Romina, camino a la perversión 04
Sofía no solo tiene el control de la casa, sino de tu cuerpo y tu vergüenza. Desde la entrada, bajo la mirada de los vecinos, te somete a una humillación que no termina en la puerta, sino en la cama de tu padre, atado y a tu merced. ¿Estás lista para ser la basura que te exige?
Estábamos en la entrada de casa, yo deshecha, mojada y pegajosa, con mis ropas sucias, desacomodadas, chorreando orina. Sofía en cambio estaba perfecta, elegante, impecable a la distancia, aunque olía de forma tan asquerosa como yo. Mantenía el control. Sin duda había más de un vecino viendo, seguro no se habían perdido detalle de ver cómo me había sometido y humillado en el auto, la esposa de mi papá... mi mamá. Noté que ella observó con expresión perversa el entorno. Me condujo hasta la entrada, con una férrea mano en mi nuca, dejando un rastro mojado en el piso. Al llegar me empujó con fuerza hasta aplastarme contra la puerta, dando un sonoro golpe, luego con la otra mano levantó mi falda y se dedicó un rato a manosear mi culo y morder mi cuello, mis orejas, dejando que todo los vecinos vieran que me dominaba, me sometía, abusaba de mí y yo me dejaba, lanzaba gemidos escandalosos y pedía más, sabiendo que todos se estaban dando cuenta lo puta de mierda que era, esperando con ansias que se dieran cuenta, que nos vieran, que se masturbaran como putos degenerados. Antes de darme cuenta me tenía una vez más al borde de un nuevo orgasmo. La puerta se abrió y casi caí al suelo, pero alguien dentro de casa me sostuvo, poniendo sus manos en mis caderas. Mi rostro quedó aplastado contra un gran pecho. Por un instante creí que era papá, que estaba ahí para rescatarme, para darse cuenta que su mujer me había convertido en su juguete sexual, que su hija no era más que una simple puta cerda. Un torbellino de terror, angustia y excitación bestial se apoderó de mí. Mis piernas ya no pudieron sostener mi cuerpo y me derrumbe en esos brazos, en ese cuerpo ancho que apestaba a sudor y aunque mi mente se incendiaba caótica tratando de asociarlo con el de mi papá, no podía conseguirlo. Fueron segundos o siglos, pero finalmente levanté mis ojos hasta cruzarme con los de un hombre que no era mi papá, un hombre que no era del todo desconocido para mí. Era alto, desgarbado, con sobrepeso. Unos ralos cabellos canosos, desordenados y húmedos caían en su cabeza, dándole un aspecto de ruina desagradable. Era mayor, quizás 60 y aun en ese estado, demostraba autoridad. Era el jefe de mi papá.
Una de sus manazas sostuvo mi cabeza, metiendo sus dedos rechonchos entre mi cabello mojado de orina y corridas de Sofía y me atrajo hasta su boca asquerosa. Me besó de forma lujuriosa y sucia, sus babas y su lengua inundaron mi boca. Su vientre abultado presionaba contra mi cuerpo demasiado pequeño a su lado. Presa del terror y un completo desasosiego, mis manos se aferraron a su cuerpo. Estaba desnudo y notaba su polla pequeña, no del todo dura frotarse contra mi cuerpo. Detrás mío Sofía me apretaba contra ese hombre. Esa mujer me sometía, me dominaba a un nivel tal que mi cuerpo actuaba solo entregándome a ese viejo asqueroso, sin siquiera ordenármelo.
Sofía había tomado una de mis manos y me hacía masturbar su polla, que de entrada noté que era pequeña, blanda y que estaba pegajosa. Al manosearla un intenso olor asqueroso comenzó a emanar de ella. Luego susurró en mis oídos.
-Este es el jefe de tu papá, supongo que ya lo habías recordado. Ahora sabés el secreto. Soy su puta, su perra, su pedazo de carne y ahora tú también lo serás – Dijo jadeando, pegando sus tetas a mi espalda, mientras ese viejo movía su cuerpo haciendo que su pequeña polla blanda se sacuda más en mi mano, sin parar de babosear mi boca y pegotear mi cuerpo con su sudor apestoso. Estaba logrando de una manera bestial que mi cuerpo se derrita por el morbo. – Sabes qué me gusta de él? Que es un puto degenerado enfermo, un viejo asqueroso sin límites y hace conmigo cualquier asquerosidad que le pase por la mente. Conmigo… con tu papá y ahora contigo. – Siguió susurrando en mi oído. Segundos después el viejo se estremeció un poco y comenzó a correrse en mi mano, lanzando varios chorros de leche espesa y pegajosa, embarrándome sus mocos en mi mano, mis caderas y muslos, gimiendo en mi boca como un animal. Seguí masturbándolo y él disfrutando, sin dejar de babear sobre mi cara, en mi boca, hasta que sentí un chorro caliente saliendo de su diminuta polla ahora del todo ablandada, me estaba meando, me estaban meando encima una vez mas.
-Aghhh que rica pendeja. Llevala a la habitación que ahora quiero disfrutar del espectáculo, Pero no le hagas nada, entendiste basura? no quiero que la toques hasta que yo te diga – Dijo el viejo dándole una bofetada tan sorpresiva como brutal a Sofía, que casi cayó de espaldas, apartándose de mí. Quedé aterrada, en medio de ambos, llevando mis manos a mi boca por el miedo, solo para darme cuenta que me acababa de embarrar el rostro con semen y orina de ese viejo. Sofía, incorporándose con una expresión de lujuria perversa miró fijo al viejo y paso su lengua por el labio que acababa de ser lastimado por la bofetada. Sangraba.
