convertido en una puta barata que acepta ser denigrada sin quejarse. Y lo que más me atormentaba es que ella parecía disfrutarlo.
Pero ¿de quién era la voz en off? Claramente había sido distorsionada ya que era demasiado profunda para ser real. En algún matiz y por la forma de entonar algunas palabras, me recordó la voz de Edu, pero no podía estar seguro.
Lo que sí tengo claro es que Edu es un cerdo mezquino y estaba emputeciendo a mi querida Laura sin que yo pudiera impedirlo.
* * * * *
Esa misma noche, cuando la recogí en la oficina, me dio dos besos y se limitó a decir que estaba muy cansada.
“¡No me extraña! “, pensé. “Y tan cansada. Si todos los días son como el del vídeo, lo extraño no es que estés cansada”. Y ahora que pensaba en ello, me percaté que nuestro ritmo de sexo había decaído sustancialmente las últimas dos semanas.
Al llegar a casa se fue directa a la ducha. “Eso es, límpiate bien, ¡guarra!” pensé con un creciente resentimiento.
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