- Si señor, eso haré – dijo en medio de un gemido de placer. Entonces me tomó del cabello y me llevó casi a la rastra a la habitación que compartía con mi papá, Mientras yo recorría con ansias mis labios con mi lengua, notando el semen y la orina que los empapaba y el viejo se dirigía a la cocina de nuestra casa como si fuera de él, sintiéndose dueño de todo.
Justo antes de entrar Sofía me pegó a su cuerpo, recorriendo el mío con sus manos. Me beso y chupo mi boca con gusto, quizás adivinando lo que yo tenía allí pegoteado. Fuí conciente que estaba desobedeciendo al viejo.
-Hoy te enterarás de muchas cosas bebé. Nunca te preguntaste cuál es mi trabajo? Ahora lo sabes, soy la puta del jefe de tu papá. Y si crees que tu papá no lo sabe, déjame decirte que no solo lo sabe, le encanta, porque ama ser un puto cornudo.- abrió la puerta y ahí estaba mi papá, desnudo, atado a la cama, con sus brazos a la cabecera, sus ojos vendados y una bola en su boca, impidiendo que pudiera hablar. Estaba todo mojado, pegajoso, olía fuerte a semen. Todo su cuerpo estaba cubierto de semen, sin duda de él mismo y del viejo, de su jefe.
Mi mente ya era un despojo inerte, incapaz de reaccionar de otra manera que no sea puramente física, sexual, depravada. Mis ojos no pudieron apartarse de la descomunal erección palpitante de mi papá. A diferencia del viejo asqueroso, su polla era preciosa, enorme, gorda, dura. Era un sueño que jamás hubiera imaginado. había visto cientos, miles de imágenes y videos porno, pero esa polla que tenía frente a mi era la mejor de todas.
-Viste que grande que es ese monstruo que tiene tu papá entre las piernas? Mide como 25 cm, lo medí yo misma, varias veces y no te das una idea la cantidad de leche rica que larga... – Me dijo Sofía viendo mi reacción, notando mi boca abierta, babeante y como si lo adivinara me dijo: - Pero mi vida es el jefe de tu papá, su polla diminuta, sucia, asquerosa, ese viejo es tan jodidamente cerdo que me vuelve loca, una basura de persona, un auténtico hijo de puta, un depravado sín límites… pero resulta que mi debilidad son ese tipo de personas. Y me parece que tu, bebé, eres igual. – Dijo tirando de mi cabello con fuerza hasta hacerme arrodillar, aturdida, sin dejar de mirar la enorme polla de papá, que sin duda estaba escuchando todo.
-Si mamá, soy una puta cerda de mierda, soy una basura asquerosa, soy tu puta y la de ese viejo – dije sin pensar, dijo mi boca sin que mi mente pudiera ordenarle nada. Ya no había vuelta atrás para mí. Me acababa de correr como una guarra adicta a ser humillada solo de haber podido pensar un instante en lo que estaba pasando en ese momento en mi casa, en mi vida. Acababa de tener un delicioso orgasmo a menos de un metro de mi papá sometido, bañado en esperma aun tibio y pegajoso del amante de esa mujer perversa que era Sofía, mi dueña, mi ama.
Mi papa hacia sonidos, pero no de miedo, no de sufrimiento, estaba gimiendo, caliente. Lo miré y se movía, movía su pelvis arriba y abajo, como penetrando a una fantasmagórica mujer, como penetrándome a mi, su amada hija, su hija perra, puta, pajera, sometida y humillada a placer. Su polla latía, chorreaba sobre su vientre. La cama estaba empapada, olía fuerte a sexo, olía a orina, olía a paraíso de lujuria.
Sofía estaba a mi lado, imponente, quitándose la ropa con una mezcla de elegancia y desesperación. Me miraba como a un perro de la calle, miraba a mi papá con desprecio.
-La verdad es que ya estaba aburrida de ese cornudo de mierda, me cansé de disimular, ahora lo que quiero es un buen espectáculo, necesito morbo, depravación, necesito ver si eres la cerda asquerosa que necesito. Sorpréndeme! – me dijo Sofía pateándome sin ni siquiera mirarme.
Me levanté del piso, convertida en su marioneta… como un zombie. Subí a la cama quitándome la ropa, pero sin la elegancia de Sofía, lo hice como una loca, torpe pero salvaje, arrancándome las prendas, lastimando mi piel con cada desgarrón, babeando, con mi coño palpitando con fuerza, chorreando. Mi clítoris asomába más que nunca, erecto, tan ansioso que el simple roce del aire me hacía lanzar gemidos como un animal en celo. Me monté sobre el cuerpo desnudo de mi padre, chupándolo, lamiendo los chorretones de semen que tenía por todas partes, su sudor, la humedad de la orina que le había dado sin duda el viejo asqueroso que acababa de aparecer en la puerta y abrazar a Sofía. Iba a pasar mi boca por la polla enorme, hinchada y hermosa de papá, pero me contuve, quería dar un verdadero espectáculo, quería demostrar que podía ser la basura de mierda inmunda que pedía Sofía, mi nueva mamá. Me giré sobre el cuerpo de papá, dejando mi coño sobre su boca, mi culo sobre su nariz. Recordé que aún tenía la bola tapando su boca, estiré una de mis manos para arrancarla, lo hice de forma salvaje, lastimándolo. Segundos después, cerrando mis ojos, enfrentada a Sofía y al viejo que miraban casi con indiferencia, comencé a cagar sobre la cara de mi papá, con un placer tan intenso que casi me desmayé, sobre la polla monstruosa de papá que empezaba a lanzar chorros y chorros de leche a mi cara de éxtasis.
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